Recogida de sandías. Foto: Joaquín Terán.

Circuitos cortos | Microrrelato

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Justo al mediodía, la furgoneta de Ramiro se detiene en una de las calles laterales del paseo marítimo. Es una calle sin salida, por lo que no hay problemas de interrupción del tráfico ni tampoco es un sitio muy visible para la vigilancia municipal. Ramiro es propietario de una pequeña parcela en el valle del Guadalhorce donde cultiva hortalizas y frutales. Está al límite como tantos pequeños agricultores, y fue uno de los que se movilizaron a principios de año con el sindicato cortando la autovía con una pancarta en la que reclamaban precios justos y muchas cosas más. Escéptico y desconfiado de las grandes acciones y de la política, se busca ahora la vida por su cuenta y riesgo. En torno a la furgoneta se agolpan algunos residentes que han bajado de los apartamentos cercanos, y también algunos bañistas que, al oír el claxon, han dejado la sombrilla en la playa y se acercan para ver los productos que les ofrece Ramiro. Sandías, melones, melocotones, uvas, ciruelas y cerezas son algunas de las frutas que lleva en la furgoneta, junto a lechugas, cebollas, tomates, pepinos y pimientos, todos recién cogidos de la huerta. En unos minutos ha montado un mercado de proximidad, de esos que llaman “circuitos cortos” y que ahora tanto proliferan buscando mayor cercanía entre productores y consumidores para evitar intermediarios y poder soslayar a la gran distribución. Los hay más organizados, sitos en lugares habilitados y puestos a disposición de los productores por los ayuntamientos, sometidos además al control municipal y sanitario. El de Ramiro es un circuito corto informal, un mercado en el que el productor es el que se acerca a la puerta del consumidor, recordando así los antiguos mercaderes y cosarios que recorrían con sus quincallas los núcleos rurales diseminados. Con ello aspira Ramiro a reducir costes y sacar mayor rentabilidad a su parcela. Todo lo basa Ramiro en la calidad de lo que ofrece, en su mejor precio y en la comodidad que proporciona al consumidor que no quiere molestarse en ir a la plaza de abastos, al supermercado o al gran centro de distribución. Me acerco, y cuando estoy eligiendo un melón y algunas ciruelas, recibo un mensaje en mi teléfono móvil. Es de la oficina de Amazon en Málaga, que me avisa de que el pedido de aceite de oliva que he hecho por internet a la empresa Oliva Scent lo entregarán en mi domicilio antes de las 14:00 horas. Otra forma de circuitos cortos, pensé, éste un mercado de proximidad no física, sino virtual. Son dos buenos ejemplos de cómo los agricultores se esfuerzan por salir de la situación límite en que se encuentran. El caso de Ramiro y el más organizado de la red de mercadillos de proximidad “Guadalhorce Ecológico” aprenden del pasado, del conocimiento local, agroecología, le llaman. El de la empresa Oliva Scent usa las herramientas tecnológicas online. Ambos son utilizados por los productores agrícolas para superar las dificultades del presente y afrontar el futuro. Quizá la clave esté en la coexistencia entre esos dos tipos de circuitos cortos, de mercados de proximidad, junto a los más convencionales de interacción con los demás eslabones de la cadena alimentaria.

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