
De marcha por caminos, sendas y veredas
España cuenta con una red extraordinaria de caminos, vías y sendas para disfrutar caminando o practicando cualquier otro deporte. Buena parte de ellas discurren por unos paisajes impresionantes, en gran medida en montañas y valles, pero también en mesetas y zonas de llanura con cultivos agrícolas. Son las arterias y las venas del campo, en un sistema circulatorio vivo que se renueva y actualiza.
Me contaba hace años un hombre ya fallecido de Peñalén (Guadalajara), que un día de febrero salió al monte a por leña nada más comer. Y justo cuando comenzó a cargar los palos a la mula comenzó a nevar en forma de ventisca tan fuerte como nunca había visto. En veinte minutos, todo el monte se cubrió, así como el camino de vuelta al pueblo.
Tiraba del ramal de la mula y esta no quería andar, agachando la cabeza para evitar la tempestad. Una vez que paró de nevar, el leñador, tiritando de frío, emprendió la ruta de vuelta, pero al estar la senda cubierta de nieve, se despistaba sin rumbo fijo.
Así que, como había oído que los animales se orientan muy bien, echó el ramal por encima de la leña atada a la albarda y con un ¡arre mula! se encomendó a la caballería. Acertó sin duda, pues a la media hora de marcha avistó el pueblo.
Hoy en día esta historia es difícil, por no decir imposible, que se repita. En la zona donde recogió la leña no existen ni caminos, ni senderos, ni veredas. Con el desuso se ha perdido, adueñándose del terreno escambrones, enebros y otros matojos.
Caminos perdidos… y recuperados
Da rabia y uno siente cierta impotencia al saber que son muchos los caminos públicos que se han perdido. Porque antaño no se utilizaban para andar, tan de moda ahora por la recomendación de los médicos; se usaban para ir al campo a buscar setas, segar espliego, recoger frutos de enebro, bien pagados y utilizados para elaborar ginebra, llegar hasta la choza donde estaban encerradas las ovejas, incluso para salir al campo de merienda, si es que el verano daba un día de descanso, con el correspondiente remojón en el río Tajo.
Los caminos en los pueblos eran esas arterias fundamentales para tomar el pulso a la localidad. Cuanto más trasiego tenían, más vida y dinamismo tenían los vecinos. Y más disfrutaban de todo lo que les ofrecía su inmensa e inabarcable naturaleza.
No obstante, no todo está perdido y conviene ser optimista. Muchos de estos caminos se pueden recuperar, porque se han creado otros muchos gracias a la concentración parcelaria, la recuperación de cañadas reales con la trashumancia y al empeño, desde el año 1993, del Ministerio de Agricultura por crear una extensa red de Caminos Naturales.
Sobre la recuperación los primeros y las Vías Pecuarias está trabajando de manera altruista la llamada Plataforma Ibérica por los Caminos Públicos, con más de 30 asociaciones repartidas por toda España.
Curiosamente, hace tiempo descubrieron que entre los años 1956-57 del siglo pasado, medio centenar de pilotos del ejercito norteamericano fotografiaron nuestro suelo en un ambicioso proyecto cartográfico que se puede consultar en el (IGN) Instituto Geográfico Nacional.
Tras algunas consultas, se dan casos de apropiaciones indebidas de algunos caminos públicos por fincas privadas. Pero lo más curioso es ver la enorme red de caminos que enlazaban unas zonas con otras, así como entre las poblaciones, que en la actualidad se han perdido en parte.
Además, los vecinos interesados en revitalizar su pueblo tienen una buena herramienta para desbrozar y limpiar los antiguos caminos, si es que no vive ninguna persona mayor que los conoce y antaño frecuentaba.
Caminos Naturales
Desde 1993 hasta ahora son ya más de 10.800 kilómetros los que se han creado en la extensa red que recorre toda España por iniciativa del Ministerio de Agricultura. La mayoría de estos trayectos recorren las zonas más bellas y espectaculares, ofreciendo recorridos tanti en bici en algunos tramos como a pie.
Con trazados de cientos de kilómetros algunos, en su mayoría perfectamente señalizados, ofrecen información del recorrido, su dificultad y extensión. Para las personas poco experimentadas en marchas campestres se marcan tres opciones. Cuando un trayecto está rotulado en blanco y rojo, se trata de un GR, es decir, gran recorrido, pues su distancia supera los 50 kilómetros; si la señal es blanca y amarilla es que no llega a los 50 y cuando se pinta blanca y verde nunca superará los 10 kilómetros.
De los 10.800 caminos, alrededor de 1.700 corresponden a antiguas vías de ferrocarril en desuso, catalogadas como Vías Verdes para disfrutar de nuestra increíble naturaleza, los diferentes ecosistemas y la riqueza de nuestra variada fauna y flora. Los meses de primavera y otoño son especialmente indicados para sumergirse entre la biodiversidad y olvidarse del estrés.
Exceptuando el Camino de Santiago, porque no es una barbaridad afirmar que, al menos en verano, este es el más transitado en nuestro tiempo en la Península. Un camino creado y mejorado a partir del comienzo de la Concentración Parcelaria, allá por 1953 del siglo pasado.
Y no es única y precisamente transitado por tractores y cosechadoras, pues sobre todo por las tardes basta con visitar pueblo a pueblo y descubrir todo un ejército de jubilados, principalmente, niños con triciclo y jóvenes en bicicleta que aprovechan la fresca para estirar las piernas.
De aquellos caminos estrechos y pedregosos se ha ido pasando a otros más anchos y en general mejor cuidados, donde andar no resulta ningún inconveniente, excepto el de la salud y las ganas de uno mismo.
Por supuesto, los agricultores cuentan ahora con una red de pistas estupenda para acceder a las fincas de una manera más fácil.
Sin embargo, estos no son los únicos beneficiados. Al mando de sus potentes todoterrenos, los cazadores se aprovechan como pocos de la bondad de estos caminos donde se adentran hasta las zonas de caza levantando una colosal polvareda.
Antiguamente se caminaba más, pero ahora parece que no eres nadie si no metes el morro de tu 4×4 en el cazadero. Así le dura a la mayoría la suela de las botas, es especial a los aficionados a la caza mayor.
Pistas forestales

Los montes de pinos maderables como el silvestre o resineros también cuentan con un extenso entramado de estupendos caminos muy útiles para acceder con máquinas y camiones a cortar y cargar los pinos talados, así como los barriles de resina, una actividad que se ha puesto de moda desde hace 15 años y que estuvo a punto de perderse.
Y es que la industria se ha dado cuenta de que aunque resulta más cara de extraer que el petróleo, las múltiples propiedades de la resina son mucho más ecológicas y sanas que el mal llamado oro negro.
Ni qué decir tiene la función de las citadas pistas como cortafuegos.
Por supuesto, también son muy agradecidos para andar o practicar las diferentes modalidades de deportes de bicicleta.
Reconozco que, como crecí pateando pinares, estos son los que más me gustan, pero no por el camino en sí. Lo emocionante es dar y coger una pequeña senda que enlaza con la pista e intentar descubrir hasta donde nos lleva.
En ocasiones daba con un pequeño manantial usado principalmente por pastores. Y si su acceso para beber agua no era bueno, siempre miraba en la zarza o arbusto más cercano, donde casi siempre encontraba un bote perfectamente escondido. Otras veces esa trocha concluía en un mirador formidable.
Desde luego, nunca olvidaré cuando aquella vereda que me condujo a unos callejos escoltados por enormes piedras calizas que parecían formar una ciudad fantasma.
Pocas veces siguiendo el sendero te topabas con un cornagano, que no es ni más ni menos que una oquedad en la roca donde prácticamente no da el sol y que contiene agua de las tormentas durante bastante tiempo.
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