Desalinizadora de Valdelentisco, en Mazarrón (Murcia). Foto: Acuamed.

Más claro, agua

El agua es un recurso imprescindible y cada vez más escaso. En la desalación y la digitalización pueden estar las claves para garantizar el acceso al agua.
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Hace muchos años, cuando no existía ni internet, ni telefonía móvil, ni tanta tontería, un amigo periodista hacía cábalas para conocer el consumo de champán en las fiestas navideñas. Era simple. Si había un millón de hogares en Madrid, un suponer, y en cada casa se consumía, decía él, tres botellas de champán, pues tres millones de botellas le salía. Estadística de brocha gorda, pero a ver cómo le rebatías. Supongo que las de mi casa se las bebería él, porque la botella que abríamos nosotros, se acababa tirando prácticamente entera. En fin. Menudo era Fernando.

La estadística mola. Es una rama de las matemáticas que te permite recopilar, organizar y analizar datos según la necesidad que tengas… ¡para obtener el resultado que te interesa! Bueno, eso lo digo yo. Los académicos dicen que se utiliza para tomar las mejores decisiones, comparar información, etc. Yo lo que digo es que, de las ciencias matemáticas, es a la que más sesgo puedes infundir en sus derivadas, porque según como gires los datos, puedes conseguir unos resultados que te justifiquen la acción que realmente quieres ejecutar. Que me perdonen los estadísticos.

Mucha agua

A lo que voy. En mi casita de la playa, en un pueblecito majísimo de Murcia, me clavan en todos los recibos un consumo mínimo de quince metros cúbicos de agua. Es decir, utilizan una especie de tarifa plana de forma que, los que vamos de pascuas a ramos, pagamos “by the face” un camión de agua sin haber gastado ni gota. Se supone que el agua está ahí, en algún lado detrás del grifo, esperando a que yo vaya y abra la llave. Y como yo, otras 15.827 segundas viviendas censadas en el municipio que vamos a disfrutar del clima y gastronomía, como mucho muchísimo y en total, dos meses al año.

Es decir, en plan brocha gorda como Fernando, pero afinando un poco más y con unas simples operaciones aritméticas, nos sale más de un hectómetro cúbico de agua que pagamos al año sin haberla consumido. Mucha agua. Y sólo en el municipio.

Por otro lado, y en otro mundo paralelo del metaverso, la cosa es que de nuevo empezamos con líos por el tema del trasvase. El Tajo no da para más y Ribera propone un caudal mínimo ecológico para el río más largo de la península, lo que supone que a las huertas valenciana y murciana llegará menos líquido elemento. Lo del caudal ecológico es de sentido común, lo de las huertas ya no lo tengo tan claro y lo de las empresas privadas prestadoras del servicio es para estudiarlo. Unos dicen que necesitan más agua, otros que pagan un agua que no consumen y las ‘utilities’ a lo suyo.

¿Dónde está ése agua? ¿Existe el agua que pago y no consumo? ¿Se queda en los pantanos? ¿Dejan de trabajar las desalinizadoras? ¿La almacena alguien en algún sitio? ¿Se la están dando a los agricultores? Si me la cobran a mí, ¿se la están dando gratis? ¿Hay agua para todos? Tranquilos que no me estoy haciendo un lío, es que no tengo más que preguntas.

Las aguas bajan turbias

El próximo 22 de marzo se celebra, como cada año desde 1993, el Día Mundial de Agua. Si la ONU insiste desde hace tanto tiempo, en la necesidad de generar conciencia sobre la importancia del agua para la vida en el planeta, es que no vamos muy bien en esa tarea. Y es que siendo como es el agua un derecho y un servicio público de primera necesidad, no se acaba de entender muy bien el tratamiento que se le da al agua como negocio.

Dicen los que dicen saber de esto, que el mejor modelo de prestación del servicio es el de una asociación público-privada con empresas mixtas en el que el operador privado tenga una participación minoritaria. A cambio se les ofrecería una competencia exclusiva en la gestión mientras que el organismo público sería el responsable de velar por el interés general y tener en consideración la realidad de cada municipio o región. Con la exclusividad plena en la gestión, la falta de transparencia está garantizada.

Desde finales de los 80 del siglo pasado, los procesos de privatización del servicio del agua en España han seguido una senda ascendente imparable, llegando en la actualidad a copar el servicio en el 50% de los municipios. No obstante, y un dato que sería curioso analizar en profundidad, es que en todas las grandes ciudades de España, a excepción de Barcelona y Valencia, el servicio lo prestan empresas exclusivamente públicas. Interesante.

Tenemos en España otro caso curioso. Aqualia es una empresa que, según la información disponible en su sitio web, presta servicio de agua potable y saneamiento a más de 26 millones de personas en más de 1.100 municipios de todo el territorio nacional. La empresa está participada en un 51% por la empresa FCC y el otro 49% por el fondo ético australiano IFM Investors.

O sea, en grandes ciudades empresas públicas, en resto municipios, empresas privadas. Me encantaría tener algunos numeritos y ver los intríngulis y el porqué

Rematando la faena, y desde hace un par de años, el agua ha empezado a cotizar en el mercado de futuros como si fuera una mercancía más. Dicen los financieros que así, a través de la libre competencia, se incentivará la eficiencia en el uso de un bien económico que es y será cada vez más escaso.

Si no pudo contratar el servicio del agua con una compañía diferente, no acabo de entender lo de la libre competencia. ¿A qué se estarán refiriendo? ¡Cómo huele el negocio!

Es verdad que en la prestación del servicio como tal debe tenerse en cuenta el ciclo completo del agua y sus infraestructuras. Desde que el agua se recoge en un embalse o se produce en la desalinizadora y se lleva al grifo, hasta que se devuelve a la naturaleza y/o se reutiliza, pasamos por diferentes fases ciertamente complejas que requieren conocimiento, tecnología y recursos. Y que los procesos tienen sus complejidades, inconvenientes, blablablá… Pero todo esto no implica que los ayuntamientos u organismos públicos correspondientes, responsables últimos del suministro, se entreguen atado de pies y manos a las empresas especializadas. Y menos los ciudadanos que somos los primeros interesados que el servicio se preste con las máximas garantías y en las mejores condiciones. No hay que callarse, ni debajo del agua.

La solución es salada

Desde el MITECO se está potenciando el uso de agua desalinizada mediante subvenciones a su producción. Según la Asociación Española de Desalación y Reutilización (AEDyR), actualmente hay más de 900 plantas de desalinización en España, con una capacidad total de producción de más de 1,7 millones de metros cúbicos al día. Y es un método que cada vez va a más. Si hace falta, hay que buscar el agua debajo de las piedras.

Un ejemplo lo tenemos en Arabia Saudita que tiene la mayor capacidad instalada de desalinización del mundo. Un desierto de arena que se riega con 6 millones de metros cúbicos de agua al día.

En la mitad sur de nuestra cuenca mediterránea tenemos desplegadas las mayores desalinizadoras de España. En Alicante, Murcia y Almería (Torrevieja, Valdelentisco y Carboneras) se concentra una producción diaria de 500.000 metros cúbicos de agua. Y no es casualidad que se concentren ahí porque, además de ser una zona de extraordinario impacto turístico, es la zona de mayor concentración hortofrutícola del país.

Ya sabemos que para desalinizar se utiliza mucha energía y ya sabemos cómo está el precio del kilovatio. Pero igual que hemos encontrado una solución con la excepción ibérica, igual que hemos encontrado una solución a la planta de ALCOA, tenemos que encontrar una solución para la huerta. Y ésta es el agua desalinizada y hay que seguir buscando los medios para que esa agua sea económicamente accesible para todos. Hay que dejar a un lado a los oportunistas de turno tocando a rebato después del compromiso con el caudal mínimo del Tajo y analizar con detenimiento las alternativas propuestas por el MITECO.

Eficiencia y control

Uno de los proyectos propuestos más significativos y que más desafíos plantea es el PERTE de digitalización del ciclo del agua. Es fundamental que las nuevas tecnologías de la información desembarquen en la gestión del ciclo integral del agua. La mejora de la gestión, el incremento de la eficiencia y la reducción de pérdidas en las redes de suministro son los puntos clave que señala el proyecto, así como el seguimiento y control de los vertidos.

Hay que digitalizar a los diferentes usuarios de las redes, actuar sobre el ciclo urbano del agua, digitalizar el regadío, modernizar los sistemas de información hidrológica y reforzar los programas de seguimiento y control de los vertidos. Hay mucho que hacer y no se trata sólo de aumentar los hectómetros cúbicos, sino de saber dónde se pierden, quién los gasta y dónde los tiran. Parece mentira que en plena era del conocimiento y la información, no dispongamos de datos precisos y completos sobre el uso que le damos al agua. Encomiable la tarea de Teresa. A ver si la dejan.

No obstante, y mientras tanto, voy a seguir preguntando a los de Aqualia qué hacen con mis quince metros cúbicos de agua.

Foto: Desalinizadora de Valdelentisco, en Mazarrón (Murcia). Foto: Acuamed.

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