
Molina de Aragón, cabecera de comarca
Por los años 50 y 60 del siglo pasado, los numerosos pueblos de alrededor de Molina contaban en su mayoría con 300 y 400 habitantes (ahora se encuentran prácticamente despoblados), y los pocos vecinos que quedan son en casi todos agricultores ya maduros y algún aventurero con alojamiento de turismo rural, que tienen en Molina su centro de abastecimiento.
Aquellos vecinos de antaño sabían, al igual que los de ahora, que, para cualquier gestión, o necesidad de comprar -desde un colchón, un martillo e incluso comida o el traje de comunión para la niña-, tenían que pasar por esta cabecera de comarca, que siempre funcionó gracias al sector servicios, si es que no quieren ir a la capital de la provincia o a Teruel, como ciudades grandes a más de una hora en automóvil.
La vocación como eje de servicios de la comarca sigue latente. Lo que sucede es que numerosas tiendas han dejado el casco urbano antiguo y se han pasado al Paseo de los Adarves y cercanías.
Comercios de rancio abolengo
Enfilo la Calle de las Tiendas y encuentro a mi derecha la farmacia, una de las que más facturan de la provincia, me comenta un entendido. A la izquierda dejó atrás el viejo instituto de enseñanza media, cuya labor fue extraordinaria al recibir a numerosos estudiantes de los pueblos.
En la actualidad acoge los juzgados, oficina de empleo, centro de los forestales, el ya conocido Plan Leader, oficina de turismo etcétera. Y en enfrente la papelería Malo, con su soberbio y robusto enrejado. Pero es a partir de aquí donde antaño aquella calle bullía de actividad y de un frío pelón por ser muy sombría, donde uno encuentra un vacío que entra por los poros, pues la mayoría de las tiendas están cerradas. Se percibe un ambiente de cierta desolación.

A unos 150 metros calle abajo, sigue El Peco y la otra farmacia que hace esquina. Y si continuo hacia el ayuntamiento por esta estrecha calle veo que la ferretería Iturbe, mas famosa por sus riquísmos cacahuetes y su chocolate para hacer, que por los utensilios que vendía, está también clausurada.
”Es cierto, pero hay algún proyecto de turismo rural que puede revitalizar en parte esta calle”, comenta Francisco Javier Montes (PSOE), alcalde de la localidad en su segunda legislatura. Persona sencilla y de buenas maneras, me sorprendió que mientras le entrevistaba entró al despacho una mujer joven del pueblo para que le firmara unos papeles y como ésta necesitaba unas fotocopias, el señor alcalde se disculpó, se levantó y fue a hacérselas a esta mujer. Cosas de pueblo.
Frío acogedor
Y es que Molina es mucho más que frío. Sigue siendo parada obligada de los coches de línea que van de Valencia a Madrid pasando por Teruel y viceversa y de ese otro que te acerca a Zaragoza y a numerosos pueblos de paso como Gallocanta y sus bandadas de grullas, Daroca, Paniza, Cariñena…
Resulta curioso que todavía se ve en la parada del autobús algún viajero mayor con su caja de cartón atada a la estructura de una bolsa de la compra, en una imagen que recuerda la postguerra, pero son los menos.
Las cinco oficinas bancarias para un pueblo que tiene una población censada exacta de 1.823 hombres y 1.787 mujeres, según me muestra el edil en la pantalla de su ordenador, da a entender que en Molina se mueve dinero por el negocio de los comercios y los agricultores de los pueblos de alrededor.

“Ves a esos dos que van con la carpetilla y acaban de salir del banco, pues están forrados. Son agricultores, pero se encuentran entre de los privilegiados que trabajan con la banca privada de esa entidad”, señala un vecino que no quiere dar su nombre. Y como estos labriegos, aunque otros no trabajen esta modalidad bancaria, mantienen sus buenos ahorros. Excepto los más jóvenes, la mayoría siguen con su cartilla y eso de las tarjetas de crédito ni hablar.
He observado que alguno cuando va a pagar después de hacer la compra, todavía saca el fajo de billetes sujetos con una goma o bien con una pinza metálica.
Paseo de los Adarves y tiendas cercanas condensan ahora la mayoría de las tiendas y servicios: panaderías, pescadería, ferretería, pastelerías, estanco, centro de salud, gestorías, bares, cafeterías, casino, y carnicerías, entre otros. Estas últimas en fechas como julio y agosto, Semana Santa y Navidad están abarrotadas con largas colas para adquirir su estupenda carne de cordero y, en especial las morcillas de arroz de justa fama por lo ricas que están.

Foto Jonhatan Sayago.
Se echa de menos la antigua churrería, pero como nos asegura el alcalde está en proyecto una nueva. No quiero que se me olvide las dos tiendas, una de ropa y otra de muebles del ya clásico Palomito.
Pocos niños
Al igual que en numerosos pueblos de España, cada vez nacen menos niños. “En 2024 solo nacieron 10, una natalidad muy baja que me preocupa de manera especial”, comenta el alcalde. Y eso que en Molina se han establecido bastantes migrantes, principalmente de Rumania, magrebíes y latinoamericanos, más propensos a tener descendencia. Los vecinos del pueblo españoles son en general bastante mayores, incluidos los que viven en esta localidad en invierno procedentes de las villas cercanas, que, aunque no se censan aumentan la población por unos meses. No obstante, Molina cuenta con un estupendo centro escolar en que se puede estudiar todos los cursos antes de llegar a la universidad, con comedores incluidos.
Precisamente, los rumanos se han adaptado muy bien y ya han montado sus negocios con bastante éxito, como la pastelería artesana La Boheme o la taberna el Rincón del Gin Tonic, entre otros, dedicados principalmente a la construcción.

El reclamo del turismo
En los últimos 30 años, los cambios de Molina de Aragón en cuanto a la atracción de visitantes han sido transcendentales. En su primera legislatura y en lo que va de esta, el alcalde se ha empeñado en remodelar algunas calles y adecentar el pueblo, así como cuidar edificios emblemáticos.
Entre los proyectos para lo que queda de legislatura – ni nos confirma ni desmiente si se presentará a los siguientes comicios municipales- se encuentra la creación al pie de los castillos de un centro de visitantes, la realización de mejores accesos, climatización de los edificios culturales, las obras de segunda fase del Parque de la Alameda y el arreglo de la iglesia de San Martín, (siglo XII) ahora hueca por dentro y que no se utilizará para fines religiosos
La ecología es rentable
El gran empujón al turismo no ha venido principalmente por sus restos románicos, estupendos palacetes renacentistas y barrocos, los barrios de la morería y de la judería, o el puente románico. Ha comenzado a adquirir fama nacional e internacional desde que la UNESCO reconoció en 2015 el Geoparque Mundial Molina de Aragón-Alto Tajo.
El museo y en el último año la inauguración del Parador Nacional, un proyecto que estaba en cartera desde 2005, como resarcimiento del terrible incendio que se llevó la vida de 11 bomberos forestales, inaugurado el año pasado, también han contribuido a atraer visitantes.
Sin olvidar, la flamante iluminación del castillo fortaleza que se maneja con mando a distancia, eligiendo diferentes colores. Y justo es decirlo, desde el mandato de alcalde actual, Molina está más limpia.
Molina de Aragón ha sabido rentabilizar como muy pocos pueblos lo verde, lo ecológico. Antaño lo único que figuraba era el Señorío de Molina. Sin embargo, desde que el turismo ecológico vende, algunos empiezan a considerarla ya como capital del Alto Tajo, algo que enoja, aunque la sangre no llega al río, a algunos pueblos de la zona como Peñalén, Poveda de la Sierra, Zaorejas, Villanueva de Alcorón…, que no están dispuestos a admitir este título inventado por algunos medios de comunicación poco conocedores de la zona.
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