El tejón, de huraño a sociable

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Si el reino animal celebrase los carnavales, el divertido disfraz del tejón con la cara blanca y sus dos franjas negras saldría airoso. Otra cosa es su carácter esquivo, misterioso individualista y de malas pulgas con poco que se le provoque.

Recuerdo que hace dos años, comentábamos en este periódico cómo, ante la despoblación rural, algunos animales estaban conquistando las calles de algunos pueblos, así como sus cercanías más cercanas. Quizás alguno llegaba al pueblo con intención de empadronarse.

Jabalíes, ciervos corzos, zorras, garduñas, entre otros mamíferos, visitaban las poblaciones con toda la osadía del mundo en busca de alimento o bien como curiosidad por un paisaje nuevo que descubrían. Al final, casi todos terminaban en la plaza del pueblo o en el frontón.

Lo sorprendente es que en los últimos tiempos se ha sumado un individuo huraño de comportamiento y de hábitos generalmente nocturnos y que como veremos después se parece bastante en sus hábitos al jabalí. Se trata del tejón, un mustélido de tamaño grande apenas visto en el campo por la mayoría de senderistas y excursionistas por su carácter esquivo.

Pues bien, en fechas recientes, dos vecinos de Aragoncillo lo han observado de día; una vez en la obra de ampliación de una casa, buscando quizás restos de comida de los albañiles; y el otro relativamente cerca de unos cubos de basura por si pillaba algún bocado.

Pero no solo en el pueblo, a unos 100 metros, más o menos, del casco urbano, jamás había visto tanto rastro de tejón. Bien por sus excrementos, bien por los cientos de agujeros que deja en el campo capturando lombrices y topillos. Si el verano que viene se volviese a trillar como antaño en las eras, sería casi imposible por la cantidad de oquedades que levanta este mamífero.

Que la población de tejones vaya a más no sorprende, pues el abandono del campo por parte de ganaderos consigue que el tejón campe a sus anchas y que no se sienta presionado por los perros de los pastores de ganado lanar y cabrío.

Sin embargo, lo que resulta realmente extraño es que de ser un bicho escurridizo y esquivo ha pasado a pretender socializar con los vecinos. Mucho se tendrán que estrujar el coco los científicos para resolver este cambio de actitud en tan poco tiempo.

Un omnívoro bajo el suelo

Como toda la fauna española, el tejón ha sido objeto de estudio. De este mustélido, bastante más grande que sus primos como la marta, garduña y comadreja, sabemos que el más omnívoro de todos, pues no hace ascos a productos hortícolas y cereales: trigo y maíz.

Conocemos que vive en comunidad en unas enormes galerías conocidas como tejoneras; que tiene crías una vez al año y que el óvulo fecundado no se implanta en el útero hasta el momento oportuno. Una especie de milagro de la naturaleza que también sucede con el corzo y otras especies.

Sabemos también que nuestro protagonista equipa unas potentes garras y uñas con las que se defiende y que también utiliza para excavar las galerías subterráneas. Su cara es blanca, divertida, de morro largo con dos franjas negras que bien valdrían para una fiesta de disfraces. Su pelaje es canoso, y antaño con su pelo se elaboraban pinceles y brochas de afeitar. Excepto el lobo, no tiene enemigo natural que pueda con él en España. Las zorras le tienen pánico y su relación con el lince es de tolerancia.

Se alimenta con casi todo lo que encuentra en su camino. Puede saquear huertos, comer maíz y trigo en abundancia; no detesta la carroña, pollos y huevos de aves que anidan en el suelo, pues es un torpe trepador. También da buena cuenta de ratones, topillos, lombrices y reptiles. Aunque su manjar favorito es la miel, de ahí su nombre en latin meles, meles. Su denso pelaje hace de escudo ante las picaduras de estos insectos y de las avispas, pues el tejón es un gran aficionado a devorar las larvas de sus nidos cuando los hacen en agujeros de los taludes de los caminos.

Saber por donde merodea es fácil. En estos días de tanta lluvia y de tierra blanda, sus pisadas lo delatan con facilidad, pues marca sobre los caminos las cinco almohadillas y sus afiladas uñas.

Primo pequeño del jabalí

No por su apariencia, pero sí por bastantes de sus costumbres, puede parecer un primo pequeño del jabalí. Los dos son carroñeros. El pasado otoño descubrí en un escondrijo que un tejón estaba comiendo una piel de jabalí con algunos huesos.

Hace ya algunos años, Fernando Álvarez de Sotomayor, director de Jara y Sedal, me contaba que habían colocado un burro muerto en un cortafuegos por el norte de España con el fin de grabar a los lobos en pleno festín. A los cánidos se les adelantaron dos jabalíes medianos que no duraron en comer con ansia asno. Eso sí, cuando detectaron que llegaban los lobos erizaron su crin y se fueron.

Más discreto que los suidos, el tejón también provoca daños en la agricultura, pero al no ir en piara, en grupo, y ser bastante más pequeño sus destrozos no son comparables. Mientras los jabalíes hozan provocando enormes regueros en sembrados y bosque, llegando en ocasiones a cambiar parte del ecosistema, el tejón escarba numerosos hoyos pero mucho más pequeños. Y en cuanto a la dieta, los dos no hacen asco a nada prácticamente. Devoran nidos, reptiles, maíz, pipas de girasol, fruta, cereales, leguminosas…

Lo que no sé es si el tejón es tan selectivo con alguno de sus alimentos como el jabalí. Caminando con mi amigo Raúl por el monte nevado estos días de atrás, vimos rastros de sangre y huellas. En principio pensaba que dos machos se habían peleado, pero Raúl, excelente rastreador, pronto se dio cuenta de que no había habido ninguna contienda. El jabalí se comió un ratón y había devuelto sus tripas, quizás por eso de que la hiel amarga.

Tal comportamiento del guarro es realmente sorprendente y conduce a lo que sucede en con cientos de animales de los que uno cree que lo sabe todo. Por cierto, me contaba un amigo que, a las orillas de un lago, entre cañaverales y juncos, le salió una piara de jabalíes. Habían estado comiendo cangrejos, pero solo su cola que es lo que más carne tiene ¡Vaya gourmets!

Para culminar, los dos son reservorios de la tuberculosis que afecta al ganado bovino, aunque en menor medida el tejón en especial por el norte de España. Donde realmente es preocupante el mustélido como contagiados y la tuberculosis es en Inglaterra e Irlanda.

Es tan curioso este animal que cuando los científicos españoles lo han vacunado para evitar esta enfermedad, alrededor de un 25 por 100 de los ejemplares presentaban lesiones exacerbadas. Es decir, que su cuerpo reacciona de manera asombrosa.

Se me olvidaba que los dos mamíferos tienen poca vista y excelente olfato y oído. Sobre este último sentido pueden contarlo mis nietos, pues todos los veranos salimos de ronda de noche para ver animales con potentes linternas. Una noche serena y estrellada sorprendimos a un tejón en un trigal al lado de una pista forestal. Y bastó que una de las nietas se emocionara y levantara un poquito la voz para que el tejón saliera corriendo despavorido. Mereció la pena, pues era la primera vez que veían a nuestro protagonista en plena naturaleza.

Foto destacada

Autor: Byrdyak, bajo licencia Creative Commons

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