El mercado de La Boquería, en Barcelona, uno de los mercados más visitados por turistas en toda España.

Título: La ciudad como parque temático. Autor: James Nolan. Localización: Lateral: Revista de cultura, nº 86, 2002, pág. 9. Un texto que me envía mi compañera y amiga Mariola por correo electrónico y en asunto pone: “para tus reflexiones”.

Me pongo a la tarea y voy subrayando algunas frases:

“Hoy he podido hacer la compra sin tener que hacer cola detrás de unos borrachos con globos de fiesta prendidos a la cabeza, cada uno esperando a pagar su litrona”.

“En aquellos tiempos el Barrio estaba repleto de negocios familiares, (…) Esto fue hace mucho tiempo, cuando yo era niño, cuando la gente todavía iba a las ciudades para hacer dinero, no para gastarlo. Ahora no hay más que un solo negocio: el turismo de masas”.

“Pero cuando salgo por el portal de casa no me encuentro en las aceras el bullicio de la vida y el comercio locales. Sólo me topo con la mirada vacía de las cámaras de vídeo. Los turistas, allí están; con una cerveza en la mano, tratando de empaparse de una autenticidad que se eclipsa por el mero hecho de su presencia.  Lo que andan buscando, sea lo que sea, hace mucho que ha desaparecido, para dejarles el sitio a ellos”.

“Un viaje de verdad cambia sin duda al viajero, porque este se amolda al nuevo lugar y a su entorno. El turismo, en cambio, modifica el lugar visitado, porque el lugar tiene que adaptarse a las experiencias de los turistas, (…) Vaya a donde vaya el turista, siempre encuentra el mismo entorno con distintos temas”.

“El turismo deja la cultura local vacía de significado, la congela en un momento preciso de la historia hasta el punto en que, agostándola, pierde la libertad de continuar creciendo”.

Un precioso relato en el que James Nolan, que cada día camina con sus compras por el Paseo del Fantasma en el barrio francés de Nueva Orleans, donde vive, da cuenta de los cambios en la ciudad y su transformación en un gran parque temático al servicio de los turistas: “Yo soy el verdadero fantasma: el fantasma de cómo vivían antes los americanos. Soy un objeto viviente exhibido en un museo urbano. A menudo me he planteado la posibilidad de solicitar en el Ayuntamiento un estipendio mensual a cambio de pasear por las calles tocado con una boina y con una barra de pan bajo el brazo. Pero me temo que no lo entenderían”.

Cada año 750 personas abandonan el barrio para irse a vivir a la periferia de ciudad. Un barrio en el que ya apenas vive nadie cuando en 1980 había 10.000 personas, “vivir en el museo urbano es muy solitario. Incluso en el zenit de la temporada turística, rodeados de hordas de visitantes, los residentes nos sentimos como si perteneciéramos a una especie casi en extinción”.

En las clases de Historia social y económica explico cómo hasta la primera revolución industrial la población se movía hacia las ciudades desde los pueblos en las épocas de bonanza económica y cuando venían mal dadas, los pudientes, buscaban abrigo en las zonas rurales. Esto se acabó con la primera revolución industrial. La fuerza de atracción del trabajo de las industrias, que prefirieron asentarse en las ciudades y no en los pueblos (con excepciones notables en algunas regiones europeas), provocó grandes movimientos internos de población, hasta la tercera revolución industrial. Ahora que estamos transitando hacia la cuarta y en la que el trabajo pierde aportación al valor de los productos tangibles e intangibles y las industrias se han ido a los países pobres por razones bien conocidas, las ciudades ya no tienen el trabajo como imán para atraer población estable que la habite y “la cultive” (la gente ya no viene a la ciudad a hacer dinero, viene a gastarlo, dice Nolan), ¿Qué será de las ciudades? ¿Volverán a poblarse los pueblos? ¿Alguien narrará mañana “la ciudad vacía”?

Hoy son desiertos urbanos aquellas ciudades modelo de las primeras épocas de la industrialización, Deltroit por ejemplo, que no se han reconvertido a la industria del turismo más propia de la tercera revolución industrial (como el automóvil lo fue en la segunda) caso de Venecia, por ejemplo, donde las imágenes de estos días muestran que, incluso con aqua alta, ahí siguen los invasores, cuando los venecianos hace ya tiempo que se mudaron.

Allí donde esta industria se asienta ocurre lo mismo. Este verano viajamos Soraya y yo a Porto y comprobamos hablando con algunos resistentes cómo la ciudad vieja estaba ya prácticamente comprada para uso turístico. ¿Qué ha pasado en el barrio Gótico de Barcelona? La calle laurel de Logroño o Portales es una hilera continua de bares y restaurantes, pensados más para cebar a los turistas que para disfrute de los habitantes de la ciudad. Piense Usted en sus propias vivencias turísticas o viajeras y concluya.

Una cultura urbana de usar y tirar es lo que nos están ofreciendo, eso sí, con el discurso de la sostenibilidad en los objetos en los que nos presentan la paella, las patas con chorizo o el vino. No sé la huella que estos cambios dejará en los jóvenes (mis alumnos no son muy expresivos de palabra o yo no consigo motivarlos aun provocándoles), y tampoco sé si llegará al extremo de la prima de James Nolan que cuando éste la llevó al zoológico de San Francisco le dijo: “Los animales de la televisión son mejores”.

Las ciudades son un buen escenario para mirar la huella del turismo, esa industria hacia la que muchos miran cuando hablan del futuro del mundo rural y de la que pocos advierten los riesgos que conlleva quizás cegados por la deslumbrante obsesión de moda de llenar los pueblos ¿Por qué hay que llenar los pueblos? ¿Para qué? Yo quiero que a mi pueblo vengan vecinos y viajeros, turistas no.

En este texto se muestran los modelos para el centro de la ciudad y sus viejos barrios que parecen apuntarse para este siglo XXI: “una ciudad o bien desierta (Deltroit) o dominada por el crimen (Nápoles) o bien museo urbano”. La dicotomía que platea Nolan para la convivencia en algunas ciudades es sencilla, ¿Qué prefieres un matón o un turista?

Hasta aquí mis reflexiones que comparto con Usted, un mensaje (que no leerá) para la sobrina de Nolan, no, no son mejores los animales de la televisión, aunque no huelan a mierda (a veces hay que decir lo obvio) y antes que tener que elegir un matón o un turista para la convivencia en la ciudad en la que pasar mis días, prefiero quedarme en mi pueblo.

Gracias Mariola por el regalo

Emilio Barco
Alcanadre 14 de noviembre, esperando a que nieve

Foto descatada: La Boquería, en Barcelona, uno de los mercados más visitados por turistas en toda España.

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