Pollo de aguilucho cenizo. Por Antonio José Gonzalez López. Distribuida por SEO/Birdlife

Caza, agricultura y biodiversidad pueden ir de la mano

La gestión de la finca Las Ensanchas (Ciudad Real) de Patricia Maldonado es un buen ejemplo a seguir.
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Acabo de leer en este periódico que la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife) ha escogido al aguilucho cenizo como Ave del Año 2023. Según los datos de los estudiosos pajareros, la población del aguilucho ha descendido un 25% en los últimos 10 años. Y echan la culpa de su descenso a la agricultura intensiva, al crecimiento de los regadíos, al cambio del cultivo del cereal por otros leñosos, a la falta de herbazales, entre otras causas. Y ya de paso argumentan que también hay menos ejemplares porque esta ave de presa depreda sobre algunas especies cinegéticas. No quiero pensar que tan bonita y elegante ave de presa se caza con escopeta para salvaguardar las especies cinegéticas. Hace muchos años, es posible, pero ahora aseguro que no.

Y como su supervivencia depende de las grandes extensiones de trigo y cebada, donde anida, pues los polluelos son víctimas de las cosechadoras y los plaguicidas, como principales causantes de su declive. Además, cada año se adelanta la siega sin dar tiempo a las crías a emanciparse.

Valga este pequeño resumen a modo introducción del artículo de este diario para sacar una conclusión: que no existe apenas ninguna coordinación ni comunicación entre agricultores, ambientalistas y Administración, ya sea estatal o autonómica.

Desde estas páginas ya hemos comentado en alguna ocasión que desde que se hizo la concentración parcelaria, cuyo comienzo data de mediados de los años 50 del siglo pasado, desaparecieron numerosos linderos y, como consecuencia, perjudicó a numerosas aves que criaban entre las hierbas, viéndose obligadas a cambiar de lugar de cría. Entre ellas, el protagonista del año 2023.

Pero entremos en el tema de la coordinación de las diferentes personas y organismos que pueden entenderse perfectamente en la conservación de la biodiversidad con un ejemplo a seguir: la gestión de la finca Las Ensanchas (Ciudad Real), de Patricia Maldonado. Y la manera de trabajar esta finca no viene de ahora.

Adelantada a su tiempo

En 2002 realizamos un reportaje en la revista Jara y Sedal sobre el buen gobierno en torno a la preservación de la perdiz roja auténtica. Para ello, Maldonado en conversaciones con el gestor cinegético Tom Gullick creó linderos de más de un metro de ancho entre los sembrados de cereal. De esta manera, las crías tenían suficiente alimento a base de insectos en los primeros días tras romper el cascarón del huevo. También fabricaron bebederos por diferentes puntos de la finca colocados de forma estratégica para que las perdices no fueran víctimas de los predadores. Quiero recordar que se realizaban controles a los zorros que pululaban por la finca.

Pues bien, desde aquellos años Patricia Maldonado ha venido dando algún ojeo de perdiz brava salvaje con notable éxito todos los años hasta la fecha. Y aunque ahora se cazan menos ejemplares que antaño sigue siendo la envidia de muchas otras fincas que continúan “sembrando” perdiz de granja para hacer negocio. Y es que claro la caza de una y otra nada tiene que ver, pues se necesita mucha más destreza para abatir la salvaje. Mal comparado, una perdiz de granja vuela como un avión comercial y una brava como el “cazabombardero” más rápido.

En resumen, renunció a más extensión para las cosechas con el fin de que no desapareciera la auténtica perdiz roja.

No hace mucho tiempo, creo que fue en El País donde leí que esta extraordinaria mujer amante de la naturaleza había metido su finca en la Red Natura 2000 y que había llegado a acuerdos con la Fundación para la conservación de la biodiversidad CBD-Hábitat. Es decir, que ha puesto sus posesiones a disposición de los estudiosos del medio ambiente para que pueden seguir, por ejemplo, el nido de la escasa águila imperial y otros ejemplares de la misma que se mueven por los terrenos manchegos, así como la introducción de linces.

Para que estas especies prosperen ha fijado una saludable población de conejo en terreno cultivable, construyendo también charcas para el citado roedor.

Agricultores y ecologistas

Poca gente tiene la fortuna de poseer una finca de alrededor de 2.000 hectáreas en la que haya monte con jaras, encinas, coscojos… Terrenos con olivos y otros donde cultiva cereales. Unas condiciones ideales para lograr una biodiversidad envidiable.

Sin embargo, estoy convencido de que muchos de esos aguiluchos cenizos atropellados por las cosechadoras de otros agricultores se podrían salvar con el simple aviso al dueño del terreno del lugar exacto del nido por parte de los ambientalistas y expertos de organismos oficiales que se mueven por el campo. Bastaría con señalarlo para que la cosechadora dejara sin segar unos pocos metros cuadrados donde se encuentra el nido. No es lo mismo que si está camuflado en toda la siembra, pues queda más expuesto a los depredadores, pero seguro que muchos ejemplares se salvarían.

Por cierto, han pensado alguna vez cómo es posible que en varias hectáreas de cereal igual de altas y espesas las espigas el aguilucho no se equivoca ni un centímetro a lo hora de llegar a su nido.

Por otra parte, sería deseable que en todos los sembrados de cereal de nuestra geografía se dejaran lindazos, tanto a las orillas de la siembra como en esos arroyos y caminos que los cruzan. En algunos sitios me sorprende que algunos de los que manejan el tractor no se hayan caído a algún arroyo de tanto que apuran las orillas. Otros siembran hasta parte de las cunetas de las pistas forestales como si les fuera la vida en ello sin pensar en lo beneficios que pueden reportar a las aves que crían entre pastizales.

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