Un campo de riego automatizado en la provincia de León. Foto: EDR.

Cuestión de inteligencia

El autor reflexiona sobre el horizonte que se abre en las zonas rurales con la irrupción de la inteligencia artificial.
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Hace setenta años, el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov nos mostró en varios de sus relatos cómo funcionaba Multivac, una especie de computadora inteligente la cual controlaba el devenir de la humanidad mediante una red de conexiones distribuidas por los hogares. La historia se desarrollaba en nuestra cultura occidental y en una época similar a la actual. Cuando digo controlaba, me refiero a que el cerebro cibernético manejaba todas las funciones importantes de la sociedad. La computadora elegía democráticamente al presidente del país, basándose en el absoluto conocimiento de la tendencia política de cada habitante. Multivac también ofrecía soluciones a las cuestiones que le dictaban sus dueños; y en el caso de que la máquina no supiera la respuesta a la pregunta que se le formulaba, nadie se preocupaba en indagar. Si Multivac no daba con la solución, es que no existía respuesta alguna. De este modo, el hombre perdía la capacidad de pensamiento crítico, ya que la inteligencia artificial, cual Dios omnipotente, se encargaba de cavilar y establecer su criterio.

Esta fue la premonición del novelista y esto es lo que ya nos está empezando a suceder con internet y la recién incorporada Inteligencia Artificial. Creo que el planeta en el que vivimos no difiere mucho del que nos presentaba este genial escritor. Estamos dando los primeros pasos con la IA, y la gente no se cansa de pedirle trabajillos de lo más diversos. Cualquier individuo puede acceder a sus súper poderes y realizar preguntas técnicas que, hasta la fecha, ningún erudito sabía responder con precisión sin antes abrir las puertas del debate. ¿Quién es el mejor filósofo de la historia? ¿Quién es el mejor jugador de futbol? ¿Hay vida en otro planeta? Y lo curioso del asunto, es que las personas empezamos a confiar en ese “programa” informático, y sus respuestas ya casi van a misa.

Desde mi perspectiva rural, ese artilugio pensante se halla a un paso de desplazar al mismísimo Espíritu Santo; ambos son entes impalpables, pueden estar en muchos lugares al mismo tiempo, y desarrollan una sabiduría descomunal. También es cierto que nosotros le estamos otorgando ese rango y esa competencia. Supongo que hasta los científicos más ateos, en ocasiones, sufren carencias espirituales y necesitan creer en un Dios creado a su imagen y semejanza. La humanidad busca que alguien poderoso la guie. ¿Quién mejor que la IA?

A mí, la verdad, no me atrae demasiado una entidad que se apellide artificial, pero para no parecer un pardillo o un “fuera de onda”, he saltado al ruedo con la intención de probar la capacidad sobrehumana que posee el programa en cuestión. He tenido la oportunidad de preguntar al Dios de los ateos, la principal razón por la que las zonas rurales de España perdieron población y se transformaron en lo que son hoy. La respuesta del cerebro cibernético ha sido memorable; yo diría que ha estado a la altura de un auténtico aldeano curtido en el monte. Después de marcarle unos parámetros al programa informático, para que pudiera razonar con más soltura, la máquina ha llegado a esta conclusión: Los motivos que le empujan a una especie animal a abandonar su hábitat, son dos; la falta de alimentos y el exceso de enemigos.

En fin, que la IA me ha contado lo que ya sospechaba, solo que me lo ha descrito con un rigor matemático. ¡No está mal! Y mi esperanza, después de adentrarme en el futuro, es que algún ejecutivo del gobierno empiece a creer en esa nueva doctrina, y con ello deje a un lado sus prejuicios y se anime a rellenar su mente con certezas.

Suele ser costumbre entre la élite dirigente no prestar demasiada atención al paisano rural; supongo que nos ven bastante desfasados y muy llorones… pero claro, es que ahora estamos hablando de Inteligencia Artificial, nadie en su sano juicio puede dar la espalda a esa presencia superior. Quizá esta irrupción de la tecnología, en vez de aislarnos más del mundo, nos brinde el apoyo que necesitamos. Me agrada imaginar que el novedoso programa sea una valiosa herramienta en el resurgir de los pueblos. Tal vez, los líderes políticos se tomen en serio el problema cuando la voz de la pantalla les señale con su dedo digital. ¿Y si hemos asfixiado con tanta norma a las zonas rurales? ¿Y si el pequeño ganadero ha desaparecido por su escasa rentabilidad? ¿Y si el agricultor llevara razón al quejarse? ¿Y si fuera cierta esa falta de atención?

Resulta paradójico que los mismos que producían alimentos tuvieran que escapar a la ciudad en busca de sustento. Y podemos dar mil vueltas al asunto y aderezarlo con los colores políticos que queramos, pero la realidad es esa: SI NO HAY RECURSOS, NO HAY ESPECIE.

Espero que ahora que contamos con la voz de este “moderno” Espíritu Santo, la sociedad valore de otro modo nuestros espacios campestres y comience a tenernos en consideración. Me encantaría que los nuevos dirigentes, esos cuya mente es incapaz de idear soluciones asequibles, empiecen a usar la Inteligencia Artificial. Es posible que la gente solo necesite respuestas de computadoras, no de ganaderos.

Aunque llegado a este punto del escrito me está surgiendo una duda existencial: ¿Qué remedios ofrecerá la IA? Porque claro, la razón del éxodo rural ya la sabemos; su santidad lo ha explicado perfectamente, pero ¿qué planes propondrá para frenar el conflicto? ¡Ay madre! Me da miedo preguntar de nuevo al ente pensante. Creo que necesito más tiempo de adaptación a esta tecnología; por hoy ya he tenido bastante. Sin duda que me asustan las soluciones.

¿Qué os apostáis que el puñetero invento la termina liando? Espero que no; confío en que la computadora ofrezca respuestas sencillas y viables. Sin embargo, soy agricultor y receloso por naturaleza, con lo cual no puedo evitar ponerme en el peor de los escenarios. Se avecina tormenta y puede traer pedrisco. Creo que, en cuanto este asunto de la Inteligencia Artificial se desarrolle un poquito más, alguien poderoso lo manipulará para alcanzar otros fines menos benéficos. Y es que el poder, mal que nos pese, nunca ha estado al servicio del PUEBLO.

Foto: Un campo de riego automatizado en la provincia de León. Foto: EDR.

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