La valiosa compañía de nuestros amigos los pájaros

Por las tierras serranas de montaña la vida transcurre a otro ritmo distinto al de las zonas más cálidas, donde el campo bulle y se mueve bastante antes. Días atrás, pasamos del silencio del monte por las lluvias y el frío al jolgorio de los cánticos de cientos de pájaros cuando comenzó a salir el sol y subir un poco las temperaturas. Los pájaros siempre anuncian la primavera con un jolgorio de cánticos que alegran la vida del campo y la nuestra.
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Y no es que acudieran a sus cuarteles de verano de tierras más templadas; estaban aquí, pero salvo excepciones no se les veía. Así que, con la alegría que les proporciona el sol y el calorcillo de finales de invierno, algunos han comenzado a buscar casa para criar sus polladas. Totovías, escribanos, tarabillas, pinzones, herrerillo común y capuchino, chochín… se esforzaban en entonar sus mejores músicas.

Como viene haciendo tres años con este, el carbonero común ha estado moviéndose por los barrios del pueblo menos céntricos para buscar un hueco idóneo.

El año pasado los papás carboneros criaron en el tubo de un extractor de humos de una cocina que daba a la calle. Avisé a sus dueños y me dijeron que estaba inutilizado Me alegré por los pajarillos.

Se dieron cuenta de que los había descubierto y esta temporada han cambiado a otro lugar que todavía no he encontrado. Y es que son muy celosos con su hogar, aunque no lo hayan pagado ni tampoco han firmado una hipoteca.

Eso sí, el esfuerzo por construir un nido mullido para sus polluelos les trae bastante trabajo. La primavera pasada me sorprendió que las cebas del macho y de la hembra se producían en espacios de menos de un minuto, lo que quiere decir que encontraban alimento con facilidad.

El herrerillo

A la familia de carboneros se les ha unido este año una pareja de herrerillos comunes. Lo cierto es que estas especies son particularmente del bosque; además, pertenecen junto a otros a la familia de los páridos.

Quizás más tontorrones que sus primos los carboneros o porque tenían más prisa, han tenido menos cuidado a la hora de elegir sitio de cría. Han escogido un agujero en la pared de un pajar bastante a la vista de los que conocemos por su canto y alarmas cuando pretenden anidar.

Quizás algún profano en esto de los pájaros ni se entere. Y eso que los polluelos son muy escandalosos cuando sus padres los ceban o bien si uno se acerca, como hacía yo de chaval, a la boca del nido y hace ruido para que los pequeños crean que son los padres que vienen a alimentarlos. Y no son nada tontos, los dos primos, el carbonero el año pasado y el herrerillo este, han orientado al sur su casa.

Junto a estos pájaros camperos por excelencia, en el casco urbano se unen para anidar otros muchos pájaros: colirrojo tizón, estornino común, gorrión común y chillón, avión común, golondrina, vencejo, jilguero, mochuelo y hasta el cernícalo, que siendo un abusón echó a este último de la casa concejo y se apropió del hueco, llegando a sacar los últimos años cuatro hermosas aves de presa.

Alguno ha caído al suelo antes de tiempo al intentar depositar sus excrementos fuera del nido. Y es que cuando son ya mayores se ponen de culo a la calle y mala suerte si coincide que pasas por ahí. Se me olvidaba el autillo, la más pequeña de las aves nocturnas, que cría a las afueras y que no voy a decir donde, por si acaso a alguno que venga por el pueblo, solo por curiosidad, se le ocurra perturbar su estancia.

Para la mayoría de las aves citadas, todavía es un poco pronto para anidar por estos pagos. Como ejemplo, los vencejos, los últimos en acudir, suelen venir al pueblo a principios del mes de mayo.

Parece probado que más por el calor de los humanos, las diferentes aves escogen la localidad, apenas habitada, por su arquitectura y las facilidades que les prestan los agujeros de los aleros de las casas realizados con teja antigua y de las paredes de los pajares casi abandonados.

Menos gorriones

Al vecino ciudadano y pueblerino de toda la vida no parece que le vaya tan bien como a otros pájaros como el pinzón vulgar. Los ornitólogos aseguran que desciende su población de forma alarmante en todo el mundo, en especial en las ciudades, porque se construye de tal manera que no le quedan huecos para anidar.

Sin embargo, aquí en el pueblo sí los tienen y cada año su población es menor. Estoy convencido que la principal causa de su declive es la escasez de alimento en época invernal.

Antaño, la mayoría de las casas, abiertas prácticamente todas, criaban sus cuatro gallinas, el cerdo, las caballerías… Un ganado que aseguraba sustento a la población de gorriones, pues al ser tan listos siempre encontraban un hueco para alimentarse.

La capacidad de adaptación de este pájaro fue siempre proverbial. En las ciudades son capaces de posarse en tus manos por unas migas de pan. Aquí en el pueblo han ralentizado el furor primaveral de esos primeros soles que he comentado antes.

En estos días antes de Semana Santa han bajado las temperaturas nocturnas de los cero grados centígrados y las diurnas no han subido a mas de siete. Si a esto añadimos el viento soplando del norte, la sensación térmica en el centro del día seguro que no llega ni a los cuatro grados, a no ser que te coloques a la solana.

De manera que todavía los estorninos, por ejemplo, vuelan en bandadas y no han formado pareja, al igual que la mayoría de los pardillos. Seguro que a poco que el tiempo mejore volverá el frenesí primaveral.

Una señal inequívoca del cambio de estación es haber visto a la preciosa abubilla y escuchar su clásico “bu-bu”. No confundir con el cuco.

Niños pajareros

La tan citada despoblación rural hacia la ciudad allá por mediados del siglo pasado, se llevó también demasiado conocimiento del campo y en especial de los pájaros. Menos mal que todavía vive algún niño en los pueblos que en lugar de la Play anda buscando nidos.

Con motivo de una de las grabaciones del excelente documental de la UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos) titulado “Barbecho. En el corazón del despoblamiento”, tuve la suerte de encontrarme con un chaval en Orea (Guadalajara) que tenía una pinta de pajarero de mucho cuidado. Y al preguntarle por algunos acerté sin duda. Los llamaba a su manera, pero comenzaba a ser un ornitólogo muy bueno, pues conocía bastantes especies. De unos diez muchachos, parecía el único interesado.

Pues volvamos a ser un poco niños y juguemos a conocer algunos nombres curiosos de pájaros, unos de profesiones humanas respetables y otros quizás poco agraciados que me dejo para el final.

Ahí van unos cuantos. Escribano, triguero, carbonero, herrerillo, trepador, agateador, charlatán, silbón, martín pescador, carraca, lavandera, chochín, roquero, bigotudo, treparriscos, cascanueces.

Para terminar, ganso, equivalente a patán, torpe y que se cree gracioso con los chistes y no lo es; cotorra, sobra explicación; pardillo que se deja influenciar con facilidad y reyezuelo, el pájaro más pequeño de España que al ser tan minúsculo quizás quiera aparentar más de lo que es.

Son solo unas pocas de las más de 580 aves que existen solo en Europa. La manera mejor y científica de conocerlas es pronunciar su nombre en latín, aunque yo me conformo con chavales como el de Orea.

Foto destacada:

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