Una oficina bancaria, en Paniza (Zaragoza). Foto: Ángel Juste.

Los zarpazos de los bancos en los pueblos

El cierre de oficinas y cajeros en las zonas rurales, y las nuevas condiciones que imponen a los clientes, hacen sufrir sobre todo a las personas mayores. Y no es justo.
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Entro en una sucursal de un banco en Molina de Aragón a pagar un impuesto que no tengo domiciliado. No es “mi banco”, y tras quince minutos de espera más o menos –la empleada que atiende la caja está recibiendo un ingreso de un hombre de mediana edad en diferentes partidas, por lo que escucho– me atiende un joven de treinta y tantos años más o menos. Me dice que ese impuesto lo puedo pagar en el cajero y muy amable me ayuda a hacer la operación. Cuando termina, le doy las gracias y comento “¡Qué joven tan amable!”, a lo que un señor mayor me responde con cierto tono de regañina: “no sabe usted que ese joven es el director”. Pues encantado de haberle conocido.

Es evidente que a este señor le parecía una falta de respeto que yo tuteara al joven señor director. Con seguridad el señor mayor había tratado más de una vez a algún jefe de oficina bancaria de pueblo con el Don por delante. Pero lo que no me cabe ninguna duda es que con el Don o sin él, el trato era mucho más humano y personal. Y no digo ya aquellos directores de las zonas rurales que cogían el coche, carretera y manta, y se dedicaban a recorrer los pueblos a visitar a los clientes: agricultores, pastores y demás oficios en plena faena y también a intentar captar otros.

Y es que los bancos han iniciado una carrera a toda velocidad para tener menos empleados y enriquecerse a costa de los clientes, pero de una manera mucho más descarada y burda que antaño. Son tan buitres que cobran comisión por ingresos en efectivo (cuando el Banco de España les ha dicho que eso es ilegal) y también lo hacen en cambios de monedas y billetes.

Toda su intención es que las operaciones las realices desde el cajero electrónico de la calle, una comodidad extraordinaria para el cliente si en la calle hace una temperatura de 10 grados bajo cero, como suele suceder en algunos pueblos de montaña. Esto cuando el cajero no está estropeado. Les confieso que siempre que introduzco la tarjeta en un cajero tengo la impresión de que me va a desaparecer o que será duplicada por los amigos de lo ajeno que me están vigilando.

Además, han subido las comisiones mínimas de transferencias en un porcentaje muy elevado para que se tengan que confeccionar desde el ordenador de casa. Y si no tienes computadora o no sabes usarla, pues a pedir cita por teléfono a la oficina del banco o a acudir a primera hora de la mañana, porque después ya no se hacen diferentes tipos de operaciones.

Es decir, están obligando a tener tu propia oficina bancaria dentro de casa. Recientemente el Banco Central Europeo ha subido los tipos muchísimo y los bancos lo han aprovechado para encarecer las hipotecas y los préstamos, pero no para primar las cuentas de pasivo, salvo algunos bancos pequeños o extranjeros. ¡Vaya cara!

El cajero se lo han llevado

La osadía y falta de escrúpulos de los bancos les lleva a retirar los cajeros de muchas zonas rurales. Es el pan de cada día. Este verano, por ejemplo, Ibercaja retiró el que había en Villanueva de Alcorón, un pueblecito de Guadalajara a las puertas del Alto Tajo. Pues bien, a pesar de las protestas de los vecinos de esta localidad y de otros pueblos colindantes a los que daba servicio, a esta caja no le importó dejar a la gente sin poder sacar dinero, aunque solo fuera para tomarse una cerveza en el bar. Ignorando el hecho de que el banco más cercano se encuentre a 50 ó 60 kilómetros.

Lo peor es que ya no se trata solo de la abierta brecha digital entre las personas mayores y lo que pretenden los bancos. Lo peor es que esa entidad que tiene que estar a tu servicio comienza a convertirte en un rehén desde el momento que entras por la puerta. A no ser, claro, que seas un cliente con pasta, al que a toda velocidad invita el director en su despacho. Un detalle o agasajo para este cliente con pasta que puede pasar a ser envenenado, porque el jefe de oficina ya no ejerce como tal; ha pasado a ser un comercial capaz de venderte su propia camisa. Es lo que yo llamo “generación corbatilla”.

Más difícil lo tiene ese anciano con su cartilla y unos pocos ahorros que le sirven para ir viviendo sin lujos pero con dignidad. Al respecto he visto personas que entran a la sucursal bancaria asustadas y que no han protestado ante la reprimenda, según le coja el día, del empleado/a de turno. “Pues lo siento, esta operación no se puede hacer ahora. Venga usted mañana”, confirma el operario. Y así día tras día.

La estrategia actual de los bancos es muy clara: que los empleados no permanezcan mucho tiempo en la misma sucursal, para que no lleguen a entablar amistad con los clientes. Vamos, que eso del trato cercano les da alergia. Y que resulta fundamental para el bienestar de esa persona mayor que necesita un trato, si me apuran, hasta cariñoso.

Si en la cúpula de ese gran banco supieran que algún empleado/a se “desmadra”, tiene compasión y trata de manera cariñosa y respetuosa a esa persona mayor se morirían de un patatús.

Aquella campaña del médico jubilado Carlos San Juan, con el lema: “Soy mayor, no idiota” consiguió que algunos bancos, al menos, flexibilizarán los horarios de atención al cliente, pero parece ser que poco a poco se les han olvidado, aunque no a todos, las advertencias de la ministra de Economía, Nadia Calviño.

Se creen reyezuelos

Da igual el color del Gobierno de turno, pues a los bancos se les ha tratado toda la vida como si fueran reyezuelos. Así que no es extraño que se comporten con tanta prepotencia. Durante muchos años, la banca tiene el dudoso honor de encabezar el sector con más reclamaciones de los españoles. Da igual, pues el supervisor que es el Banco de España prefiere realizar sesudos estudios sobre cómo va la economía, que salir a la calle y ponerse el traje de faena para mantener firmes a los bancos abusadores.

¿Que un banco mal gestionado como Caja de Madrid, después Bankia, está en bancarrota? Pues se rescata con dinero de todos y solucionado. Eso de dejarlo caer como sucedió en estados Unidos con Lehman Brothers aquí sería pecado mortal. Y lo más gracioso es que aquel ministro, Luis de Guindos, que aseguró que no nos costaría ni un duro lo de Bankia (pura mentira) lo premian con una vicepresidencia del BCE.

Puestos a ser justos, Bankia o Caixabank son morosos con todos nosotros pues todavía no han devuelto ni mucho menos el dinero que sirvió para rescatar la entidad financiera. Para que se enteren de que tratamos mucho mejor al que nos debe que ellos si es al contrario.

¿Han llegado a escuchar el tono de soberbia de la señora Dancausa, CEO de Bankinter, asegurando que recurriría el impuesto que pretende cobrar este Gobierno?

Como me asquea tanto todo esto de los señores de la banca, pongo la mirada en ese señor mayor temeroso de que no le van a solucionar su problema en el banco; en ese emprendedor rural que tiene que recorrer varios kilómetros para gestionar lo financiero; en ese otro que ha tenido que cerrar el negocio por los malos vientos que corren y se acerca al banco a pedir ayuda; a ese que…

Foto destacada: Una oficina bancaria, en Paniza (Zaragoza). Foto: ÁJM.

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