Vencejos

Los vencejos se hacían con paja larga de centeno y se usaban para atar los haces de mies. Ayer, al atardecer, sentados en las sillas que hay en el rincón de pensar en la huerta, me decía Ernesto que le hubiera gustado saber hacer vencejos, saber hacer ese nudo que une tan fuerte como fácil es de soltar si quieres, y que ya no queda nadie que sepa hacerlo para preguntar.
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Nunca he tenido nada que ver con los dueños del poder”.
John Berger. Citado por Javier Morales en “Mientras quede una rosa”, página 66

Los vencejos se hacían con paja larga de centeno y se usaban para atar los haces de mies. Ayer, al atardecer, sentados en las sillas que hay en el rincón de pensar en la huerta, me decía Ernesto que le hubiera gustado saber hacer vencejos, saber hacer ese nudo que une tan fuerte como fácil es de soltar si quieres, y que ya no queda nadie que sepa hacerlo para preguntar.

Yo sé hacerlo, le dije, me enseñó Antonio Flaño y supongo que no se me ha olvidado, le dije también, pero me parece que pensó que iba de farol y por eso esta mañana le he puesto este mensaje: en la piedra de la cochera te he dejado un par de cuerdas con un nudo para que veas si es o no el de los vencejos. Al rato ha contestado: puede ser.

Como no había paja de centeno, Antonio me enseñó a hacerlo con un par de cuerdas mientras tomábamos un vino, o dos, en el bar Sol, y no se me ha olvidado, ni hacer el nudo ni el recuerdo de Antonio.

La paja más larga del centeno se guardaba en el pajar hasta el siguiente verano, cuando llegaba la hora de segar, dar manadas y atar los haces o gavillas para llevarlos a la era; la paja de centeno se desgranaba golpeándola y se ponía a remojo en agua para que no se rompiera y estuviera flexible al hacer los vencejos.

En cada mano se cogía un puñado de paja y se cruzaban haciendo una cruz; la parte alta de uno de los manojos de paja se dobla por el cruce entre los dos manojos abrazando al otro; con el lado izquierdo del manojo que no se ha doblado se hace una lazada y el extremo que rodea el manojo doblado se pasa por ella y se tira apretando, como se hace al atar los zapatos, y ya está el vencejo preparado.

Siento no saber explicarlo mejor, tengamos en cuenta que los campesinos no dicen, no escriben, hacen, y a mí, tanto arrimarme a ellos algo se me está pegando.

Hablar con los campesinos

A mí siempre me gustó hablar con los campesinos (con los agricultores no tanto) y cada vez quedan menos, pero aún disfruto con ellos y guardo sus enseñanzas, porque leyendo a John Berger aprendí a valorar su saber y a conservarlo, porque no puede borrarse una parte de la historia de un mangazo, escribió Berger.

Ya sé que en esta sociedad del siglo XXI saber hacer vencejos no sirve para nada, es mucho más útil matar a cien mil palestinos, llamarse Florentino Pérez, ser el novio de la señora Ayuso, conquistar Venezuela, bloquear Cuba… y comprar millones de barriles de petróleo por si a papá se le cruza el cable y bombardea Irán. Mientras yo hacia está mañana el nudo de vencejo, el hijo de Donald se embolsaba medio millón de dólares, lo que subió el Brent en ese rato.

En el desbarajuste mundial orquestado por y para los más ricos, no renta hacer vencejos, no sirve para nada, pero al menos no demos consentimiento a la injusticia, digamos no, no nos limitemos a maldecir la oscuridad en la que nos están metiendo.

Es mejor encender una vela, como hacía John Berger, que también escribió que la esperanza era la luz de una vela apagada.

A Berger no le gustaba la dicotomía optimismo/pesimismo, prefería la esperanza, pero como posibilidad de encender una vela en medio de la oscuridad. La posibilidad de hacer, aunque sea un vencejo, aunque solo sirva para mantener la memoria, lo que no es poco, lo es todo.

Yo, a estas alturas de mi vida, estoy feliz sabiendo hacer el nudo de los vencejos y no teniendo ni puta idea de cómo se hace un nudo de corbata, no me acordé de preguntarle a Antonio, pero bien pudiera ser que habiéndole preguntado tampoco hubiera servido para nada, porque como escribió John Berger, ni Antonio ni yo, nunca tuvimos nada que ver con los dueños del poder, que suelen llevar corbata y no saben lo que es un vencejo, ni puta falta que les hace, para jodernos, como nos están jodiendo.

Foto destacada: Ayuntamiento de Camprovin (La Rioja)

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