La DOP Miel de Málaga ya tiene, por fin, el reconocimiento europeo

La Comisión Europea ha aprobado la incorporación de la Miel de Málaga a su registro de Denominaciones de Origen Protegidas (DOP), lo supone el espaldarazo definitivo de su reconocimiento europeo, tras la aprobación de la Protección Nacional Transitoria en junio de 2024.
El reglamento de la DOP define la Miel de Málaga como el alimento elaborado por las abejas a partir del néctar de las flores o de las secreciones procesadas de las partes vivas de las plantas de la provincia de Málaga. La miel debe clasificarse por su origen botánico, ya sea floral, vegetal o miel de mielada.
La diversidad geográfica y climática de Málaga da lugar a ocho variedades diferentes (una multifloral y siete monoflorales) que se distinguen por sus singulares aromas y sabores afrutados y florales, que incluyen, en particular, notas amargas, astringentes, ácidas y saladas que contrastan con el dulzor característico de la miel.
Las temperaturas cálidas de la zona aceleran la pérdida de humedad en el panal, acelerando la maduración y, por consiguiente, la cosecha de la Miel de Málaga. Además, las largas horas de sol en esta provincia permiten que las colmenas estén activas durante más tiempo, lo que significa que los apicultores pueden extraer miel varias veces al año.
Una país con mucha miel

De acuerdo con la información que recoge el anuario de Mercasa Alimentación en España 2025, el sector de la miel cuenta con diversas denominaciones de origen y figuras de calidad diferenciada que garantizan el origen, la autenticidad y las características específicas de este producto. Estas certificaciones permiten reconocer la diversidad y riqueza apícola de las distintas comunidades autónomas, así como proteger las mieles tradicionales frente a imitaciones.
En Andalucía, además de la DOP Miel de Málaga, destaca la Denominación de Origen Miel de Granada, que ampara mieles producidas en esta provincia con características propias del entorno natural. Aragón dispone de una Marca de Garantía de Calidad para la miel, mientras que en Asturias se encuentra la Miel de Asturias, actualmente en trámite para su reconocimiento oficial.
Las Islas Baleares cuentan con varias marcas colectivas de garantía, como Mel d’M, Es Mel y Això és Mel, que identifican mieles producidas localmente. En Canarias, la Denominación de Origen Miel de Tenerife protege una miel estrechamente ligada a la flora insular.
En Cantabria, la Denominación de Origen Protegida Miel de Liébana y la marca Calidad Controlada certifican la calidad del producto. Castilla-La Mancha alberga una de las denominaciones más reconocidas, la DOP Miel de la Alcarria, inscrita en el registro de la Unión Europea.
La Comunidad Valenciana distingue sus mieles mediante marcas de calidad propias, como la Miel de Azahar y la Miel de Romero. En Extremadura, la DOP Miel Villuercas-Ibores garantiza la procedencia y las cualidades de esta miel tradicional.
En Galicia, la Indicación Geográfica Protegida Mel de Galicia (Miel de Galicia) protege las mieles producidas en esta comunidad. La Comunidad de Madrid reconoce la Miel de la Sierra de Madrid como alimento de calidad regional, mientras que en La Rioja la miel se encuentra registrada y certificada bajo sistemas de control propios.
Finalmente, en el País Vasco, la miel está amparada por el Eusko Label, un distintivo de calidad alimentaria que certifica productos autóctonos, donde la miel recibe la denominación Eztia.
En conjunto, estas denominaciones y marcas de calidad reflejan la importancia de la miel como producto agroalimentario de alto valor, vinculado al territorio, la tradición y la excelencia productiva en España.
Consumo a la baja
El anuario de Mercasa Alimentación en España 2025 destaca también que, durante el año 2024, los hogares españoles consumieron 15,0 millones de kilos de miel y gastaron 109,4 millones de euros en este producto. En términos per cápita, se llegó a 0,3 kilos de consumo y 2,3 euros de gasto.
El consumo más notable se asocia a la miel envasada (0,2 kilos por persona y año), con un nivel superior al consumo en miel a granel (0,1 kilos por persona al año). En términos de gasto, la miel envasada concentra el 60,9% del gasto, con un total de 1,4 euros por persona, mientras que la miel a granel presenta un porcentaje del 39,1% y un total de 0,9 euros por persona al año.
Durante los últimos cinco años, el consumo de miel se ha ido reduciendo progresivamente. En cuanto al gasto, también hay oscilaciones de diferente sentido, aunque el resultado final es un descenso. En el periodo 2020-2024, el consumo más elevado se produjo en el año 2020, con 0,42 kilos, mientras que el mayor gasto también tuvo lugar en el ejercicio 2020 (2,7 euros por consumidor).
La evolución del consumo per cápita de miel durante el periodo 2020-2024 ha sido bastante parejo para cada tipo de producto, aunque con divergencias en el año 2024. Respecto a la demanda de 2020, tanto en el consumo de miel a granel como en el consumo de miel envasada se advierte un retroceso.
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