
Tiempo de flores
En nuestra huerta hay flores desde finales de febrero hasta que hiela en noviembre o diciembre. Las que primero florecen son los jacintos y los narcisos. De estos hay de varios tipos y colores: de una sola cabeza, amarillos y blancos, y de múltiples cabezas pequeñas de color blanco que son muy olorosos.
Hacia mitad de marzo abren los tulipanes, flor poco agradecida porque no se reproduce, se agota pronto y sus bulbos son caros (el negocio holandés). Cuando estas flores se acaban empezamos a cortar las primeras calas, principios de abril, que florecen hasta San Bernabé, más o menos.
Desde abril también están en flor las grandes matas de margaritas blancas que hay alrededor de casa. Las calas, junto a las zinnias, son las más agradecidas de las flores que tenemos: no piden nada y dan mucho. En junio estamos unos días sin llenar los jarrones ni de casa ni de los cementerios, que vuelven a florecer en julio con los gladiolos, que sembramos en cuatro momentos diferentes para que nos den flores hasta Todos los Santos.
En el verano tenemos, además, rosas y zinnias. En octubre o noviembre cortamos y secamos las siempre vivas o flores de paja, que adornarán la casa hasta que llegan los primeros narcisos y ellas, las flores secas, irán a acompañar a nuestros muertos hasta que el agua y el viento esparza sus semillas entre lápidas en los cementerios.
Un buen refugio frente al miedo
Las flores fueron siempre un buen refugio para impedir que el miedo atenace los sentidos, los externos y los internos, quizás por ello renació el arte floral durante el Renacimiento, que enfrentó la razón frente a las fes religiosas y políticas que siembran miedos.

En este siglo XXI nos acojonan con la guerra, ¡otra vez!, con los diferentes, con el cambio climático, con el hambre, con la deshumanización, con la violencia… nos acojonan los violentos, los que se ríen de los derechos humanos, los que provocan hambrunas y el cambio climático, odian a los diferentes y organizan la guerra para su beneficio. Sembradores de miedo, odio y muerte, fascistas.
Ante lo que está pasando no cabe el silencio y la inacción, porque cada día son más fuertes los empujones para ponernos al lado de los matones, de una u otra religión, ahora también de una u otra red social, de una u otra IA, al lado de quienes achicharran las flores y pretenden engañarnos predicando nuestra soledad, la soledad de quienes preferimos seguir sembrando flores, pero como escribe hoy Antonio Scurati, “La soledad de Europa no es una condena, es una liberación”.
Sí, hoy abundan de nuevo estos sembradores, pero sepa usted que somos muchos más los que sembramos flores, diga lo que diga la señora Von der Leyen.
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