Protesta en Villar del Río (Soria) durante el paro de la España vaciada del pasado 4 de octubre. Foto: UPA

La España rural se moviliza de nuevo

Tras la gran manifestación del pasado mes de marzo, de nuevo se han movilizado diversas asociaciones y plataformas de la España rural, convocando paros simbólicos el 4 de octubre. Con ello tratan de llamar la atención sobre la despoblación de muchos territorios rurales denunciando el abandono que sufren.
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Sin duda que hay razones para esa movilización, pero las soluciones no son fáciles dada la magnitud y complejidad de un problema sobre el que me permito aportar algunas reflexiones.

  1. El problema de la despoblación rural se enmarca en un doble proceso de carácter más general y que lo hace aún más complejo. De un lado, el “declive demográfico” que afecta a los países desarrollados, entre ellos España (con tasas de natalidad y fertilidad muy bajas), y cuyas causas no sólo son de tipo económico (bajos salarios, precariedad laboral…), sino también cultural (muchos jóvenes optan por tener pocos hijos e incluso no tenerlos). Y de otro lado, el irrefrenable proceso de “urbanización” a escala mundial (vive ya más gente en las áreas urbanas que en las rurales, y se espera que en 2050 un 70% de la población sea ya urbana). Este es un proceso que se explica por el atractivo que siguen ejerciendo las ciudades en la mayoría de la población, debido a la vigencia de un modelo de desarrollo que se basa en el ocio y el consumo ilimitado de bienes y que concentra los servicios en las zonas urbanas.
  2. En ese contexto, es normal que se despueblen las áreas rurales. Lo sorprendente es que haya municipios que no pierdan población o que incluso la aumenten. Esto no significa minimizar la importancia de los problemas que acucian a los territorios despoblados, sino fijarse también en los municipios que no se despueblan y sacar enseñanzas útiles para abordar estos problemas.
  3. Suele decirse que el problema de la despoblación de la España rural debe plantearse como un “asunto de Estado” por el gobierno de la nación. Sin embargo, la realidad nos muestra que este problema se manifiesta de forma muy diversa en los territorios y que no es lo mismo, por ejemplo hablar de despoblación en el interior de las dos Castillas y Aragón, que en Extremadura y Andalucía. Incluso dentro de una misma región, el problema varía de unas comarcas a otras. Por eso, creo que el problema de la despoblación rural debe abordarse más con políticas cercanas al territorio (regionales y locales), que con políticas de estado.
  4. En mi opinión, lo que debe ser “asunto de estado” es el problema del declive demográfico, que afecta tanto a las áreas urbanas como a las rurales. Por eso, parece acertado que se plantee una Estrategia Nacional para el Reto Demográfico, si bien da la impresión de que está orientada sobre todo al tema de la despoblación rural. Sea como fuere, debe evitarse incluir en dicha Estrategia temas que debieran ser abordados por las CC.AA. y las entidades locales (diputaciones y ayuntamientos) al formar parte de sus competencias administrativas. Llenar esa estrategia de todas las demandas que se nos ocurran en el actual debate sobre la “España vaciada” es la mejor forma de hacerla inoperante.
  5. No obstante, hay medidas que, por afectar a todos los territorios y tener un efecto directo sobre las condiciones de vida de las poblaciones rurales, tiene sentido que sean objeto de políticas de estado. Me refiero, por ejemplo, a extender la banda ancha de las telecomunicaciones a todos los municipios, un reto similar al de la electrificación rural en los años 1960. También debiera serlo medidas que contribuyan a promover el emprendimiento de las mujeres rurales o a facilitar el relevo generacional en la agricultura por ser éste un pilar fundamental de muchos territorios. Lo importante es que la estrategia nacional no se ocupe de demasiados temas, sino que se concentre en unos pocos, que puedan ser afrontados con realismo y suficientes recursos.
  6. Es necesario distinguir entre “despoblación” y “abandono”. De hecho, deberíamos empezar por admitir que hay municipios despoblados, pero no abandonados, y municipios poblados, pero abandonados. Puede haber poca población en un municipio, pero tener sus edificios históricos bien conservados, y sus espacios naturales bien cuidados. Y puede haber municipios poblados que no cuidan su patrimonio natural ni el arquitectónico. El primer objetivo debe ser que nuestra España rural no esté abandonada, y si además dichos territorios están poblados, mejor.
  7. Considero un error analizar el problema de la despoblación rural a partir de una foto fija del municipio sobre la base de los datos demográficos registrados en los censos y padrones. Esta información es, sin duda, útil, pero insuficiente, y si se toma como la única disponible, puede conducir a distorsionar la realidad de los territorios rurales. La población de muchos municipios rurales experimenta altibajos a lo largo del año, al igual que ocurre en las zonas costeras de la “España poblada”; alternan periodos de un claro y evidente vaciamiento, con otros donde la población crece de manera exponencial generando actividad y riqueza. Es el caso de los fines de semana o los meses de vacaciones, cuando aumenta la población de muchos municipios y se reactiva la vida social y económica. Estos residentes estacionales son una fuente importante de renta para las pocas familias que residen de forma permanente en el municipio y un incentivo para la conservación del patrimonio inmobiliario. Es muy importante tener en cuenta este aspecto dinámico del poblamiento en las áreas rurales a la hora de proponer soluciones.
  8. Hay que elevar el punto de mira y pasar de la mirada local a la comarcal a la hora de tratar el tema de la despoblación. Lo grave no es que un municipio pierda población, sino que lo pierda la comarca. Es más eficiente planificar las infraestructuras y los servicios básicos pensando en la escala comarcal, de tal modo que se le garantice a la población residente en cualquier municipio de la comarca el acceso a esos servicios en forma y tiempo razonables. En este sentido, hay ya interesantes experiencias de servicios de proximidad y transporte a la demanda.
  9. Es positivo que el tema de la despoblación rural se haya colocado en el centro de la agenda política, pero no debemos crearnos demasiadas expectativas sobre la resonancia que vayan a tener las reivindicaciones de la España despoblada. Es un hecho que en España el peso político de las áreas rurales es muy bajo al ser la provincia la circunscripción electoral, ya que el reparto de escaños se decide en la capital, que es donde se concentra el mayor número de votantes. Y eso ocurre también en las provincias afectadas por la despoblación de sus áreas rurales, ya que la mayor parte de los electores viven en la capital provincial, y son tan urbanos como los que viven en las grandes ciudades.

Sin duda que es necesario hablar de la despoblación rural, pero hagámoslo con rigor y sin exceso de apasionamiento. De la pasión al mito no hay más que un paso, y darlo no nos conduce más que a la melancolía y la inoperancia.

Foto destacada: Protesta en Villar del Río (Soria) durante el paro de la España vaciada del pasado 4 de octubre. Foto: UPA

1 comment

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    Manuel Redondo 1 noviembre, 2019 at 20:01 Responder

    Gracias por las reflexiones que se apuntan en el artículo, sin duda son de gran interés en lo referente al análisis del espacio/tiempo (escala de análisis y momentos temporales). Quizás también en esa nueva dimensión habría que poner la necesaria conectividad para que la viabilidad de los territorios rurales sea real y por que no la apuesta por nuevos modelos viables de agricultura y ganadería que se basen en el reconocimiento social y la viabilidad económica de las explotaciones. Sin duda un enfoque agroecológico como el que nos planteamos desde la Red Terrae supone abrir más oportunidades a localidades destinadas al «vaciado», recuperar la confianza entre productores y consumidores (ya sea en directo o a través de las redes) es en cierto sentido recuperar la vecindad o comunidad característica de la ruralidad del pasado.

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