Haikus de verano en la playa

Es temprano en estos primeros días de julio, y se abarca la inmensidad del mar con la mirada. La cala está aún desierta y las gaviotas picotean sin desmayo buscando algún pequeño escualo entre las algas perdidas del espigón. Un velero surca silencioso la bahía.
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Dos barcos pesqueros de bajura regresan al puerto con una modesta carga de coquinas como único botín tras una noche poco afortunada. Pronto llegarán los bañistas con su algarabía de voces, sombrillas y toallas de colores. La playa será un enjambre de cuerpos semidesnudos bronceándose al sol del mediodía.

En el acantilado, un pintor plasma en su lienzo el paisaje de estos primeros días de verano.

Algo más atrás, un poeta contempla ese mismo paisaje y escribe haikus, que son como cuadros en los que en vez de colores utiliza palabras.

Llega el verano,
cruzamos el solsticio…
cuerpos desnudos.

Sopla la brisa
en las playas doradas…
frescor del alma.

Luna de agosto,
estallido de luces…
son de verbena.

Barcos pesqueros,
vacíos y sin carga…
negra alborada.

La Luna y Venus
en la noche estrellada
velan sus armas.

Saben que al alba
se apagará el fulgor
de sus miradas.

Cielos de arcilla,
noches de luna llena…
blanco nocturno.

El sol impone
con espadas de fuego
su luz diurna.

Danza de luces
en las noches sin luna…
reinan los astros.

Tablas surfeando
sobre olas encrespadas…
gráciles cuerpos.

Con su ala rota,
la gaviota herida
no puede volar.

Palabras claveculturapoesía

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