Campos en Valdetorres de Jarama (Madrid)

Los paganos del campo no se rinden

Por mucho que se empeñen en denigrar su imagen y culparles de casi todos los males, los agricultores siguen dando el callo.
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Leo en un periódico que ADIF mantiene la red ferroviaria española, de cerca de 16.000 kilómetros de vías, impecable, sin ningún yerbajo, incluido el balasto, esas piedrecillas pequeñas que soportan los raíles. Y el tono de la noticia es positivo, porque de esta forma se evitan accidentes e incluso incendios al estar todo pelado a 30 metros a cada lado de la vía. De hecho, en numerosos de estos taludes la erosión causada por la lluvia hace estragos al no haber ni una planta que la frene.

No está muy claro qué potingues echan para matar las malas hierbas, pero parece ser que actualmente utilizan el glifosato, ese producto que también usan los agricultores para matar las malas hierbas.

Sin embargo, esta práctica aplicada a la agricultura está mal vista en el mismo periódico porque aseguran los ecologistas que contamina. Pues calculen ustedes las hectáreas que poluciona ADIF en 18.000 kms pulverizando treinta metros a cada lado de vía, pasando al menos dos veces al año. Y no digamos de los más de 160.000 kms de carreteras, de los que en algunas comunidades también se fumigan las cunetas. Y tengan en cuenta también que tanto en los ferrocarriles como en las cunetas se arroja el glifosato en zonas especialmente preparadas para que discurra el agua. De manera que va directamente a arroyos, ríos, embalses, mares… Pero oiga, solo contaminan los agricultores.

Cadena alimentaria

Mira que este asunto es tratado por numerosos medios de comunicación, pero parece que eso de profundizar en este problema para el agricultor no interesa. La miseria que se le paga al agricultor o ganadero en origen al precio que se vende en destino es enorme. Pero como tenemos en las bandejas de las tiendas y supermercados notable variedad de verduras, frutas y leche y derivados pues mal que bien nos apañamos. Y si los precios suben, ya sabemos que los culpables son los agricultores porque al aumentar el precio del gasóleo han tenido que incrementar el precio de sus productos.

Agricultores cerealistas

Están en manos de los gigantes fondos de inversión, del cambio climático y de los animales.

De los primeros ya se sabe que juegan con los precios del mercado a su antojo al acumular millones y millones de toneladas de trigo, cebada y maíz. Así que cuando deciden comprar inundan el mercado para que bajen los precios y así comprar a los agricultores más barato. Una vez acumulado lo que creen conveniente cierran el grifo para vender el grano mucho más caro.

Por otra parte, los hombres del campo ya se han mentalizado de que cada vez va a haber más sequía persistente, inundaciones y otros fenómenos extremos que los van a machacar literalmente. Y de momento solo les queda resignarse mientras no avancen las investigaciones que sean capaces de crear semillas que resistan mejor a la sequía o, por ejemplo, los hielos.

También se encuentran sin las suficientes herramientas para combatir las plagas de conejos, jabalíes y otros herbívoros que arrasan sus cosechas. Sí, pueden dar parte a seguro, pero este no les paga ni mucho los daños reales sufridos, aunque es una ayuda. En este sentido y tras conversar con algunos me confiesan que están hasta las narices de que se proteja a esos ecologistas radicales y animalistas que los desprecian porque hacen todo lo posible en eliminar algunos de los animales que dejan sus campos desnudos.

Carreteras salpicadas de barro

La manía a los agricultores riza el rizo con los trabajadores que mantienen las carreteras, en especial si ésta es de ámbito nacional. Basta con que un labrador salga a la vía tras arar una finca y suelten las ruedas del tractor algunos inevitables pegotes de barro porque la tierra vaya algo blanda, para que estos señores vestidos de amarillo abronquen al agricultor como si fueran los dueños del asfalto.

Me consta que los que van a manos del volante del tractor ponen el máximo cuidado. Mucho más del que emplean los señores de amarillo cuando algún animal es atropellado y cruzan un trigo arrastrando el bicho por todo mitad para arrojarlo a un barranco o a un arroyo. Los he visto alguna vez cruzando los trigos, sabiendo que tienen un vehículo especial para cargar los animales muertos en la carretera. También sé donde los arrojan sin ningún pudor sin que el famoso SEPRONA les pare los pies y algo más. Deben de tener “patente de corso”.

Postes de la luz

El desprecio a los agricultores se hace también patente cuando los técnicos del mantenimiento de las redes eléctricas cruzan sin ningún pudor por medio de un sembrado con uno o dos vehículos encontrándose el cereal a punto para cosechar. En ocasiones avisan al agricultor, pero en otras no. Vamos, actúan como Pedro por su casa. Con poco respeto.

Desgaste y rotura de material

Menos mal que en general el agricultor español suele ser bastante manitas, aunque unos más que otros, porque de lo contrario mantener la actividad sería casi insoportable. El agricultor maneja numerosos aperos: discos, vertederas, cultivadores, sembradoras, rodillos, entre otros, que sufren cada año un desgaste importante y que tienen que cambiar o arreglar. Esto sin contar si el tractor o la cosechadora sufre una avería importante. Todo este deterioro se hace más palpable en terrenos duros y pedregosos.

Conozco a unos agricultores que cuando los veo en faena de arreglos siempre les digo eso de “lo hicimos porque no sabíamos que era imposible”. Son auténticos maestros con un talento especial para conseguir hacer lo que se proponen.

En fin, solo han sido unos pequeños apuntes para intentar que valoremos como se merece el trabajo los agricultores, pues no es ninguna ganga a pesar de la maquinaria que utilizan en la actualidad. En resumen, es el sector primario, el que nos da de comer.

A la umbría

Carteles en los pueblos de Castilla-La Mancha

En algunos pueblos de la citada comunidad han puesto unos carteles con el nombre del pueblo y la palabra “naturaleza”, como si no supiéramos que estamos en ella. No entiendo tal invención inútil de los funcionarios y políticos de turno. Más vale que el dinero utilizado en estos carteles, donde aparece por dos veces Castilla-La Mancha, se hubiese empleado en rehabilitar algún nacedero de agua en el campo. Muchas fuentes se han secado, pero otras todavía resuda el agua. Si se consiguieran mejorar como se hacía antaño para ganaderos y personas de campo, seguro que aguantarían sin secarse al menos un mes y medio más. Que aunque no parezca mucho tiempo sería suficiente para que pájaros y pequeños mamíferos no sucumbieran a los rigores del verano. Por cierto, cada día quedan menos personas en los pueblos que saben donde se encuentran las fuentes.

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