La codorniz

Desde mediados de agosto hasta mediados de septiembre, más o menos, comienza la media veda, la caza de la codorniz, en casi todo el territorio español. Los tremendos calores no son del agrado de esta avecilla, auténtica escuela para cazadores y perros aprendices.
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El año pasado, en unos huertos de un pequeño pueblo de Guadalajara, escucho a un chaval de unos once años gritar de forma desesperada. Me acerco y lo encuentro con su perra epagneul bretón entre los brazos. El animal está desvalido y el chico desesperado porque se cree que su perrilla se va a morir.

Comenta que lo más seguro es que la haya mordido una víbora y le digo que el efecto del veneno no es tan rápido, que quizás le haya dado un golpe de calor. La refrescamos y poco a poco fue recuperando su ser.

Los bretones tienen el pelo largo y los días de calor conviene refrescarlos a menudo, en especial cuando salen al campo, pues son muy activos buscando las piezas de caza.

Al chaval le cambia la cara, pues seguro que temía no repetir su primera experiencia cazadora de la temporada pasada.

Aquella mañana del 15 de agosto de 2025, ya antes de salir el sol, estaba preparado con el chaleco que le había regalado su tío y con sus pantalones de pana largos, comprados por su padre en una tiendecilla de pueblo y a los que la abuela le tuvo que meter los bajos porque le estaban largos.

Se acordaba perfectamente de que esa mañana una capa importante de rocío cubría los yerbajos del campo y hasta que entró el calor anduvo con las botas y bajos del pantalón mojados casi hasta la rodilla.

Los nervios lo atenazaban, tanto que cogió algún cartucho y se lo metió en el bolsillo del chaleco al ver que su padre solo se cargaba una caja de 25, y no fuera ser que ese año hubiera muchas codornices y se quedaran sin munición. No fue así, porque la temporada pasada prometía al principio y los agricultores comentaban que salían bastantes codornices delante.

Sin embargo, un año más y ya son muchos, cuando se desveda su caza se ven pocas codornices por estas sierras frescas de Guadalajara. Su comportamiento es digno de estudio puesto que los cazadores andan confundidos.

Esta zona es fresca con lindazos y agua en los arroyos, suficientes argumentos para que la codorniz no se marchara a otros lugares. De las cosechadoras salen bastantes y pocos días después apenas se consiguen perchas de seis ejemplares.

Lo que sabe perfectamente es que hasta que su padre no saque el todoterreno a la puerta de la calle, él no va a sacar la perra del corral. La perrilla sabe perfectamente que van a cazar y puede despertar a algún vecino con sus finos y penetrantes ladridos de alegría.

De La Mancha a Berlín

Tan enigmática es la codorniz que cuando se caza y sale espantada no ejercita vuelos de más de 200 o 400 metros. De manera que casi siempre se ha pensado que su capacidad para volar largas distancia nunca fue su fuerte.

Una teoría convertida en cenizas al descubrirse el año pasado que una codorniz anillada en Ciudad Real fue capturada solo una semana después en Berlín. Así es que parece claro que esta ave nidífuga es mucho más audaz de lo que parecía.

Decía el maestro Miguel Delibes que la caza de la codorniz era para aprendices y jubilados, pues con buen perro es menos dura que la de nuestra fabulosa perdiz roja. No le faltaba razón en aquellos tiempos, pero en la actualidad su captura se ha vuelto más difícil al ser más escasa y haber cambiado su comportamiento, dejando los sembrados cerealistas para esconderse en pleno monte.

Antaño también era una buena escuela para el novato y el perro. Este último en el caso de existir en abundancia comenzada a doctorarse de cara a la temporada de perdiz que comienza en octubre. Al aprendiz también le venía bien pues el tiro es más fácil al salir mucho más cerca de la escopeta que la perdiz.

Aunque para nuestro chaval protagonista los dos o tres primeros días no fueron buenos, había aprendido que cuando su padre abatía una no debía salir corriendo a cogerla y dejar a la perra que la buscara; también de lo peligroso que era ponerse delante del que llevaba la escopeta por si se escapaba un disparo.

Por otra parte, y a pesar de su prudencia, el hecho de compartir experiencias con otros cazadores más mayores al cruzarse en el campo o la sombra en el pueblo le hacían sentirse importante. Solo era tozudo en una opinión: su perra era la mejor de todos los del pueblo para cazar la codorniz.

Además, frente a otros niños de ciudad, este chico nunca vio a su perra como un juguete. El la mimó y la crió para divertirse con ella en el campo, donde tenía que ser una campeona.

Frescura e ingenuidad

Menos mal que este cazador en ciernes sin escopeta (hasta los 15 años no puede utilizarla, siempre y cuando vaya acompañado por una persona mayor de edad) está al margen de las peleas entre los detractores de la caza de esta avecilla migratoria y los que consideran que llega a España en suficiente número para cazarla.

Por destacar algunos enfrentamientos, la Fundación Artemisan con el proyecto Coturnix considera que sus estudios avalan que no hay motivo para no abatir en España codornices.

Por el contrario, la SEO (Sociedad Española de Ornitología) considera que no veranean tantos ejemplares como para permitir su caza.

Con la preciosa y grácil tórtola común sucede lo mismo, aunque al final los cazadores andaluces han conseguido que se pueda abatir un determinado numero de ejemplares esta temporada en ciertos lugares donde parece que es más abundante.

Solo he visto una vez a una tórtola salir de unas mimbreras por estas tierras serranas y reconozco que me hizo una ilusión enorme, al ser un ave que nunca tuvo mucha querencia por estas zonas.

Como en otros aspectos de la vida me espanta y me sienta mal la polarización que está tomando el tema de la caza, cuando todo sería más fácil con diálogo y argumentos basados en hechos y realidades contrastadas para ordenar la actividad cinegética, al margen de intereses y componendas políticas que en nada benefician ni a la caza ni a los cazadores.

La Codorniz más audaz

Sirva también como colofón a esta reflexión sobre las codornices y el buen entendimiento traer al presente el recuerdo de La Codorniz, una revista de humor gráfico y satírico, publicada en España desde 1941 a 1978, que sobrevoló toda la dictadura franquista con mucha inteligencia, dotes de habilidad y grandes problemas con la censura.

Autoproclamada «la revista más audaz para el lector más inteligente», esta revista tomo el nombre de nuestra pequeña ave protagonista de este relato, convirtiéndose en un ejemplo de supervivencia en tiempos oscuros.

Y hasta tenía un himno poco conocido, que podemos rescatar en Wikipedia, con estrofas como esta:

Codorniz,
¡Chin pon, chin pon!,
es un ave paticorta
con un pico en la nariz.
Codorniz,
se alimenta de gramíneas,
de caviar y de lombriz.
¡Codorniz, Codorniz, Codorniz!
Sale todas las semanas
para hacerle a usted feliz.

Jenaro Iritia fue fundador y director de la revista Jara y Sedal.

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