Hormigas: útiles y también destructivas

En España existen más de 300 especies de hormigas y son un ejemplo de organización y capacidad de construir. Eliminan plagas en los montes y huertos, pero también algunas son dañinas para el medio ambiente. Existen tantos ejemplares en el mundo que tocamos a 2,5 millones de estos insectos por persona.
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Unos días antes de llegar el frío clásico de otoño por las tierras de montaña, andaba con el perro por un pequeño sendero rodeado de yerbazales por el que también caminaba una enorme hilera de hormigas en su trajín de buscar y acarrear alimento para su nido. Tres cuartos de hora más tarde paso de vuelta por el mismo sitio y no veo ni uno de estos insectos tan laboriosos.

Aproximadamente, media hora más tarde cayó un enorme chaparrón acompañado de viento y granizo. Es evidente que las hormigas sabían que iba a llover y por eso se escondieron en su hormiguero.

Parece ser que son capaces de detectar los cambios de presión atmosférica y sabido es que si baja hay más humedad y posibilidades de que llueva.

Los entomólogos. o mejor dicho las y los mirmecólogos -estos últimos dedicados de manera especial al estudio de las hormigas-, nos dicen que en España hay alrededor de 300 especies, la mayoría inofensivas para el hombre y bastante útiles para eliminar plagas en el monte debido a su capacidad cazadora.

Hormiga roja

Como no soy ningún experto en este tipo de insectos me voy a entretener por mis experiencias con la hormiga roja (formica rufa), una especie que forma su hormiguero en forma de montículos construidos principalmente de hojas, en los terrenos donde abundan las coníferas.

En el monte de pinos por donde deambulaba de chaval era bastante frecuente tropezar con un nido de estas valientes hormigas. Y cuando uno se encuentra con un nido de esta especie lo mejor es retirarse y, por supuesto, no intentar echarse al suelo cerca de él. 

He de reconocer que de chico me gustaba chincharlas. Al acercarme al nido con un palo veía que todos los ejemplares trabajaban a un ritmo normal, pero bastaba uno o dos golpes con el bastón sobre su casa para que cambiaran frenéticamente el ritmo y se pusieran a la defensiva.

Como mi hermano pequeño y yo éramos unos montaraces, dos o tres veces cada verano y en distintos hormigueros abríamos un agujero con un palo largo, descubríamos sus huevos blancos, cogíamos un puñado acompañados de alguna hormiga y los depositábamos en una bolsa con los consiguientes mordiscos en las manos. Después tapábamos el nido, aunque el estropicio ya lo habíamos hecho.

Utilizábamos los pequeños huevos para dar de comer a dos perdigones pequeños que casi todos los años cogíamos para que se hicieran grandes y divertirnos con su canto. Lo cierto es que para ellos era como el caviar para algunas personas, pues se los comían visto y no visto.

También es verdad que cuando destapábamos el hormiguero desprendía un olor fortísimo, algo así como ácido. Supongo sería ácido fórmico que soltaban los insectos en su defensa. Menos mal que estábamos en campo abierto. No sé lo que nos hubiera pasado en un recinto cerrado. A los dos días ya habían reconstruido su casa.

Eliminan plagas

Tras estas travesuras de críos y conforme uno crece, he descubierto lo beneficiosas que son para los bosques las hormigas rojas de esta especie.

Cuando sale en formación de cacería todo un ejército de hormigas rojas, son capaces de devorar a la procesionaria que tanto daño hace a los pinos dejándolos prácticamente sin hojas. Y lo mismo resuelven con otros tipos de plagas que dañan los árboles.

Como son animales muy valientes, les aseguro que donde haya un hormiguero de rojas no habrá en bastantes metros a la redonda ninguna víbora ni ningún otro reptil. Pues basta que se acerque alguna para expulsarla a mordiscos y, si es pequeña, devorarla.

Recuerdo en Aragoncillo (Guadalajara) cómo un jubilado ya fallecido echaba a la entrada del huerto un polvo blanco como barrera para que no pasara ninguna hormiga al huerto, pero a la vez se quejaba de que ya había matado tres víboras y una estuvo a punto de morderle al ir a cosechar un calabacín. En esta zona siempre se ha tenido mucho miedo a estos reptiles venenosos.

Le comenté que si quitaba esa barrera seguro que no encontraría ninguna víbora en su hortal y así fue. Lo curioso es que, al no haber víboras, aumentaron los ratones que se comían las patatas que daba gusto. De manera que al final este hombre dejó todo como estaba y quitó los polvos, porque las hormigas también comían otras plagas perjudiciales para sus cultivos de huerta.

En realidad, dejó que la naturaleza siguiera su marcha y no interrumpirla con modernos potingues químicos.

Ácido fórmico

Este compuesto ya fue aislado en el siglo XVII por un naturalista inglés machacando hormigas rojas. Después hemos sabido que también se encuentra en pequeñas cantidades en la miel y en las ortigas. Por eso la sensación de quemazón de una mordedura de uno de estos insectos se parece bastante a cuando rozas la piel con una ortiga.

Los hortelanos de ahora, que huyen de los productos químicos, y los de antaño, porque no tenían otra cosa, han utilizado un mejunje con las ortigas en forma de fungicida natural con el que pulverizan las plantas con bastante éxito.

Y como todo avanza una barbaridad, el ácido fórmico se produce de forma química y se usa por sus propiedades fungicidas y bactericidas para productos de limpieza, como ingrediente de medicamentos para el reumatismo o vasoconstrictores, aditivo para alimentos animales, ingrediente de cosméticos y para conservar más tiempo los alimentos frescos frente a bacteria y hongos., entre otras propiedades

Si nos detenemos a mirar en el mercado a mirar los productos y leemos E236, es que lleva ácido fórmico.

Molestas constructoras

Siempre se ha admirado a las hormigas por su capacidad de organización y su maestría en la construcción, así como en su habilidad para orientarse y volver al hormiguero.

Hay estudiosos que nos dicen que se guían por el olfato. Otros aseguran que son capaces de reconocer el terreno fijándose en pequeñas plantas, piedras u otros objetos.

Es una familia tan apasionante (en el mundo hay más de 10.000 especies distintas) que, aunque tienen en común la forma de reproducirse: cuidando a una o varias reinas que son las que depositan los huevos; sus comportamientos pueden ser muy variados.

Peligrosas

Las hay que se suicidan al salir del hormiguero y taparlo desde fuera quedando al raso por la noche; las que son terribles saqueadoras de otros hormigueros matando a todos los ejemplares; otras son tan fornidas que aprovechando su cabeza grande la ponen como escudo a la entrada para que no pase ningún rival; muchas de ellas son especialistas en entrar a las cocinas de las casas a comerse el azúcar, pues el dulce les encanta. Son solo unos ejemplos.

También se han hecho amigas de los pulgones a los que utilizan como si fueran granjeras y los ordeñan para que desprendan melaza, un dulce que les encanta. Los pulgones que se alimentan de la savia de las plantas, haciendo bastante daño, se sienten protegidos por las hormigas de otros insectos que los atacan como las mariquitas.

Son las menos, pero ya se ha expandido en España desde 2018 por Málaga, la Comunidad Valenciana, Murcia y Canarias, la conocida como pequeña hormiga de fuego, más recogida que la formica rufa y con un abdomen más oscuro.

Procedente de zonas tropicales, su picadura puede llegar a ser mortal, prefiere las zonas cálidas y está incluida en la lista de las 100 especies invasoras más dañinas del mundo. Dañan cultivos, producen ceguera en especies ganaderas y remueven grandes montones de tierra.

Pensándolo bien, yo temería más a las hormigas que a la Inteligencia Artificial cuando hablamos de riesgos sobre la destrucción del mundo. No olvidemos que, según algunos cálculos científicos, tocamos a 2,5 millones de hormigas por persona. Así que conviene no enfadarlas.

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