Pinares en Orea. Foto: EDR.

En defensa de nuestros bosques y la optimización de recursos públicos

Mientras los fabulosos pinares del Alto Tajo están en un estado lamentable por falta de cuidado, se va a construir una nueva base para retén de incendios cuando ya existe una acondicionada en el pueblo de Orea. Los vecinos están que trinan porque el dinero que costará la nueva base podría servir para cuidar y arreglar el monte.
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El 28 de octubre de 2020, se ha publicado en el DOCM (Diario Oficial de Castilla-La Mancha), la licitación para la construcción de una base nueva para el retén de Orea (zona 465), con un presupuesto cercano a los 350.000 euros. Como el anuncio en la plataforma ya se publicó el pasado jueves, me he interesado en qué situación tan horrible está este retén para que, precisamente ahora, haya que gastar semejante cantidad de dinero, teniendo en cuenta la situación actual y la penosa conservación de los montes de la zona. ¿Quizás exista la urgente e imperiosa necesidad de hacerlo?

La historia de la zona

Los Montes de Utilidad Pública (MUP), forman parte de un catálogo que comenzó a elaborarse a finales del siglo XIX, incluyendo algunos de los montes del Alto Tajo, Sierra de Albarracín y Serranía de Cuenca, por su alto valor ambiental. Este catálogo no quitó la propiedad a los Ayuntamientos, sino que el Estado a través del ICONA asumió la gestión, inyectando dinero para su gestión. Catálogo que fue en aumento y que incluyó a un gran porcentaje de los montes del territorio mencionado.

Las personas mayores de esas tierras recuerdan las cuadrillas de paisanos que trabajaban en el desbroce del monte durante el invierno. No pocos, por cierto. Recuerdan mantener cortafuegos, caminos en buen estado, desbroces, claras… siendo un importante aporte para la economía familiar y, por supuesto, muy beneficioso para el monte.

En el año 1984, esta competencia pasó del Estado a las Comunidades Autónomas, con su correspondiente partida presupuestaria para atender estos MUP.

Desde entonces, poco a poco, se fue diluyendo la responsabilidad de atender, gestionar, mantener… y se fue mermando este flujo de trabajo forestal en las poblaciones, así como el número de agentes medioambientales, el número de ingenieros (algunos tienen la oficina a 200 kilómetros del monte que gestionan…)

En 2018 estos montes de la Sierra de Albarracín, el Alto Tajo y la Serranía de Cuenca sufrieron una tormenta de nieve y viento, que en las partes más altas y ubicadas en el cañón de algún valle, provocó decenas de miles de derribos de pinos, faltos de gestión. Quedó entonces de manifiesto la falta de músculo en las distintas administraciones, cuya competencia ostentan, para reaccionar con presteza y aportar lo necesario, no sólo para eliminar el peligro que suponía ese desmesurado aumento de biomasa, sino para asumir la responsabilidad de rehabilitar, restaurar paisajes, caminos y un largo etc.

La falta de presupuesto argumentada fue general. No había dinero. Y según las fuentes consultadas, se hizo lo que se pudo y como se pudo.

La realidad es que en estos momentos hay torres de incendios cerradas, continuidad de biomasa durante decenas de kilómetros por la pérdida de antiguos cortafuegos, accesos intransitables, caminos en estado deplorable. Ese es el estado en que están los montes de esta encrucijada de provincias. Luego nos preguntamos: por qué ahora los incendios son imparables, y es que no aprendemos.

El Parque Natural del Alto Tajo alberga numerosos enclaves de especial protección en su cabecera. Bellos cañones, biodiversidad que se resiente por el abandono de uso y el exceso de biomasa y un cada vez más mermado y precario en número recurso humano, en prevención y extinción de incendios.

Indagando, encontramos que en la parte más alta de este Parque Natural del Alto Tajo se encuentra la Comarca Forestal de Orea, a cuya división administrativa está adscrita la guardería forestal de la zona y el retén, creado hace más de medio siglo, cuya ubicación se fijó en Orea, atendiendo a criterios como el coeficiente de masa forestal, el más rápido acceso al cuerno sur de la provincia y proteger las zonas más vulnerables, atendiendo así el mayor porcentaje posible de la superficie de MUP de esta esquina de la provincia , que hoy es precisamente la cabecera del Parque Natural y cuyo estado ha empeorado sustancialmente en lo que se refiere al índice de riesgo de incendios, por lo que aún estaría más justificada, si cabe, la ubicación de este retén.

Sorprende la cantidad de instalaciones forestales que se encuentran en Orea. Un municipio forestal, que ha perdido toda la industria relacionada con el monte, pero que mantiene edificios que se han dedicado de una forma u otra a tal fin y que son propiedad del ayuntamiento. El sequero de piñas (lugar donde tenía su antigua ubicación el retén de Orea, ahora convertido en Centro de Interpretación del Parque), viviendas forestales (que ahora se alquilan a familias, ante la falta de guardería), cocheras destinadas a los vehículos del retén de incendios y la patrulla y aquí va la más importante: ¡¡¡UNA BASE PARA EL RETÉN HABILITADA!!! que cumple con la legislación vigente y que el retén y la patrulla llevan utilizando los últimos cuatro años, además de GEACAM, empresa de gestión ambiental de Castilla-La Mancha, para realizar cursos para varios retenes de la zona en la amplia sala de formación con la que cuentan las instalaciones.

Esta inversión, nos trasladan desde el ayuntamiento, se llevó a cabo poco a poco. Cumpliendo así el artículo 31 de nuestra Constitución, atendiendo al principio de eficacia y economía en la ejecución de un gasto público.

Todos estos edificios se usan desde antaño, sin percibir contraprestación alguna por alquiler, ni por gastos de calefacción, agua, luz… es increíble, pero Orea no percibe NADA de la Junta por este concepto.

Y, ¿por qué esta inversión municipal?

Sin darle importancia, nos cuentan en el ayuntamiento de Orea, que el retén pasaba los inviernos en el centro social del municipio, desde que se hizo el Centro de Interpretación y en verano estaban en un refugio construido por la Junta, entre Orea y Alcoroches (nadie de las personas consultadas ha sabido decir atendiendo a qué criterio), que no cumplía con la legislación ni en el momento de su construcción, ni mucho menos ahora. Ante la precariedad de la situación del retén, el Ayuntamiento trasladó a la Junta de Castilla-La Mancha su inquietud y la intención de rehabilitar un espacio a tal fin, recibiendo ante la petición de ayuda, la respuesta de que no había presupuesto. Aún así y con los pocos recursos de que disponían, con la conciencia forestal que aún se respira en ese pueblo, lo hicieron.

Se nos cuenta que ningún técnico de la Junta ha visitado las instalaciones de Orea antes de realizar un informe sobre idoneidad de ubicación de nuevo emplazamiento.

La realidad es que existen unas instalaciones que cumplen con la normativa vigente y que se desechan para construir unas nuevas, que en el mejor de los casos, costarán cerca de ¡¡¡TRESCIENTOS CINCUENTA MIL EUROS!!!

Es difícil de comprender que se justifique mediante un informe ese gasto, cuando otro informe (que por cierto maneja más indicadores, según me cuentan) aconseja dejar la base en Orea, aludiendo a que no se corresponde la mejora del tiempo de respuesta con el importante gasto que se produciría.

Atropellos de este tipo son los que se han cometido con pequeños pueblos, cuyas voces son ahogadas, porque no interesa o por el miedo a represalias. De hecho, nadie de los consultados quiere que aparezca su nombre en este artículo.

Si hay que buscar una definición de cacicada, esto tiene toda la pinta de serlo.

¿Cuál es la actuación correcta?

Según opinan los vecinos consultados, lo más razonable y justo sería seguir manteniendo la base ya existente, con un gasto mínimo, liberando presupuesto para invertir en los montes de la zona. Incluso generando peonadas que alivien la situación de muchas familias cuya economía sufre a costa de esta pandemia.

Cuando se trata de dinero público y con las carencias que tienen esos montes y en la situación actual, que cada uno juzgue si es ¡urgente! e ¡imperioso! realizar ese gasto, que no atiende a un principio de necesidad, ni cumple con los preceptos que establece nuestra Constitución en lo referente a cualquier inversión pública.

Desde aquí todo mi apoyo a un pueblo que silenciosamente lo ha dado todo por sus montes y a cambio recibe un puntapié donde más le duele, donde a todos más nos duele, en nuestros montes y en el despilfarro del dinero público.

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