Nubes de primavera

Regalos de primavera

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En una zarza grande y un lindazo con pasto alto y piedras cerca del pueblo escucho y veo a unas urracas revolucionadas que se lanzan de vez en cuando sobre la hierba. Me acerco porque creo que es un gato que anda cerca de algún nido de este córvido ruidoso y malhumorado cuando algún animal peligroso para sus polluelos se acerca a ellos. Su táctica ya saben cuál es, insistir en graznidos alarmantes y picotear al supuesto cazador.

Creo que es un gato que anda merodeando por ese lugar, pero me extraña un poco que apenas se mueva. Me acerco, las urracas se van, y cuando intento descubrir al felino entre el yerbazal estoy a punto de pisar una enorme culebra bastarda.

Ante mi presencia, el reptil sale reptando hacia abajo a toda velocidad y comienza a trepar por un saúco de cierto porte. El perro corre tras el culebrón sin saber realmente lo que es, pero no la alcanza(cuesta abajo las culebras son realmente rápidas). Pero lo que me sorprende es que tras alcanzar la rama más alta del saúco saca su cuerpo como 40 centímetros y comienza a mover la cabeza de forma desafiante. Mi perro le ladra y la culebra aguanta con su desafío.

A los tres o cuatro minutos se debe cansar de esa postura y se lanza de golpe al suelo para emprender de nuevo la carrera hacia unas zarzamoras casi impenetrables, donde debe de tener su refugio.

Cuando era pequeño me hizo algo parecido una culebra de escalera, pero lo de la bastarda me dejó estupefacto. Sé, además, que si te muerde no es peligrosa porque inocula muy poco veneno, lo suficiente para atontar a sus víctimas. Nada que ver con la mordedura de una víbora.

Vuelvo al principio y descubro que en la zarza del lindazo han construido un nido las urracas y que por la época debe de tener huevos. Las culebras son expertas en engullir tan excelente manjar cargado de proteínas y las picazas lo saben. Otra cosa es que la culebra fuese capaz de alcanzarlo por la situación de nido, rodeado de pinchos por todos los lados.

A pesar de su mala leyenda, la culebra es bastante beneficiosa pues caza numerosos ratones, aunque donde abundan los conejos no hace ascos a los gazapos pequeños u otros reptiles como los lagartos. De manera que deberemos protegerla.

Tres buitres negros

En un pueblo del Alto Tajo cercano a Aragoncillo para la capacidad de desplazarse de estas aves, siguen trabajando en la reintroducción del buitre negro por estos lugares montañosos plagados de enormes pinos silvestres y negrales de formidable porte, lugar donde hacen sus enormes nidos, frente al buitre leonado que prefiere los cantiles.

Precisamente en uno de estos días de aguaceros y algarazos tres enormes carroñeros de esta especie se dieron un paseo por esta zona y su actitud me sorprendió. No entendía por qué volaban tan lentos, hasta que descubrí que estaban “haciendo tiempo” para que pasara uno de estos algarazos de granizo que venía del oeste en forma de hostigo por el viento que tenían que cruzar y emprender la marcha a sus querencias a la velocidad normal de crucero de tan excelentes planeadores.

Hasta la fecha, pensaba que eran los vencejos los únicos expertos en esquivar las tormentas y aguaceros. He comentado en estas páginas que cuando en verano amenaza tormenta, aconsejo mirar al cielo y si no se ve ningún vencejo, lo más prudente es refugiarse. Mientras que si se siguen observando puede caer algo de agua, pero no mucha.

Por cierto, los vencejos, emigrantes durante el invierno a África, todavía no han llegado a estas tierras montañeras, mientras que las golondrinas y aviones ya hace casi un mes que se han instalado. Está claro que son con mucho los más frioleros de este grupo de formidables voladores que cada verano nos salvan de que los mosquitos nos machaquen a picotazos. Se cree que cada individuo adulto es capaz de capturar mil mosquitos al día.

Los aviones también consumen salitre

Uno pensaba que a los únicos que les encanta la sal y que la lamen como si fuera una golosina son los caballos, vacas, cabras, ovejas, ciervos, corzos y hasta jabalíes. Tanto es así que en época invernal cuando se circula por carreras de montaña conviene aumentar la precaución al volante porque podemos encontrarnos con alguno de los animales citados en mitad del asfalto. Por otra parte, en algunos cotos de caza para retener a venados y corzos se les ponen bolas de sal. El cloruro y el sodio que aporta la sal es importante para el desarrollo y salud de estos animales.

También es conocido que entre las aves, el fornido piquituerto común, frecuente donde abundan los pinares, repasa también las cunetas para picotear la sal. Pero lo que me ha resultado asombroso es descubrir cómo los aviones roqueros y zapadores se enganchan con sus uñas a las paredes de las casas construidas con piedra arenisca para disfrutar del salitre que rezuman. En una del pueblo cercana a la de mi casa se produce un espectáculo digno de ver, donde cientos de esta familia de hirundinidos picotean las piedras más salitrosas, mientras el resto espera su turno con gorjeos no especialmente muy agraciados.

Los de abril para mí

Recuerdo que de pequeño un maestro muy refranero recitaba alguno según la estación. En primavera con respecto a los caracoles no había día que no dijera: “los de abril para mí, los de mayo para mi hermano y los de junio para ninguno”. Lo cierto es que este refrán es más adecuado para tierras más cálidas, porque por estas zonas montañosas el mes de mayo es bastante más adecuado para buscar caracoles, puesto que el frío tampoco les gusta demasiado.

En estos días de aguaceros y salidas intermitentes del sol, la zona norte del pueblo ha sido conquistada por unos caracoles realmente gigantes. Todavía no han salido muchos de sus escondites.

Con el cuerpo fuera sacando los cuernos al sol miden más de 8 centímetros y nadie sabe cómo han aparecido. Alguien ha comentado que este molusco terrestre es una variedad que se cultiva en Francia en granjas. Pues sea de donde sea uno reza para que cualquier día no nos invadan y menos mal que no hay ningún huerto por la zona donde se mueven, pues con tal cuerpo y el apetito que tienen por lo verde seguro que arrasarían los cultivos. Y recemos que, de momento, no nos colonice una especie de caracol africano que dado su tamaño no nos cabe en una mano.

Los caracoles más exquisitos son mucho más pequeños, se encuentran en el monte entre aliagas y tomillos, son de color blanco con alguna raya marrón en el caparazón y bien guisados te chupas los dedos. Sin embargo, hay muy pocos y cuesta dios y ayuda coger dos o tres docenas.

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