Quadracopter - Steffen Voß - Creative commons

El tonto del dron

Por los pueblos y sus términos municipales está comenzando a habitar accidentalmente una nueva especie de individuo que ya no es el tonto de atar, ni el tonto del haba, ni tan siquiera el tonto del pueblo y que sobrepasa con creces la categoría de tontilán. Es el tonto del dron.
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Se trata de un varón, entre los 25 y 50 años, que pretende sorprender a niños y a mayores con sus habilidades a los mandos de uno de estos cacharros que suenan muchas veces como un abejorro a tope de potencia. Nada tiene de particular que cada uno se divierta con lo que le plazca, siempre y cuando no toque las narices al vecino y menos aun a los cientos de animales que habitan el campo abierto y el bosque.

Tengo entendido que los voladores de drones tienen prohibido hacerlos pasar por encima de las ciudades, ya sean grandes o pequeñas. Será por si acaso sufre una avería, se cae y le abre la cabeza a algún vecino.

Mi sobrino mayor tiene un dron y lo ha volado conmigo a una altitud considerable donde ni siquiera se le oía. Reconozco que se ve el paisaje de manera increíble. Además, ha sido respetuoso con la fauna al no acercarlo al suelo ni a los árboles. Así que queda excluido de los tontilanes de turno. En su estancia en el pueblo solo lo utilizó dos veces. Y ya vale.

De estos últimos, ya me he encontrado con tres. El primero sobrevolaba muy cerca los nidos de buitre leonado, halcón peregrino, avión roquero y muchas otras especies en los cantiles del cañón del Alto Tajo. A semejante individuo le daba igual que las aves citadas estuvieran en periodo de nidificación, con el consiguiente estrés que les produce tanto a las crías como a los padres. Lo que más me irritó es que disfrutaba con sus hijos de semejante “azaña” viendo de cerca a los buitres volanderos. No me atreví a llamarle la atención porque se encontraba con niños y no se despegaba de ellos.

El segundo escogió un precioso paraje lleno de sabinas albares, donde crían, por ejemplo: el zorzal charlo, mirlo común, tarabilla común, urraca, corneja, paloma torcaz, búho real, lirón careto… A este amante del ruido en pleno bosque no lo llegué a ver. Lo cierto es que era todavía más pesado e irrespetuoso con la naturaleza que el anterior, pues estuvo sobrevolando las copas de las sabinas un rato largo, supongo hasta que se quedó sin batería. No entiendo qué pretendía descubrir.

El tercero, atraído por las aguas cristalinas azul turquesa del río Tajo, estaba dispuesto a captar hasta los animales más pequeños de las aguas como los zapateros o las libélulas. Además de las preciosas torrenteras de tan fascinante río, debería saber que por esas aguas de alta montaña habitan mirlos acuáticos, martines pescadores, nutrias e infinidad de aves insectívoras del soto. Tan pancho y enfundado en unas botas, mejor dicho, en un traje de goma que le llegaba hasta la pechera, seguro que grabó imágenes nunca vistas por él. Y más tarde debió de presumir mucho ante los amiguetes. Tontilán.

No sé si las normas prohíben utilizar drones en el campo. Si no es así, pediría a los que se aventuran a volar estos artilugios lo hicieran con respeto y sobre todo en época otoñal o invernal donde las aves, reptiles y mamíferos son muchos ya casi adultos. Pero, sobre todo, que los vuelen a suficiente altura para no molestar al vecino.

En este caso, el vecino puede ser un tejón, un ciervo, un corzo, una piara de jabalíes, una águila perdicera, una águila real, una culebrera, la totovía, la alondra, el colirrojo tizón o el real, el jilguero, el pardillo, el piquituerto común, el verderón común, el verderón serrano, la collalba gris, la lavandera, el pinzón, la chova piquirroja, la corneja, el gorrión chillón, el herrerillo, común, el mito, el carbonero común, el pito real, el pito dorsiblanco, la abubilla, el alcaudón dorsirrojo, la curruca, el zarcero… Y así hasta cientos de increíbles aves y mamíferos que dan vida a nuestros secarrales y bosques.

A los aficionados al dron les propongo que se lo acerquen a su cabeza a dos metros durante un rato y seguro que se darán cuenta de lo latoso del artilugio. Otra proposición más placentera: apúntense a unos paseos por el campo guiados por expertos y seguro que se lo pasarán mucho mejor disfrutando de la flora y fauna de nuestro diverso y extraordinario país.

P.D. Vaya por delante que no estoy en contra del dron. Como es sabido, este aparato en manos de gente experimentada está siendo muy útil para el campo; para apagar fuegos, localizar plagas, sequías y otras ayudas al agricultor y al ganadero.

Foto destacada: Steffen Voß - Quadrocopter. Creative commons

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