Nostalgia por las plantas olvidadas

Quedan pocas personas en los pueblos que conocen y consumen las plantas y frutos silvestres que nos da gratis el campo. La emigración de los pueblos a las ciudades es ya una amenaza para relegarlas al olvido.
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En una pequeña pedanía de Guadalajara, viven doce o trece vecinos, entre los cuales se encuentran dos hombres, uno de 100 años y otro de 89. Al primero, hasta hace poco tiempo se le veía recolectando flores de saúco con una cesta de mimbre. Las extendía en el sobrado de su casa hasta que se secaran y en invierno con los fríos se hacía infusiones “para evitar los resfriados”, según decía.

El segundo ha ampliado su casa recientemente y habría que verlo cómo ha estado acarreando para la obra unos pedruscos de arenisca enormes con una carretilla. Desde hace bastante tiempo, me confesó que a las carnes, sean de cualquier especie, siempre les echaba tomillo u orégano, o bien las dos.

Estos dos ancianos son de los pocos que van quedando como recolectores de algunas plantas del campo beneficiosas para la salud, ricas y con sabores deliciosos; son también portadores de una cultura que desde que comenzó la emigración a las grandes ciudades, allá por la mitad del siglo XX, se ha ido perdiendo poco a poco. Quizás lo único que sigue levantando pasiones entre los frutos del campo sea la búsqueda y recolección de setas.

Ante este drama, han comenzado a surgir iniciativas como la de “Plantas olvidadas” de la Fundación de la Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y Desarrollo Demográfico(MITECO). Financiado por la Unión Europea, este proyecto, que acaba de cerrarse en diciembre de 2025, es la valorización de alimentos forestales para una gestión sostenible del territorio.

En principio han sido cinco vegetales los escogidos, el escaramujo, la endrina, el madroño, la piña verde y la bellota. Y una vez más han sido los catalanes, a través de varios organismos, los que ha cogido el guante de esta oportunidad. De hecho, ya comercializan boloñesa de bellota, salsa de madroño, galletas de endrina, mermelada de tomate y piña verde.

Bastantes años antes del citado proyecto, las emprendedoras mujeres de Orea (Guadalajara) ya dieron valor a las plantas de los Montes Universales, creando Del campo a tu Casa, ofreciendo productos sabrosos de plantas relegadas al olvido.

Recolección vecinal

Pero el valor de estas iniciativas a favor de las plantas silvestres no llena el vacío dejado por aquellos que emigraron a las ciudades, puesto que eran cientos los vecinos que aprovechaban los recursos que les ofrecía la naturaleza, y que no despreciaban según las estaciones del año.

Dentro de un mes, más o menos, en estas tierras de montaña, se comenzarían a disfrutar las exquisitas collejas (anticancerígenas), cardillos (vitaminas A, C, K, calcio y potasio), y espárragos (potasio, vitamina A y ácido fólico), entre otras, como la manzanilla para asentar el estómago.

Aunque existen cientos de plantas aprovechables por sus beneficios, siempre hubo algunas más consumidas por los sabios pueblerinos. Aquí un resumen y algunos de sus poderes curativos.

Saúco. Las infusiones de las flores y hojas secas sirven para tratar las vías respiratorias, dolores de cabeza, migrañas. Y el licor para la reumatitis, neuralgias y desinfectante de heridas.

Algo de magia debe de tener esta planta porque exquisitas ramoneadoras como las cabras cuando se encuentran con un saúco lo dejan pelado por completo, quedando solo el tronco y algunas ramas gordas. Este apetito de las cabras jamás lo he visto con ningún otro vegetal.

Orégano. Propiedades antivíricas. Fortalece el sistema inmunológico, previniendo resfriados y gripes.

Romero. Potencia el sabor de los asados y otros guisos; disminuye los gases del tubo digestivo y tiene efectos diuréticos.

Tomillo. Combate bacterias y hongos; calma la inflamación y la irritación, mejora la salud capilar, frena el envejecimiento de la piel y alivia el estrés y la ansiedad.

Te de roca. Energizante saludable sin un gramo de azúcar. Diurético y antiinflamatorio. Desde luego, mucho mejor para aportar energía que esas bebidas mal llamadas energizantes, que quién sabe realmente lo que contienen

Endrina. Utilizada principalmente para hacer pacharán, mezclándola madura con anís, es rica en vitamina C y portadora de minerales como el hierro, calcio y potasio. También contiene antioxidantes.

Zarzamora. Muy utilizada para mermeladas y tartas, protege nuestra salud cardiovascular, propiedades antiinflamatorias y anticancerígenas. Previene enfermedades neurodegenerativas.

Escaramujo. Además de antioxidante, es muy rico en vitamina C, A y E. Se utiliza como antiinflamatorio y antidiarreico.

Más aprovechamiento

Según la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, solo 30 especies vegetales constituyen la base alimentaria del 90% de la población mundial, mientras que muchos otros podrían ser relevantes en la seguridad alimentaria.

Recuerdo hace ya demasiados años, en el mes de septiembre, a los vecinos de los pueblos ribereños del río Tajo armados con cestillas recogiendo las ricas avellanas de los cientos de estos árboles que escoltaban el cauce por estas tierras de montaña. En la actualidad, apenas se ve a nadie.

Algo parecido sucede con las nueces. Este otoño, en un pueblo cercano a Aragoncillo (Guadalajara) daba pena ver la cantidad de nueces caídas en el suelo y sus dueños, si es que viven, o al menos sus herederos, sin recogerlas. Confieso que llené solo un talego por si acaso alguien me llamaba la atención, aunque todavía quedaron miles.

Avellanas y nueces, dos fuentes de proteínas vegetales extraordinarias que despreciamos del campo y compramos en el mercado. Origen de las segundas, California, más grandes, pero mucho menos ricas que las españolas.

En el centro de un pueblo pequeño sigue creciendo con vigor un tilo que ha alcanzado cierto porte. Dos ancianos que ya no viven conocían lo relajante que es tomarse una tila. De manera que, en una temprana mañana veraniega, un vecino los encontró encaramados en el árbol.

Ella, que ya no cumplía los 90 años, portaba un talego y estaba sentada sobre los hombros de un anciano de edad similar. A pesar de la temeridad, porque el tilo crece en cuesta, no hicieron caso al sorprendido vecino, mucho más joven, cuando les recrimino su inconsciencia. Y es que los mayores son como niños, pero con mucha más sabiduría.

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