Aves y fauna silvestre, a mesa puesta gracias a los agricultores

Las salidas por la noche tras los jabalíes para frenar sus destrozos en cereales y pipas de girasol por las tierras de montaña del Alto Tajo dan para escribir un libro, o varios. Como una primera aproximación, vamos a contar solo algunos comportamientos de todo tipo de animales; desde roedores, pasando por carnívoros, hasta aves nocturnas y omnívoros, entre otros.
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Cérvidos en el Valle de Iruelas_Elena Conesa


Foto destacada: Cérvidos en el Valle de Iruelas. Elena Conesa

Las aves más ruidosas y bullangueras con las llamadas a sus congéneres son, por ejemplo, el mochuelo, el autillo y el búho real. El pitido del autillo, semejante al del sapo, pero más fuerte, es el que más se escucha por estos parajes. Le siguen los maullidos parecidos a los de un gato casero del mochuelo común, hasta los alaridos del gran búho. Por estos lugares no habita el cárabo en sus cercanías. Es ese que con el “uh,uh,uh,uh” asusta a los que apenas han disfrutado de los sonidos de la noche. Y no olvidemos lo escandaloso que se muestra el mirlo cuando es espantado por otro animal o ruido extraño que le moleste. En el monte se muestran más ariscos que los que vemos entre los setos y los jardines de las grandes ciudades.

La gran despensa de los girasoles

La extraordinaria concentración de fauna en los sembrados de pipas y en su entorno viene dada por el supermercado gratuito que le brindan los agricultores con los girasoles. También sucede con los cereales.

Caminando por una vereda hacia el sembrado ya escuchamos a unos 50 metros el chasquido de alguna caña de girasol. Señal inequívoca de que los jabalíes celebran su opípara cena sin ninguna delicadeza ni educación. Nos paramos, intentamos acercarnos más, pero como esa noche el viento anda muy caprichoso, les da el aire de nuestra presencia, y tras un bufido salen de estampida hacia el monte. Esta noche han tenido suerte, otras no tanto.

No obstante, de no haberlos espantado alguna noche, las piaras de 15 a 20 individuos destrozan una hectárea a poco que los agricultores se descuiden y no acudan a defender sus cosechas.

El jabalí, a pesar de su aspecto de brutote, es extremadamente astuto, en especial los individuos maduros. Antes de entrar en tromba a las fincas hacen rodeos para captar a los humanos con su excelente olfato y oído, porque de vista andan peor dotados.

Varias noches hemos sido testigos de la caza de algún ratón por parte del mochuelo común por los chillidos del primero en el silencio de la noche. Y es que el roedor se lo pone muy fácil: gatea desde el suelo por la caña de la pipa hasta que se encarama en la torta, la rapaz nocturna lo localiza con facilidad, se lanza en silencio y lo apresa entre sus garras. Y lo peor para el ratoncillo es que en tierra también tienen enemigos que andan por las pipas a su caza, como la zorra, la garduña o la comadreja. En especial la primera, que tampoco hace ascos a digerir las aceitosas pipas que caen al suelo, que le aportan calorías.

Menos frecuentes, pero en las siembras pegadas al monte, también hemos escuchado como la liebre era presa del búho real. La escena resultó increíble: vimos pasar al trasluz a la poderosa ave nocturna y a los poco segundos comenzaron los quejidos de la liebre. Claro que también podría haber sido una zorra pequeña, pues la mayor ave nocturna de la península es un depredador poderoso y casi infalible cuando cae sobre sus presas, las potentes garras acabadas en unas uñas enormes afiladas como navajas resultan mortales.

El mustélido desgarbado

Un individuo oscuro con la cara blanca y negra camina también entre las pipas chascando alguna, pero haciendo mucho menos ruido que los jabalíes. Se trata del tejón, un tipo omnívoro, que lo mismo come carroña, trigo, pipas, ratones, serpientes o lo que pille. Sin embargo, habiendo pipas en cantidad, para que esforzarse en buscar otra comida. Este animal, que se parece a ese individuo despistado en las formas, pero eficaz en sus actos, está creciendo en número por esta zona de montaña. Cada día se ven más rastros (deposita sus heces en pequeños agujeros de altillos) y se descubren nuevas tejoneras formadas por un conjunto de galerías excavadas en tierra, donde se citan en invierno a dormitar varias familias.

Con ese aspecto desgarbado cuando corre, se muestra bastante minucioso en su búsqueda y se zampa lo mismo unos huevos de un nido de perdiz como las larvas de un avispero, pues debe ser inmune a sus picotazos.

No tan temidas como los jabalíes, las palomas torcaces representan también una amenaza importante para los agricultores. A punto de recolectar, a final de temporada se desplazan grandes bandadas que caen en picado sobre los campos de pipas. Hacen mucho daño, tanto por las que se comen como por las que tiran al suelo al picotear. Además son más difíciles de controlar que los mamíferos, pues al desplazarse volando arrasan con las zonas más propicias pasando de un sembrado a otro con suma facilidad.

Bandada de aves migratorias en el Alto Tajo. Foto: Diego Juste
Bandada de aves migratorias en el Alto Tajo. Foto: Diego Juste.

Los astutos córvidos

Entre la fauna volandera, los córvidos forman un equipo que no pasa desapercibido para el agricultor. Es común ver a los grajos posarse sobre las tortas y comerlas con fruición. Los cuervos lo intentan con menos suerte con el constante balanceo del girasol al ser mucho más grandes y pesados. Aunque se las apañan, nunca llegan a ser tan hábiles como sus primos los arrendajos, que se dan unas buenas merendolas hasta que lleguen las bellotas y las nueces a principios de otoño, que recolectan y esconden en agujeros de árboles y en el suelo enterradas como despensa invernal. De manera que se convierten en pequeños agricultores, pues bastantes bayas se les olvidan donde las dejaron.

Con respecto a las nueces, he descubierto hace unos días una vez más lo hábiles e inteligentes que son los cuervos. Avistaba casi todos los días una pareja andando por una pequeña pared de piedra seca, algo poco frecuente en estas aves. El secreto de no era otro que al lado hay un nogal y al caer las nueces entre los huecos de las piedras, los cuervos pueden abrirlas mejor que las que caen al suelo, pues el propio hueco de la pared consigue que se mueva mucho menos la nuez y así sacar su fruto.

Entre la variada fauna a la que los agricultores le ponen la mesa, no podían faltar los ciervos, que dependiendo de su número quizás hacen más estropicio que los jabalíes. Mientra estos últimos esperan a que las pipas estén maduras, los venados se las comen cuando se está formando el capullo. Y como son animales tan grandes bastan cuatro o cinco para dejar como un solar una hectárea. Sus primos los corzos bastante más pequeños resultan perjudiciales, pero en menor medida.

Gamos y muflones también comienzan a proliferar por estas tierras con ánimo de llenar la panza.

El festín de los cereales

Si me he referido primero al girasol es por estar más reciente y porque la fauna lo perjudica más que el trigo, aunque jabalíes y ciervos también se apuntan al banquete.

Las zonas cerealistas de España albergan una enorme cantidad de animales que viven gracias al agricultor sin que por ello les sea reconocido. Es más, recuerdo que cuando fue elegido el aguilucho cenizo como Ave de España 2023 por la SEO (Sociedad Española de Ornitología), los estudiosos de esta ONG consideraban que en parte su declive lo producía la agricultura extensiva: discutible. Pues mira por donde gracias a esa agricultura multitud de aves como la alondra, calandria, cogujada, codorniz, perdiz, ganga, ortega … viven perfectamente. Y sí, los herbicidas y la concentración parcelaria que comenzó a principio de los años 50 del siglo pasado, hicieron daño al perderse bastante linderos.

Conviene dejar claro que donde no hay siembra, a pesar de los herbicidas, proliferan muchas menos aves de las citadas. En un pueblo del Alto Tajo, no se siembra, no se consumó la concentración parcelaria y ha desaparecido prácticamente la perdiz, la codorniz y se ven bastantes menos alondras, por ejemplo.

Mención aparte, merece el conejo pues es digno de un monográfico por la plaga que representa en muchas localidades con los correspondientes perjuicios a la agricultura y la escasez en otros.

Así que no estaría de más que reconozcamos públicamente la labor de los agricultores a favor de la fauna española, a la que alimentan con su trabajo. Es lo justo.

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