Amoríos y extravíos de aves y mamíferos

Se cree que solo el cinco por ciento de las especies animales son monógamas. Curiosamente más entre las aves que en los mamíferos, aunque entre las aves encontramos tres variantes en sus relaciones amorosas. Las que son monógamas durante toda la vida; los machos que forman pareja estable y ayudan en la crianza, pero copulan de vez en cuando con otras hembras de su especie; y los que se limitan a tener sexo con la primera hembra que pueden y siguen buscando más sin importar sus descendientes.
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Los amantes de las aves estaban encantados con la vida de una pareja de halcones peregrinos instalados en Zamora capital. Los ornitólogos de la SEO (Sociedad Española de Ornitología) habían instalado una cámara en el nido con el fin de seguir de cerca a tan bellas aves, su nido, la puesta de huevos, el nacimiento y crecimiento de sus polluelos hasta la emancipación. También seguían sus vivencias los aficionados que se suscribían.

La hembra, bautizada Brisa, había nacido en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) y el padre, apodado Viento, habían criado en 2025 tres preciosos halcones. Sin embargo, este invierno llegó una hembra a la que denominaron Tromba que atacó sin piedad a Brisa hasta expulsarla de su nido y causar su muerte. Fue encontrada en una arboleda cercana poco después de la reyerta.

Fue una dura y larga pelea entre las dos hembras, según cuentan los pajareros, no apta para aquellas personas que siempre han visto la naturaleza como algo idílico y apacible. Incluso cruel para los que saben que la lucha por la supervivencia, o bien por defender un nido o un territorio, suele terminar mal en numerosas ocasiones.

Y no es que los halcones peregrinos se estén matando todos los días. La realidad es que es poco frecuente la muerte, pero como hemos visto algunos animales en su entorno son implacables con los rivales. Y los peregrinos no son los únicos.

La noticia del desenlace halconero la siguieron numerosos medios de comunicación. Y lo que me sorprende es que apenas repararon en la pena que pudo sufrir Viento al quedarse sin su amada Brisa.

No obstante, en condiciones normales, el macho, mucho más pequeño de tamaño que la hembra, se puede reproducir con dos hembras. Es lo que los expertos llaman poliginia.

Pocos estudiosos de las aves son los que se atreven a afirmar que ante la muerte de su congénere no sientan desolación y dolor por la pérdida. Más aun cuando los halcones peregrinos forman pareja para toda la vida.

Tanto el macho como la hembra incuban los huevos y alimentan a su prole. En este caso, es el macho el que suele traer al nido las presas y mamá halcón las despedaza y las reparte entre los pequeños.

De esta manera pone orden en el nido, pues otras rapaces les sueltan el alimento y los pequeños se encargan de devorarlo. Así pasa que en ocasiones el más pequeño y débil apenas come y muere o es expulsado por sus hermanos.

Infidelidad a la pareja

El tan denostado cuervo, una de las aves más inteligentes que conozco, es de los animales más fieles a su pareja. Permanecen juntos durante toda la vida y esta es larga para un pájaro, pues pueden vivir más de 50 años.

Sus relaciones son seguras y cercanas. Incluso las crías de un año para otro ayudan a la crianza de los nuevos polluelos. De esta manera aseguran su descendencia y supervivencia.

Frecuente en todo el hemisferio norte, es capaz de vivir en el Ártico en unas condiciones durísimas, pero siempre se las arregla para salir adelante. Es un ejemplo de enamoramiento hasta la muerte.

Los más entendidos aseguran que es tan inteligente que cuando, por cualquier motivo, fallece su pareja entran en un estado de tristeza parecido al de los humanos; sea cual sea quien desaparezca, hembras o machos.

Otra ave más cercana a nosotros que el cuervo es la paloma, esa que ha colonizado las ciudades y que también establece su unión de por vida. Seguro que todos hemos visto como el macho, más grande y colorido que la hembra, da vueltas alrededor de ella arrullando e inflándose para parecer más grande y guapo; y así conquistarla hasta que se produce la cópula.

Los dos miembros de la pareja se encargan de alimentar a la prole regurgitando una especie de leche.

El cisne común también podría entrar en este selecto y conservador grupo, si no fuera porque existen “divorcios” entre las parejas que parecían estables de por vida.

La falta de alimento, un lugar mal escogido por el macho para anidar y la excesiva competencia son factores importantes para que la hembra decida abandonar y buscarse otro macho que le garantice su estabilidad y los deseos de procrear en buenas condiciones.

Los más golfos

Quién no ha visto varios gorriones comunes macho pelear y exhibirse en primavera ante una hembra para ser el elegido. Normalmente, esta escoge al más vigoroso que, además, cuenta con más mancha negra en el pecho conocida por los ornitólogos como babero.

Sin embargo, el macho no se conforma solo con esta hembra, a pesar de que ayuda en la crianza de los pequeños. Golfea por otros barrios hasta copular con otras hembras.

Y es que los gorriones son muy promiscuos: una vez que han encontrado pareja copulan alrededor de 15 veces al día, incluso cuando la hembra está poniendo los huevos.

En ocasiones también son las hembras las que van en busca de los machos más grandotes y fornidos para así criar unos chicos (as) con la mejor genética. Los machos así ahorran energías con la ceremonia de cortejo.

Algo menos casquivana que el gorrión resulta ser la golondrina común. Cada año nos visita en primavera para anidar con su misma pareja. Pero esto no impide que el macho se lo monte con una o dos hembras. Eso sí, no deja de ayudar en la crianza a la hembra. Es decir, forman pareja monógama en el ambiente social, pero en lo sexual el macho se enreda en otros amorios.

Mamíferos

A animales tan cercanos como los gatos domésticos y también los monteses les importa un pimiento lo de formar pareja y criar. Se limitan a copular lo más posible con el mayor número de hembras, aunque esto les lleve a continuas peleas con otros machos, algunas hasta la muerte. Las riñas son tremendas pues se enzarzan hasta que cede el más débil.

Los salvajes actúan de la misma manera, con la desventaja de que el número de hembras es menor y para conseguirlas tienen que recorrer largos trechos y dominar extensos territorios marcándolos con su orina.

Algo parecido sucede con el lince ibérico, tan de moda en los últimos tiempos. Copula entre los meses de enero y febrero, sin ayudar a la hembra a criar a los cachorros. Algunas veces no se aleja mucho del territorio de su amada, para ahuyentar a otros machos que puedan incordiarla en su crianza.

Lo que parece bastante claro es que los felinos aprecian poco a sus descendientes directos, algo distinto a los cánidos como el zorro.

En este caso, el macho ayuda a la hembra aportando comida a la zorrera, especialmente cuando los zorrillos son pequeños. No obstante, es la hembra la encargada de repartir el botín entre sus retoños.

Además, son monógamos y los machos suelen ser más fieles que las hembras cuando uno de los dos muere.

Foto destacada:

https://www.pexels.com/es-es/foto/naturaleza-animales-aves-palomas-15640006

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