Los alimentos quintuplican su precio del campo a la mesa durante la pandemia

La pandemia de COVID-19 deja sin efecto las movilizaciones de los agricultores al límite y el diferencial de precio del campo a la mesa se dispara a máximos.
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Ciruelas precios

El Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos (IPOD) que elabora mensualmente la organización agraria COAG, se ha disparado durante la pandemia. Los últimos resultados de este índice, que COAG elabora desde hace más de 10 años, demuestran que los alimentos multiplican por 4,9 su precio desde el campo hasta que llega a los consumidores.

El índice se ha disparado 8 puntos desde el mes de enero, cuando las movilizaciones de los agricultores al límite inundaban calles y telediarios y la sociedad se mostraba sensible a la falta de precios justos para los productores de alimentos.

El IPOD alcanza su registro más alto desde hace dos años, aupado por productos como la cebolla (que se encarece un 1700% del campo a la mesa), la mandarina (629%) o el repollo (807%).

La Ley de la cadena alimentaria no evita la escalada de precios

Los alimentos se están encareciendo notablemente para los consumidores durante la pandemia del coronavirus. El IPC adelantado del mes de abril, que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), demuestra que la tasa anual de los alimentos pasó del 2,5% en marzo al 4,0% en abril. De ellos, los alimentos frescos alcanzan una tasa del 6,9%, tres puntos por encima de la del mes anterior, y los alimentos envasados sitúan su tasa anual en el 2,2%, seis décimas por encima de la de marzo.

Los productos de alimentación aumentaron en el mes de abril un 1,4% respecto al mes de marzo, entre ellos destaca el comportamiento de los alimentos frescos, cuya tasa mensual es del 2,7%. Los alimentos envasados, por su parte, se incrementaron un 0,7%. Esto contrasta con el descenso de precios de otros indicadores como los combustibles y la electricidad.

Esta escalada del precio de los alimentos ha sido justificada por las cadenas de la distribución por el incremento de gastos laborales y de implementación de las medidas de prevención como mamparas, geles hidroalcohólicos, guantes… así como con los incrementos salariales que han afrontado cadenas como Mercadona, según han explicado desde la asociación ASEDAS.

Si bien es cierto que las modificaciones de la Ley de la cadena alimentaria, aprobadas de forma urgente por el Gobierno a raíz de las movilizaciones de los agricultores a principio de año no están teniendo un efecto notable en la aportación de transparencia o equilibrio en la cadena.

El ejemplo de la cebolla

La organización agraria UPA Andalucía ha puesto el ejemplo de la cebolla como paradigma de la especulación a la que se ven sometidos los alimentos en España. Los distribuidores y comercializadores han estado durante estos meses surtiendo el mercado nacional con cebollas procedentes de países comunitarios como Francia y Holanda, pero también importadas de terceros países como Nueva Zelanda o México.

En los lineales de venta, durante estas semanas de estado de alarma, es usual encontrar la cebolla común a un precio medio de 1,50 euros el kilo, que oscila dependiendo de si se adquiere a granel o en mallas. En cuanto a la cebolla dulce, se ha vendido al consumidor a una media de 2,15 euros el kilo, mientras que la morada ha rondado los 2,30 euros/ kg.

Los productores andaluces, que intentan ahora colocar su producción en el mercado, se encuentran con que están percibiendo en origen por kilo de cebolla común 0,15 euros por kilo. Este precio no les permite cubrir ni tan siquiera sus costes de producción, y en muchos casos, está obligando a los agricultores a pasar la grada al cultivo sin ni tan siquiera recolectar el producto. “Es una vergüenza que, ahora que lo producimos nosotros y no tenemos que importarlo, no se le dé un valor justo y una salida en nuestro mercado”, han lamentado.

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