Pocas bromas (o ninguna) con las tormentas de verano

Ahora me explico lo temerosa que siempre fue la gente del campo con las frecuentes tormentas de verano. De pequeño, los mayores siempre te decían: niño no te guarezcas debajo de un árbol y sepárate de los animales, pues su pelo atrae los rayos.
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Hace unos días, una tormenta no especialmente virulenta descargó un rayo sobre una casa de Aragoncillo (Guadalajara) y la dejó hecha ceniza en un terrible incendio. La acción de los bomberos no fue suficiente para apagar las llamaradas. Los vecinos en un radio de cien metros casi se quedaron sordos por el tremendo sonido del impacto, a la vez que les alumbró un intenso resplandor.

Como de chaval siempre andaba por el monte, más de una vez vi como un rayo destrozaba y partía en dos un pino silvestre, provocándome un susto tremendo.

Y eso que, a falta de las alertas de la AEMET y los avisos en el móvil, los animales del bosque eran los encargados de anunciar el riesgo de tormentas en proceso.

Las clásicas hileras de hormigas volviendo hacia el hormiguero a más velocidad de los normal; los pájaros volando bajo; alguna víbora cruzando los caminos; las ranas cambiando el tono de su croar con más fuerza; mulas, vacas, cabras, ovejas, perros y otros mamíferos moviéndose más nerviosos de lo habitual… Todos ellos eran una nítida advertencia de lo que se venía encima.

Es increíble la sensibilidad de los animales a la hora de captar fenómenos de la naturaleza como una amenaza de tormenta próxima.

Como decían en el pueblo, los animales barruntan las tormentas. Y cuando llegan, los perros, si están dentro de casa, se esconden en el rincón menos esperado; y los que se encuentran fuera huyen despavoridos a esconderse en refugios que ellos solos conocen o en cualquier hueco de una pared.

Sabido es que al tener un oído mucho más fino que el nuestro los truenos les hacen daño.

Si estás, por ejemplo, en el casco urbano del pueblo, mira al cielo y si no ves ningún vencejo mejor quédate en casa porque es seguro que las nubes van a descargar.

Olores intensos

Con el tiempo uno ha aprendido que ese olor a tierra mojada propio de los previos a la tormenta es producido por una bacteria y se llama geosmina. No es por la capa de ozono, pues en este caso el aroma no es precisamente agradable y se da en menos ocasiones.

Lo que sí ocurre cuando pasa la tormenta y te encuentras en pleno monte es que las fragancias de árboles, arbustos y matas bajas casi te colapsan los pulmones al respirar tan diferentes e intensos perfumes.

Si es tierra de bojes, el olor de esta planta es el primero que te llega y el más fuerte, incluso más intenso que el de los pinos. Pero también enebros, robles, majuelos, endrinos, aliagas, escaramujos… te envuelven en una atmósfera casi irreal.

Por cierto, me comentan que una oruga está terminando con un árbol tan duro y bonito de madera amarilla como el boj por el noreste de España, debido a las orugas nacidas de una mariposa que nos viene de Francia.

En campo abierto, espliegos y tomillos te transportaban también y te siguen transportando ahora al mundo fantástico del frescor da la vida.

Otro hecho extraordinario era el comportamiento del cangrejo autóctono de río. En esas tardes bochornosas y plomizas de verano, cuando echabas la nasa con el cebo al río era fácil observar que los crustáceos se daban más prisa para comer.

Por cierto, en esta pesca circulaba la leyenda entre los pueblos de que el cangrejo acudía al cebo de carne de olor fuerte, casi podrida. Pues no era tanto así; se demostró con el tiempo que les gustaba más lo curado, un trozo de jamón con tocino, sardinas arenques y embutidos como el salchichón. Lo que pasa que este último, con el paso del tiempo, se deshacía por el agua y no resultaba práctico.

Pájaros indefensos

Pasada la tormenta, si esta era especialmente virulenta y caminabas por las cercanías del pueblo, era fácil observar que algunas especies habían sido especialmente damnificadas. Los pitidos de alarma de los progenitores avisaban con claridad de que alguno de sus polluelos había perecido.

Aseguraban las personas mayores de Peñalén (Alto Tajo) que algunas de las tormentas cargadas de granizo mataban cientos de gorriones cuando dormían en las acacias de la plaza. De manera que al día siguiente los vecinos los recogían y se hacían una buena fritada de pajarillos.

Sugiero que cuando pasen las tormentas y coincidan dos arcoiris, fíjense que en uno de los dos los colores son opuestos. El bello espectáculo está servido.

Foto destacada: Tormenta en la provincia de Guadalajara. Junio de 2026. Autor: Diego Juste Conesa

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