
Pacto de Estado: De la bronca política a la acción
Lo he vivido en primera persona. A la Naturaleza le damos igual. Hemos perdido vínculos y saberes ancestrales. Y si hay una buena noticia, es que tenemos una ciencia forestal que funciona; una ciencia que trabaja imitando los ciclos de la naturaleza de forma ordenada, obteniendo recursos sostenibles y creando oportunidades en los territorios.
Esta ciencia, no obstante, cuenta con un gran condicionante: trabaja para resultados futuros que, en muchas ocasiones, trascienden nuestro ciclo vital como humanos y esto, en esta sociedad del “todo ya y ahora”, ni encaja ni se suele entender bien.
Tenemos en estos momentos una polarización respecto al Pacto de Estado para la Emergencia Climática. Un Pacto de Estado que impulsó el Gobierno, a través del Ministerio para la Transición Ecológica, tras los grandes incendios forestales de 2025, en el que se recogieron propuestas de los distintos sectores, creando una base sobre la que trabajar.
El territorio sufre
Desde la comunidad de incendios se pide prevención. Desde el sector más conservador, que paradójicamente fue el más aceptado socialmente hace varias décadas y que ya se ha demostrado fallido, se pide no actuar y dejar que la Naturaleza actúe. Desde el enfoque de la biodiversidad, proteger. Desde Reto Demográfico, proyectos tractores para el territorio. Desde la PAC se apoya lo ecológico… y así un largo etcétera de líneas interconectadas entre sí, que sin embargo se trabajan como si fueran satélites flotando en la nada del espacio exterior, y mientras…. mientras, el territorio se abandona y sufre.
Se pierden los vínculos esenciales entre usos y paisaje. Y la Naturaleza evoluciona. Hay quien piensa que es una oportunidad… pero no me pregunten para quién, porque no sabría contestar.
El planeta está más poblado y más necesitado de recursos que nunca. Y, sin embargo, le damos la espalda a la inmejorable fábrica que conforman nuestros bosques, que trabaja incesantemente produciendo y le da igual si lo aprovechamos de forma ordenada o si arde, que de seguro lo hará en un momento u otro, si no la gestionamos ¿La gran paradoja? Es una fábrica generosa e inagotable que sí que sabemos gestionar.
Ahora no es momento de remilgos, ni de brindis al sol. Hay que gestionar el territorio si queremos una oportunidad de futuro en este planeta, caminando hacia la bioeconomía a través de los recursos sostenibles.
En fin. Da igual lo que hagamos. La Naturaleza actúa. Siempre. Las plagas, los vientos huracanados, el fuego… son sus herramientas; las podemos llamar perturbaciones adaptativas al periodo de cambio climático que estamos viviendo, pero que no son en ningún caso un drama, al menos un drama ecológico.
Otra cuestión son las situaciones dramáticas que se viven cuando estos episodios suceden y las pérdidas que ocasionan, difíciles de encajar socialmente. Pero no olvidemos que no son fortuítas, sino el resultado de una acción o de una inacción, que, por cierto, está menos penalizada y ahí está nuestro gran talón de Aquiles.
La inacción es destructiva
La inacción convierte en catástrofes humanas las lluvias que se concentran en cortos periodos del año, con una intensidad que causa estragos, ausentándose en la época más calurosa, encadenando olas de calor y sequía extrema, hasta en los lugares más amables, como son nuestros sistemas montañosos, con inestabilidad en forma de vientos abrasadores…
Y en este momento climático, justo en este momento, cuando deberíamos sacar pecho de los deberes bien hechos, nos presentamos con un cero patatero, sin aprender la lección y con el territorio más vulnerable de nuestra historia. Con una ganadería extensiva maltrecha, incomprendida y asfixiada; con una agricultura de minifundio abandonada; poblaciones selvicultoras invisibles y denostadas… y casi lo peor de todo, siendo una sociedad absolutamente analfabeta de la historia de nuestros paisajes.
Un pacto urgente
Así que sí, se necesita un gran pacto de Estado, con carácter de urgencia. Que garantice líneas de acción y de gestión del territorio de forma estable más allá atender las emergencias. Un pacto que sea proactivo, además de reactivo.
Cómo lo llamemos da igual. Lo importante es que se actúe y que se empiece a caminar. Que se empiece a hacer.
Propuestas y soluciones
Y para poner el foco en algo asumible que se podría hacer hay algunas ideas que proponer.
Por ejemplo, que antes de obligar a un particular a gestionar el poco o mucho espacio forestal que posea se le ayude de forma activa; eso sí, se obligue a las administraciones públicas que tienen las competencias de gestión de los espacios forestales catalogados como Montes de Utilidad Pública a que cumplan con los planes de ordenación (esto da para otro artículo) y que se haga ¡ya!
Los Montes de Utilidad Pública son los grandes bastiones “naturales” de nuestro país. Y luego ya, si eso, obligamos al privado.
También es necesario que se compense por los servicios ecosistémicos que ofrecen estos espacios “naturales” que siempre tienen dueño: agua, secuestro de carbono, ocio, etc… y por supuesto, que quien contamina pague y quien descontamina reciba.
Y que se haga un reparto justo de los tributos del Estado, donde esos servicios computen a la hora de calcular lo que le corresponde a cada municipio. Es curioso como lo esencial pasa desapercibido. Gratis. Por toda la cara.
Además de apoyar sin ningún tipo de ambigüedad a la ganadería extensiva. Con tecnología punta; con unos coeficientes de admisibilidad de pastos adaptados a nuestro territorio; pero agarremos los machos, porque viene el Reglamento de la UE sobre deforestación (EUDR) y aún están los ganaderos de vacuno in albis… sin saber por dónde les va a venir otro tiro en el pie. Es absolutamente frustrante.
Igualmente, es fundamental que a la agricultura de montaña se la reconozca como lo que es, un gran servicio a la sociedad, más allá de la producción, y se le compense por ello, pues generan un paisaje mosaico que rebaja la vulnerabilidad de los espacios forestales y mejora su biodiversidad y su resiliencia.
Ahora parece que son los chivos expiatorios de lo que pasa en nuestros montes, por el riesgo que supone cosechar…pero es que se cosecha en verano…y digo yo que ¿habrá que ayudarles a que puedan recoger el fruto del trabajo de todo un año de forma segura?… porque a ver si alguien aceptaría trabajar con un solo pago a final de año y que luego te dijeran que por el bien común te quedas sin sueldo…
Otro objetivo es apoyar la construcción con madera. Así. Como suena. Sin más tecnicismos rimbombantes de pasivehouse ni viviendas ecoclimáticas. Que se haga con madera. Se puede. Tenemos los recursos y se están quemando o están en la cola de espera para arder, en nuestras propias narices. Sin trampas al solitario, el bosque que no huela a madera, terminará oliendo a humo.
No es momento para chorradas
Me encoje el corazón ver que lo que se preveía que iba a suceder, está sucediendo, y que se ha hecho más bien poco; en honor a la verdad, hay que reconocer que se han intentado guiños, tímidas acciones… pero no es momento para tibieces.
Es momento de arremangarse y trabajar, como ya ha venido haciendo gran parte de la comunidad forestal. Véase la Declaración de la Fundación Pau Costa 2023 Declaración-sobre-la-gestión-de-los-grandes-incendios-forestales-en-españa_esp-1.pdf, elaborado con la participación de más de medio centenar de expertos y expertas, en el que tuve el honor de participar.
Al igual que el documento de Sumar Complicidades 2022, donde por primera en nuestro país, en un pequeño pueblo forestal, se sentaron en la misma mesa propietarios forestales, movimientos ecologistas, sector académico y profesional, asociaciones, administraciones públicas…y que tuve la oportunidad de organizar: SUMAR COMPLICIDADES :: Sosmundoruralorea
En definitiva, no es momento para chorradas de si me gusta más o menos el nombre que se le ponga al pacto. La cuestión es: ¿Queremos preservar nuestro territorio forestal? Que en nuestro país casi supone casi el 60%, pues gestionemos.
No hay otra. Para eso hace falta un gran Pacto de Estado que no dependa de quién gobierne en cada momento y en cada territorio. Pongámonos todos a trabajar, por favor.
Foto destacada: Superficie forestal afectada en los recientes incendios forestales de la provincia de Ávila
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