#AgricultoresAlLímite: ¿El principio del fin de la revuelta?

El decreto aprobado ayer da respuesta a muchas de las reivindicaciones de los agricultores al límite. ¿Logrará el Gobierno poner fin a las protestas?
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Protesta de los agricultores al límite, en Toledo. Autor: Joaquín Terán.

Los agricultores y ganaderos españoles llevan demasiado tiempo siendo sometidos a todo tipo de abusos por parte del mercado. Arrastrados por la todopoderosa gran distribución, que marca desde hace décadas las reglas del juego, las industrias, los Gobiernos y hasta las cooperativas han arrastrado al primer eslabón de la cadena hasta el abismo. Pero el primer eslabón ha dicho basta.

La revuelta de los agricultores al límite lleva fraguándose muchos años. Y por fin ha estallado. El sentimiento de engaño es de los más desesperantes que puede sentir una persona. Y es engaño lo que los agricultores sienten al ver que han trabajado como burros para obtener, en el mejor de los casos, las migajas de un banquete al que ni siquiera han sido invitados. El engaño genera indignación, y la indignación puede canalizarse de muchas maneras.

En esta revuelta, es innegable el papel fundamental que han jugado las organizaciones profesionales agrarias mayoritarias: ASAJA, COAG y UPA. La unidad de acción con la que han actuado, dejando a un lado sus diferencias -que las tienen- y apostando por protestas masivas, diseminadas por el territorio, pacíficas y espaciadas a lo largo de varias semanas, se ha demostrado como una estrategia eficaz.

Pedro Barato, Miguel Blanco y Lorenzo Ramos, momentos antes de la reunión con el ministro Planas en el día de ayer. Autor: Joaquín Terán.
Pedro Barato, Miguel Blanco y Lorenzo Ramos, ayer, momentos antes de la reunión con el ministro de Agricultura, Luis Planas. Autor: Joaquín Terán.

El surgimiento de movimientos “independientes”, organizados básicamente a través de Facebook, Whatsapp y Telegram, ha servido como acicate para “despertar” a las organizaciones profesionales clásicas, que han terminado canalizando la indignación del campo convocando las protestas y al mismo tiempo negociando con el Gobierno y poniendo por escrito las reformas que finalmente se han aprobado por Real Decreto.

La actitud del Gobierno en esta crisis ha sorprendido a muchos. La reacción ha sido rápida y consecuente, y las modificaciones legislativas introducidas a raíz de las protestas eran hasta hace poco -como señaló UPA- “utopías irrealizables”. La trasposición de la directiva europea de prácticas comerciales desleales puede ser el “remate” a este cambio de las reglas del juego que busca dar más poder a los agricultores y -al tiempo- aplacar sus ánimos.

El ruido político ha sido más bien escaso, a pesar de que los temas que abren telediarios siempre son objeto de polémicas, más o menos artificiales. La derecha en la oposición ha tratado de disparar -sin mucha puntería- hacia cuestiones en realidad bastante ajenas a la protesta: como la subida del Salario Mínimo Interprofesional; el papel de la ministra de Trabajo Yolanda Díaz o el vicepresidente Pablo Iglesias; o hacia el propio secretario general de UGT, Pepe Álvarez, que con su ya mítica frase sobre la “derecha terrateniente y carca” contribuyó a calentar a las fuerzas conservadoras al inicio de la crisis.

Está claro que la estructura provincial de las protestas y el carácter federal de las organizaciones profesionales agrarias, que gozan de una gran autonomía regional, ha contribuido a alargarlas en el tiempo. El efecto contagio ha llevado a ciertas regiones tal vez no tan indignadas como otras en un principio a organizar sus propias tractoradas, que por el momento se alargarán hasta bien entrado el mes de marzo.

Tras un mes de protestas y con un Gobierno muy reactivo y sensible, parece que se aleja la posibilidad de una gran movilización en Madrid. Un hito que, lejos de una foto impactante, no tiene por qué aportar ni resolver nada por sí solo. Aún está por ver si los grupos radicales lograrán algo más allá de desahogarse en las redes sociales y organizar alguna acción más o menos violenta.

Por su parte, COAG, UPA y ASAJA salen de esta crisis más fuertes y despiertas de lo que entraron. A pesar de la veteranía de sus máximos líderes, pueden sentirse orgullosos de haber organizado el mayor proceso de movilizaciones agrarias de la Historia de España, cuando muchos ni siquiera se lo esperaban.

Lo lógico ahora es que la revuelta se vaya relajando. Una AICA reforzada comenzará a actuar, los contratos de compraventa empezarán a ver subir unos cuantos céntimos en todos los sectores y los ánimos se irán calmando. De rebote, estas protestas han contribuido también a que Pedro Sánchez se tome en serio el reto de evitar recortes en las negociaciones de la futura PAC, un elemento fundamental para el futuro de la agricultura, la ganadería y todo el medio rural.

Foto descatacada: Protesta de los agricultores al límite, en Toledo. Autor: Joaquín Terán.

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