Corzo. Ignacio Ferre Pérez. Creative commons

La difícil gestión de los corzos

La caza de corzos está de moda en busca del mejor trofeo. Pero al abatir menos hembras la población crece y aumentan los daños a la agricultura y los accidentes en la carretera.
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La situación no es nueva. Ya hace varios años que, en un artículo similar a éste en eldiariorural.es, comentábamos algunos rasgos de la realidad del corzo, destacando que su población por estas zonas de montaña de Guadalajara había aumentado de forma considerable. En especial el número de hembras, pues el cazador de este ungulado lo que intenta abatir son los machos, los únicos que poseen cuernos, en busca del codiciado trofeo.

Basta con ser un poco observador viajando en el AVE para ver numerosos grupos desde la altura de Brihuega hasta Calatayud. Y lo mismo sucede circulando en coche por la A2 e incluso tomando la N 211 hacia Teruel.

La mayoría pasta a las orillas de los montes arbolados. De hecho, personas que circulan todos los días por la 211 me comentan que no hay día que no ven una mancha de sangre nueva en el asfalto como consecuencia de los atropellos de este precioso animal.

Es tal el número de este herbívoro -se calcula que hay alrededor de un millón en España- que los accidentes de tráfico han aumentado, así como los daños a la agricultura. Y no lo digo yo, lo aclara Florencio Marquina, presidente de la Asociación del Corzo Español (ACE).

Este doctor en ciencias biológicas ha presentado a comienzos de año un estudio sobre la situación del corzo en España en colaboración con la Fundación Artemisan, en el que dice mucho más.

Según este experto, solo en los últimos cinco años sus capturas han aumentado un 33%. Aun así, señala, hay un desajuste entre la capacidad real de capturas y el número de cupos que se otorgan.

Pone en dedo en la llaga cuando asegura que la caza del corzo hay que tomarla más como un aprovechamiento de gestión que como una búsqueda de trofeos y que se deberían cazar el mismo número de machos que de hembras, algo que ahora no ocurre en España. Añade además que se deberían “extraer” el doble de ejemplares que en la actualidad.

Guadalajara y Teruel están de moda

El corzo macho parece tener un imán para los cazadores. Desde el 1 de abril hasta finales de julio, su caza ha pasado de ser una pasión hasta convertirse en obsesión.

Basta con observar cualquier fin de semana a un ejército de foráneos vestidos con ropa de camuflaje comprando en los mercados de los pueblos más grandes a media mañana. Como curiosidad, antaño no se veían mujeres y ahora anda alguna bastante joven con el rifle al hombro por estos montes.

El ránking del corzo con la cuerna más grande fue cazado en Teruel y los dos siguientes en Guadalajara. Así que no es nada extraño que estas dos provincias acojan a los que quieren subir al podio.

Puesto que tiene cierta complejidad valorar el trofeo, solo diré que es la Junta Nacional de Homologación la que mide la cuerna y la que da el veredicto oficial del tamaño. Por supuesto, es voluntario llevar la cuerna a la citada Junta.

Por otra parte, esa especie de neura por abatir el mejor y más grande trofeo está viniendo muy bien en el sentido monetario a los pequeños pueblos de la zona. Éstos, aprovechando el tirón, ingresan entre 8.000 y 12.000 euros por temporada, una cantidad que les viene muy bien a sus vacías arcas.

Muchos de estos pequeños municipios venden principalmente a los que han pisado moqueta de pequeños, solo el corzo, quedándose para ellos el jabalí, ciervo y gamo, entre otras especies cinegéticas, con los que organizan batidas desde octubre hasta mediados de febrero.

Y aquí, en la venta del corzo es donde aparecen los intermediarios. Hace tiempo, algunos avispados negociaron con los ayuntamientos quedarse con el corzo durante varias temporadas y ahora venden los precintos a los que mejor pagan. De esta manera se desentienden de su gestión, pues en general lo único que hacen es contactar con los interesados y cobrar.

¿Qué son los precintos?

Para los no entendidos conviene decir que existe cierto control para abatir este ungulado. Son las comunidades autónomas las que dispensan a cada coto, según el plan técnico de caza, un determinado número de precintos. De manera que cuando algún aficionado caza este ungulado está obligado a colocar en la cuerna el citado precinto. De lo contrario y de no llevarlo puede ser sancionado. Por supuesto, tampoco lo puede transportar sin el citado seguro.

Por regla general, las comunidades autónomas suelen conceder menos precintos de los que pide el coto del pueblo.

Me comentaba un experto y veterano cazador de este grácil y bonito animal que es muy listo y que algunos ejemplares lo traían de cabeza porque no había forma de abatirlos. Sin embargo, a la que de verdad les hace la vida imposible es a la Guardia Civil al haber tantos accidentes de tráfico, con los correspondientes atestados en muchos casos.

La gestión del corzo

Además de las fechas que van de abril a julio, el corzo macho se puede cazar a rececho también en septiembre. A la vez, la mayoría de las comunidades autónomas dan en invierno permiso un mes o dos para cazar hembras y así compensar el número entre los machos. Lo que sucede es que en numerosos cotos esto no se lleva a cabo, o si se hace son muy pocas las hembras capturadas.

En Aragón, por ejemplo, los corzos hembras se pueden cazar en las batidas de jabalíes y ciervos. Una táctica que no está mal vista por muchos cazadores de otras regiones.

El veterano cazador avisa de que al no cazar hembras y aumentar su población, los gestores de los cotos se están tirando un tiro en el pie, pues a mayor número de hembras los machos tendrán peores trofeos al tener entre ellos menos disputas territoriales en época de celo. De manera que con el tiempo perderán la gallina de los huevos de oro.

Por otra parte, Marquina en su estudio entra en el tema de los daños a la agricultura, asegurando que existe una nefasta planificación agraria que no contempla la prevención de daños como una práctica habitual. Y añade que la producción y la conservación van por caminos diferentes, cuando deberían ir de la mano.

Cazar es ahora más fácil

Tanto en municiones perfeccionadas como en utensilios mejorados, abatir en la actualidad un corzo resulta bastante más fácil que antaño. El calibre tan de moda 6,5 Credmor, los llamados PRC (Cartuchos de Rifle de Precisión) y alguno más permiten conseguir el trofeo a 500 metros o más de distancia.

Si a esto añadimos unos visores que basta con regular la torreta balística para calcular donde tiene que ir el disparo y, además, miden la distancia real entre cazador y pieza, poco más podemos decir del esfuerzo de los fabricantes por ponérselo más fácil al corcero.

Claro que los más perfeccionistas, al igual que los francotiradores, miden la humedad del ambiente, velocidad del aire y vaya usted a saber qué parámetros más.

Foto destacada: Corzo. Ignacio Ferre Pérez. Creative commons

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