El triste desuso de la palabra hermosa

Recuerdo que, siendo estudiante, cuando volvía al pueblo por vacaciones, siempre o casi siempre alguna mujer me decía: ¿Qué tal, hermoso? Una palabra muy bonita que tanto en masculino como en femenino prácticamente se ha dejado de usar por estas tierras de Guadalajara.
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Cuando alguien -mayormente mujeres- te decía hermoso o hermosa lo hacía como una forma muy agradable de saludarte, que transmitía y entrañaba cariño y cercanía. Pero también se utilizaba con los niños más bien rellenitos con aspecto lozano y lustroso.

Y si una persona visitaba la casa de un conocido era un buen cumplido lo de que salón más hermoso tienes, en referencia a que era grande y espléndido.

Con menos frecuencia, también se utilizaba hermoso para definir un día sereno, bueno, apacible. Sin olvidar que se aceptaba como adjetivo para una persona excelente y casi perfecta en su trayectoria. Y no digamos cuando se usaba como sinónimo de bello, bonito, precioso…

En el aspecto moral e intelectual también se escuchaba eso de que “ha tenido un hermoso gesto”; ahora se diría bonito. Así como en la poesía. alabaríamos a esa persona que ha recitado un hermoso soneto.

En el campo también era frecuente escuchar a algún ganadero sobre lo hermoso que era este o aquel cordero, cabrito, caballo o vaca. Sin embargo, nunca lo escuché para ensalzar las características de un perro o gato.

¿Es lo mismo hermosa que guapa?

Según el diccionario de la lengua española, hermoso es algo así como la belleza que puede ser percibida por el oído o por la vista, y apunta algunos sinónimos como belleza, encanto, excelencia, atractivo, guapura, preciosidad…

También se define como lo agradable de algo que recrea por su amenidad u otra causa; también, la proporción noble u perfecta de las partes con el todo.

Decía Miguel Delibes que no había conocido a nadie que explicara tan bien la diferencia entre una persona guapa y otra hermosa, como su amigo y gran intelectual José Jiménez Lozano, premio Cervantes entre otros muchos.

La verdad es que me hubiera gustado escuchar a este enorme escritor con un sinnúmero de libros (alrededor de 108) y cuentos publicados, varios relacionados con mujeres, como por ejemplo La boda de Ángela, Las Señoras y, Un dedo en los labios, Carta de Tesa…; artículos periodísticos, relatos, etcétera.

De lo que se desprende de la obra de Jiménez Lozano es que la mujer hermosa no se identifica por las reglas de belleza física, sino por su sencillez y naturalidad. Para él, la verdadera hermosura radica en la autenticidad y en llevar la vida en la mirada sin enmascaramientos.

La mujer hermosa te embelesa por su atractivo mucho más que la guapa y preciosa. Tiene como un encanto interior que lo muestra con toda naturalidad; sin darse cuenta. También desborda naturalidad, empatía, diríamos en este tiempo presente.

Por otra parte, no necesita esforzarse en hacer gracia: ya la lleva consigo. En su cercanía, nunca vas a encontrar una mala palabra o gesto que te haga sentir mal.

En fin. Es una pena que apenas usemos tan bonita y bella palabra como hermosa. Pues guarda las mejores entrañas del ser humano.

Es como si fuera la palabra más profunda que existe, algo así como extraordinariamente bello y perfecto.

Foto destacada: Las hermanas Maruja y Clementina Sánchez ante la iglesia de su pueblo, Yebra, en Guadalajara, en 1990, cuando todavía era muy habitual referirse a alguien con la expresión ¡Ah, qué hermosa!

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