Un cazador, cargando su escopeta. Foto: Diego Juste.

La contaminación del campo, asignatura pendiente de los cazadores

Utilizan cartuchos con tacos de plástico que quedan esparcidos años y años en la naturaleza, cuando ya existe una alternativa de munición biodegradable.
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A raíz de la Ley de Bienestar animal, uno de los sectores que han sido más beligerantes contra el Gobierno ha sido el de la caza. A pesar de que los perros utilizados para la actividad cinegética han quedado excluidos de la Ley, todavía siguen erre que erre con la cantinela de que los actuales gobernantes han maltratado al mundo rural por estar en contra de la caza. De todos los ministros, solo la vicepresidenta Ribera ha sido la única que se ha mostrado abiertamente en contra. En cambio, el ministro de Agricultura del que depende esta actividad nunca se ha opuesto a este colectivo.

Es más, ha apoyado con numerosas iniciativas y subvenciones a fundaciones como por ejemplo Artemisan con la finalidad de investigar y mejorar algunas especies cinegéticas.

Si he comenzado así con estas letras es que como cazador desde los 15 años -tengo 68- siempre he pensado que hemos sido muy poco autocríticos. Y que tenemos la “piel muy fina” cuando recibimos opiniones en contra y somos propensos a protestar de una manera airada y demasiado radical.

Si he empezado de esta forma este artículo es porque con cualquier cazador que te encuentras, sea conocido o no, e intercambias unas palabras, lo que primero sale a colación es lo malísimo que es este Gobierno con el mundo rural y, en especial, con la caza. Da la impresión de que el Gobierno anterior del Partido Popular se volcó con los cazadores, cuando en realidad no hizo nada destacable. Es más, siempre percibo una orea con un tufo insoportable. Es como si ese cazador ya sea humilde o haya pisado moqueta de pequeño comiese en otra mesa y fuese el único que conoce el campo.

Y siempre se nos llena la boca con ese eslogan tan manido de que somos los primeros y mejores ecologistas. Y no es cierto.

Así contaminamos

El otoño y el invierno pasados han sido excepcionales en cuanto a la entrada masiva de zorzales a España, provenientes del centro y norte de Europa. Hacía mucho tiempo que no se veían tantos zorzales comunes, alirrojos, reales, y charlos- este último no emigra-. De manera que los cazadores han disparado tiros como nunca.

Desde que madrugaba hasta que anochecía con un descanso a mediodía, los campos era un tronar de miles y miles de detonaciones. Me contaba un amigo que hubo alguien que dejó al perro rendido de tanto cobrar estos pájaros para el dueño, una vez abatidos o heridos.

Los pueblos que cuentan con enebrales y sabinares, cuyas bayas son devoradas por estas aves, han vendido el zorzal a los aficionados a esta modalidad y han conseguido unos buenos euros.

Y, entonces, ¿cómo contaminamos? Pues muy sencillo: con los cartuchos que disparamos. Para los no entendidos les comento que un cartucho se compone de una vaina, un pistón que es el que enciende la pólvora cuando lo pica la aguja percusora del arma y un taco de plástico que es donde van los plomillos que son los que abaten la pieza.

Según la ley, todo cazador está obligado a recoger las vainas, un acto que de unos años a esta parte sí realiza la mayoría o los ayudantes en el caso de los ojeos elitistas de perdices, por poner un ejemplo. Sin embargo, miles y miles de tacos de plástico se quedan en el campo sin ser recogidos. Cuando se realiza el disparo la vaina se queda en la recámara de la escopeta y el taco de plástico impulsado por la pólvora sale junto con los plomillos, pero al pesar menos que estos cae al suelo a unos 25 ó 30 metros. De tal forma que quedan esparcidos y algunos escondidos a nuestros ojos miles de tacos sin que se recojan.

El lugar se convierte en una siembra descomunal de plástico que nunca se sabe cuándo se degradará. Quizás nunca.

Seamos sinceros. Lo de contaminar con el plástico no parece haber preocupado nunca a los cazadores. Y eso que se puede evitar.

Cartuchos biodegradables

Desde hace unos años la empresa española BioAmmo fabrica los primeros cartuchos del mundo biodegradables y biocompostables para la caza y el tiro deportivo.

El materia bioplástico creado a partir de residuos 100% de origen vegetal que, una vez fermentados, dan lugar a polímeros que se transforman y adquieren las mismas características físicas y mecánicas del plástico procedente del petróleo.

Así que estos cartuchos -vainas y tacos- se degradan por acción bacteriana entre 6 y 18 meses y vuelven a la naturaleza en forma de biomasa, con lo que los microorganismos, hongos y algas procesan todo el material haciéndolo desaparecer por completo.

Pues bien, por ninguno de los pocos sitios, puestos, desde los que se han disparado a los zorzales he visto este tipo de cartucho- casi siempre se queda alguna vaina para comprobarlo- que, por cierto, solo es un poquito más caro que el convencional.

Y la última novedad de este fabricante es que también comercializa cartuchos con perdigones- así se denominan en el mundo de lacaza- que no son ni de plomo ni de acero, y que no contaminan, aunque quizás pierdan un poco de eficacia con respecto al cartucho de toda la vida.

Con respecto a los tacos biodegradables existen ya más fabricantes que los ofrecen a la cartuchería. No obstante siguen siendo una minoría con respecto a los cartuchos que se disparan año tras año en España.

La conclusión es muy sencilla: si no hay más fabricantes preocupados por el medio ambiente será porque el cazador nunca lo ha considerado importante para su actividad. O que nunca ha reparado en que ese deporte que practica contamina.

Obviamente no me refiero a este tipo de cazador que dispara 10 tiros contados por temporada. Son los ojeos de perdices y la caza del zorzal y la paloma torcaz donde tiembla el monte y se ensucia.

Inventos para cazar más y mejor

Sin embargo, la evolución de los “trastos” utilizados para la caza, en especial para las especies de caza mayor ha sido impresionante en este último siglo. Potentes visores capaces de medir la distancia a la que se encuentra la pieza que se combina con la munición utilizada para así no fallar. Munición metálica más sofisticada con puntas cada día más demoledoras; cartuchos magnum que utilizan más carga para llegar más lejos, utilizados por escopetas recamaradas magnum. Son solo unos pocos ejemplos de la sofisticación que han alcanzado los instrumentos al servicio del cazador. Eso sí, algunos prohibitivos para el más humilde.

Si algún cazador de los que utilizan cartuchos ecológicos, pues se venden en numerosas armerías, lee estas líneas que no se sienta aludido claro está y felicidades de mi parte.

Confieso que nunca los he utilizado. Claro que cada año que pasa disparo menos cartuchos. La temporada pasada cinco o seis.

Foto: Un cazador, cargando su escopeta. Foto: Diego Juste.

Palabras clavecazacontaminación

1 comment

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  2. Eduardo Moyano Estrada 26 julio, 2023 at 18:27

    Buen y necesario artículo sobre la caza, centrándote en aspectos que no se comentan. Es un problema éste de la contaminación por los cartuchos que podría solucionarse si las federaciones de caza se lo toman en serio. Enhorabuena. Un abrazo

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