Bienvenidos sean los pájaros del verano

Golondrinas, aviones y vencejos contribuyen a que tengamos en los pueblos un ambiente más saludable en primavera y verano. Forman parte del paisaje natural y cultural y reducen la molesta presencia de mosquitos. Sin embargo, todavía hay personas que destruyen sus nidos, incluso con antes de que los polluelos hayan roto el cascarón.
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Llegado el mes de abril, por estas latitudes montañeras, una serie de aviones y golondrinas empiezan a colonizar los pueblos volando a toda velocidad y capturando miles y miles de mosquitos que nos harán a los humanos la vida más cómoda al salvarnos de innumerables picotazos.

Los vencejos, conocidos en la mayoría de las localidades como aviones, entran un poco más tarde, como a primeros de mayo. Estos suelen moverse en sus trasiegos por encima de los tejados y mucho más altos, mientras que golondrinas y aviones callejean tropezando en ocasiones con otros vecinos conocidos como seres humanos.

Hablando con algunas personas, observo que todavía existe cierto desconocimiento sobre estas especies. Por ello, vamos a intentar describir las pequeñas diferencias entre unas y otras aves.

Pájaros de barro

El avión común y la golondrina construyen el nido de barro. El primero deja solo un pequeño agujero de entrada y salida; la segunda lo fabrica más abierto, como si partiésemos una naranja por la mitad. Y el vencejo utiliza los huecos de los aleros y otras brechas en las paredes para colocar su nido.

Este último es incapaz de posarse en el barro y levantar vuelo, pues sus alas son enormes en proporción a su cuerpo y al dar en el suelo, les cuesta mucho salir volando a no ser desde una superficie lisa y más bien llana.

Muy vinculadas al ser humano, estas especies crean en los pueblos un ambiente más saludable. Además, ya forman parte de nuestro patrimonio natural y cultural; y da gusto cuando el pueblo se llena de tan formidables cazadores de insectos y voladores, pues la mayoría ha tenido que recorrer miles de kilómetros hasta saludarnos con sus trinos un año más.

Aunque no son especialmente muy virtuosas con el canto. Las golondrinas, por ejemplo, cuando se posan en los cables del teléfono o de la luz emiten sus gorjeos, y en ocasiones da la impresión de que tienen la garganta irritada porque no son sonidos limpios.

Otros aviones y golondrinas

No son solo estos tres pájaros los que nos visitan, que pueden presumir de primos, en cierto modo parecidos. El avión roquero, el avión zapador y la golondrina dáurica son bastante comunes.

Pero solo el roquero y la golondrina anidan en edificios construidos por el hombre. El zapador se encarga de taladrar un agujero en los taludes en el campo para criar, algo parecido al colorido abejaruco.

Curiosamente, la dáurica, de colores más vivos que la común, sigue colonizando la península de sur a norte. Su nido se parece a un igloo invertido que si uno no se fija bien se puede confundir con el del avión común.

Por otra parte, las diferencias entre el roquero y el zapador son notables. El primero es bastante más grande y apenas posee blancos en su plumaje, mientras que el zapador está adornado con una franja negra a la altura de su pecho blanco.

A finales de agosto, a veces hay más de 500 individuos posados en los cables; también se agarran con sus cortas patas a las paredes salitrosas cubriendo parte de las fachadas de algunas casas donde descubren este condimento.

Nidos rotos

Sin embargo. no todo el mundo se alegra de la presencia de estas aves, en especial cuando anidan en sus casas. Todavía hay personas que deben de ser muy relimpias y rompen los nidos con varas largas o bien a manguerazos con agua a presión.

Tanto les da que hayan roto los polluelos el cascarón como si no lo han hecho todavía. Además, piensan estas personas destrozanidos que estos pájaros son unos cochinos, porque no solo manchan la acera con sus excrementos, es que también ensucian el coche aparcado al lado de la puerta de casa.

Estoy convencido de que, si supieran que una golondrina, por ejemplo, consume al día más de 850 mosquitos y que su presencia es síntoma de salud ambiental, quizás no lo harían.

Basta con calcular el número de ejemplares que habita el pueblo y multiplicar este número por 850 y por los días que nos acompañan antes de emigrar, para hacer un calculo del regalo que nos presta la naturaleza una vez más.

Claro que si estuvieran avisadas de que destruir un nido lleva incluida una multa que puede llegar a los 200.000 euros, es posible que se lo pensaran dos veces.

No obstante, la mayoría de los vecinos parece haber adquirido en los últimos años una sensibilidad especial por estas y otras aves. Y son propensos a llamar a la Guardia Civil cuando se encuentran por el suelo algún individuo malherido. Pero cuidado cuando se trate de un vencejo.

El llanto de Fernandito

Aunque han pasado cerca de 60 años, recuerdo como si fuera hoy los lloros de Fernandito, el hijo del médico de Peñalén (Alto Tajo), cuando atrapó un vencejo del suelo. Armados estos atrapamoscas con unas patas cortas y fuertes, terminando con unas uñas que se clavan como púas, hay que saber cogerlos para no lastimarte. Además, también utilizan el pico como defensa. Y de verdad que hacen mucho daño.

A lo largo los años he cogido bastantes, víctimas de trompazos contra alguna pared. Por la experiencia, recomiendo atraparlos por atrás y sujetar con firmeza las alas por las puntas para que el vencejo no pueda darse la vuelta. A continuación, y lo antes posible, se le lanza al aire para que retome el vuelo. Y si no lo hace, avisar a la autoridad o a alguna sociedad ornitológica.

Mientras tanto, conviene llevarlo a casa, colocarlo en un sitio a la sombra, pues dejarlo en la calle es carne de cañón para los felinos.

Como muy cerca de Aragoncillo (Guadalajara) tenemos una laguna pequeña o charca grande, según se mire, recomiendo en estos días de verano observar como vencejos, aviones y golondrinas beben agua. Los primeros, sobre todo, se lanzan en picado y cuando llegan a la superficie la recorren con el pico clavado, formando rayas.

Una técnica muy parecida a la de los aviones cisterna apagafuegos cuando cargan sus depósitos. Los vencejos aprendieron esta táctica muchísimos años antes que el hombre. Y así siguen, cargados de experiencia y sabiduría natural.

Foto destacada: Creative Commons, https://anuario.albacete.org/especie/fotos

Autora: Julia Jiménez Gómez

Palabras claveavesbiodiversidad

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