Cultivo de quinoa en Ecuador. Autor: Rene Leubert. Flickr

¿Y si el futuro estuviera en los cultivos NUS?

En octubre de 2018, el Comité de Agricultura de la FAO aprobó un documento sobre las especies y variedades olvidadas e infrautilizadas, conocidas por el acrónimo NUS (Neglected and Underutilized Species).
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En dicho documento se indicaba que de las casi 400.000 especies de plantas vasculares existentes en el planeta (las que tienen raíces, tallos y hojas), solo 6.000 (un 1,5%) han sido cultivadas de forma activa con destino a la producción de alimentos.

Además, señalaba que los grandes sistemas de producción agrícola dependen hoy de una lista muy reducida de especies cultivadas, gran parte de ellas vinculada a empresas transnacionales de semillas. De hecho, como indica el citado documento, sólo nueve cultivos (caña de azúcar, maíz, trigo, arroz, patatas, soja, palma de aceite, remolacha azucarera y yuca) representaron en 2013 más de la mitad del consumo mundial medio de calorías diarias en la población humana.

Todo esto muestra el elevado proceso de concentración varietal que ha tenido lugar en la producción agrícola, reduciéndose a un reducido grupo de especies y variedades. Es un proceso influido, sin duda, por los avances tecnológicos asociados desde final de los años 1960 a la “Revolución Verde”, pero también por los intereses económicos y políticos que rigen hoy el sistema de producción alimentaria a nivel mundial.

Ello ha implicado la infrautilización e incluso el abandono de una gran mayoría de especies y variedades vegetales, relegando su presencia al ámbito de algunas comunidades locales y dando lugar a una pérdida de la biodiversidad vegetal a escala planetaria.

Sin embargo, el actual crecimiento de la población mundial implica un fuerte incremento de la demanda de alimentos, lo que exige aumentar la producción agrícola y asegurarle a la población el acceso a una alimentación sana y de calidad. En ese contexto, es una realidad que el aumento potencial de la superficie cultivable es ya muy limitado y que el cambio climático dificulta el rendimiento de las especies habitualmente cultivadas.

Por ello, los científicos que trabajan en el campo de la agronomía y la botánica agrícola buscan salidas que puedan reducir la pérdida de la biodiversidad vegetal y, de paso, aumentar la producción de alimentos o al menos satisfacer las necesidades humanas en materia de nutrición.

Entre esas salidas, abogan por recuperar algunas especies y variedades casi abandonadas, que tienen un alto valor nutritivo y que son muy resistentes a las nuevas condiciones climáticas, pero que, por diversas razones, han sido marginadas de la producción alimentaria y son muy poco utilizadas en la alimentación humana.

En el mencionado documento de FAO se plantea precisamente la necesidad de impulsar el aprovechamiento de las especies y variedades NUS, también denominadas “cultivos menores o huérfanos”. Se indica, además, en dicho Informe que, debidamente desarrollados, los NUS pueden contribuir a alcanzar algunos de los Objetivos del Desarrollo Sostenible que se proponen en la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

Hay ya iniciativas desde el ámbito científico para revertir el abandono que sufren los cultivos NUS, como las de la red CultIVA (Cultivos Infrautilizados de Valor Agroalimentario) integrada en el programa iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED). Pero la realidad es que son iniciativas aisladas cuyas demandas en favor de los cultivos NUS aún no han logrado penetrar eficazmente ni en el ámbito de la política agraria ni en el de la investigación con fines económicos ni en el sector empresarial.

Lo mismo cabe decir de algunas solemnes declaraciones institucionales en favor de su promoción, como la “Declaración de Córdoba sobre Cultivos Promisorios” aprobada en 2013 en el marco del Seminario Internacional “Cultivos para el siglo XXI” y dentro de la celebración del Año Internacional de la Quinua, declarado por la FAO. Asimismo, la revista Ambienta dedicó en ese mismo año 2013 el número 102 a los cultivos NUS.

¿Qué son los cultivos NUS?

Como he señalado, los cultivos NUS se refieren a especies y variedades vegetales que fueron cultivadas en otras épocas y que, por diversas razones, están hoy olvidadas, siendo en algunos casos simples malezas (cultivos marginados). También con el acrónimo NUS se hace referencia a aquellas especies y variedades que son sólo utilizadas en países, territorios o culturas muy localizados, quedando su aprovechamiento muy por debajo de sus posibilidades de explotación económica y uso agrícola (cultivos infrautilizados).

No obstante, los NUS representan nuevas, o incluso renovadas, posibilidades para la producción de alimentos por su alto valor nutritivo y por su adecuación a los nuevos marcos socioeconómicos y agroecológicos generados por la globalización y el cambio climático. Sin embargo, debido a su escaso atractivo económico, reciben muy poca atención de las instituciones de investigación agraria y de las empresas de mejora vegetal y producción de semillas, así como de los responsables de las políticas agrarias, impregnados aún del modelo de especialización productiva asociado a la Revolución Verde.

Los NUS incluyen miles de especies domesticadas, semidomesticadas o silvestres, de cereales, raíces, tubérculos, frutas, hortalizas, especias, condimentos y agentes colorantes para uso alimentario. FAO incluye en su registro INFOODS más de 1.000 especies NUS. De esa extensa lista, cabe mencionar sólo a título de ejemplo la batata, la arracacha, el melloco, el algarrobo, algunas variedades de frijoles, el cidro y muchas hortícolas (entre las que se encuentran nabos, borrajas, diversos cardos y tagarninas). Asimismo, pueden citarse el argán, la chía, el trigo sarraceno, el teff y numerosas variedades de frutales y especias.

La FAO propone impulsar la investigación y desarrollo de los cultivos NUS por considerar que son un importante factor para impulsar la biodiversidad vegetal, satisfacer la creciente demanda de alimentos de la población mundial y afrontar los efectos del cambio climático. Son por ese motivo por lo que algunos especialistas los denominan también “cultivos promisorios”, en la medida en que pueden verse como cultivos cargados de promesa y expectativas de futuro en los modelos agrícolas que se desarrollarán en las próximas décadas.

En este sentido, y por considerarlos parte de un valioso patrimonio común, la FAO propone impulsar programas de investigación y desarrollo de los NUS que persigan los siguientes objetivos: caracterización genética de estos cultivos; evaluación de su calidad nutricional; selección de las producciones mejoradas (en términos cuantitativos y cualitativos); integración en sistemas de cultivo diversificados; desarrollo de cadenas de valor; promoción de campañas de sensibilización social y política…

Ese impulso se viene trasladando a otras instituciones nacionales y supranacionales, si bien encuentra algunas dificultades debido a la inercia política, al predominio de la lógica económica en los sistemas alimentarios y a la persistencia de discursos aún anclados en los modelos de intensificación productiva.

El caso de la UE es un buen ejemplo, y sobre él aportaré a continuación algunas reflexiones respecto a las posibilidades de los cultivos NUS en las actuales y futuras políticas comunitarias.

Los NUS y la PAC

Respecto a la PAC, es una realidad que, hasta ahora, esta política no ha prestado atención a los cultivos NUS, ni en su primer pilar ni en el segundo. Esto no debe sorprendernos, ya que el discurso dominante de la PAC ha sido durante mucho tiempo el de la modernización productiva basada en la especialización vegetal y animal, la mecanización y el uso intensivo de agroquímicos asociados a la Revolución Verde.

No obstante, también es cierto que, desde hace un par de décadas, la PAC va orientándose hacia modelos agrícolas más sostenibles desde el punto de vista medioambiental, teniendo cada vez más presente los problemas del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Con ese propósito la PAC post-2022 ha creado la figura de los “ecoesquemas”, financiados con recursos del primer pilar (fondo FEAGA), y ha mantenido en el nuevo periodo de programación el antiguo programa agro-ambiental, cofinanciado con recursos del segundo pilar (fondo FEADER) y de los EE.MM.

En relación a las posibilidades de que los cultivos NUS puedan tener una ventana de oportunidad en el programa de los “ecoesquemas” de la nueva PAC, no le veo muchas por ahora. Hay que tener en cuenta que el objetivo de este programa es complementar el pago básico de los agricultores con una ayuda asociada al compromiso de incorporar nuevas prácticas agrícolas y ganaderas en sus explotaciones (cubiertas vegetales, agricultura de precisión, laboreo mínimo, pastoreo extensivo…). Al no estar entre sus objetivos impulsar la introducción de nuevos cultivos, no veo fácil encaje de los NUS como un “ecoesquema”, tal como se ha demandado desde algunas asociaciones promotoras. Quizá tenga alguna oportunidad en un posible “ecoesquema” de rotación de cultivos con especies y variedades mejorantes para la mejora del carbono orgánico, la calidad y la fertilidad del suelo en las tierras arables.

Donde sí veo más encaje de los cultivos NUS es en el citado “programa agroambiental” de la PAC (segundo pilar). Algunos NUS, sobre todo los que están más avanzados en su investigación, y tienen ya una historia de domesticación e incluso de cultivo, aunque estén hoy infrautilizados, podrían ser promocionados dentro del “programa agro-ambiental”, ofreciendo a los agricultores la posibilidad de establecer contratos agroambientales de cinco años si se  comprometen a cultivar este tipo de variedades en sus explotaciones.

También veo un buen encaje de los cultivos NUS en los programas de desarrollo rural, gestionados por los Grupos de Acción Local en cada territorio, como se observa ya en algunas interesantes iniciativas. Cabe mencionar en concreto la iniciativa agroecológica “Tierra de Iberos” impulsada en la región de Murcia desde el CEBA-CSIC en colaboración con un grupo de desarrollo rural, y en la que se analiza el valor nutritivo y agroclimático de los cultivos promisorios.

Asimismo, también pueden apreciarse oportunidades para los cultivos NUS en el campo de los “grupos operativos” de la AEI (Alianza Estratégica para la Innovación), grupos que, como se sabe, están pensados precisamente para tratar de forma conjunta entre agricultores, comunidad científica, centros técnicos de transferencia… problemas específicos relacionados con la producción agraria. Por ejemplo, se podrían formar “grupos operativos” para mejorar el conocimiento de los cultivos NUS e impulsar nuevos sistemas de producción.

Finalmente, y en el marco de la Red Rural Nacional, se podrían hacer campañas de promoción de los cultivos NUS, no sólo poniendo en valor su riqueza nutricional, sino también, y sobre todo, valorando la importancia que tienen para nuestro patrimonio genético vegetal.

Argán (Argania spinosa), árbol endémico de Marruecos.

El Pacto Verde Europeo y los cultivos NUS

Como es sabido, el documento de la Comisión Europea titulado “Pacto Verde Europeo”, con sus estrategias “De la Granja a la Mesa” y “Biodiversidad”, introduce un nuevo paradigma en las políticas europeas. Es un documento que, si bien aún no se refleja en la PAC, lo más probable es que influya en ella en los próximos años. En todo caso, es un cambio de paradigma que va a modificar las bases sobre las que han venido descansando las políticas europeas y las de los Estados miembros de la UE.

Es por esto que esas dos estrategias, en especial la de “Biodiversidad”, abren una ventana de oportunidad para el desarrollo de los cultivos NUS. Es una oportunidad que las asociaciones que se ocupan de la promoción de estos cultivos deberían aprovechar mediante el desarrollo de diversas acciones estratégicas.

Unas deben orientarse a influir en el ámbito político (regional, nacional, europeo e internacional) para que los NUS pasen a forma parte de los objetivos de las nuevas políticas agrarias y rurales. Otras deben ir dirigidas a establecer alianzas con otras organizaciones sociales, tales como los movimientos asociados a la agroecología, cuyos principios y discursos programáticos sintonizan con el tema de los cultivos NUS.

También deben desarrollarse relaciones de interlocución y cooperación con las organizaciones profesionales agrarias para ir transformando el actual discurso de la especialización productiva en otro más proclive a la diversificación, en el que los cultivos NUS puedan ir abriéndose paso como salida alternativa o complementaria a la crisis que afecta a algunos cultivos más convencionales.

Y eso sin olvidar la necesidad de establecer alianzas con la gran distribución y con las plataformas de consumidores, así como con los grandes influencers en materia de gastronomía que hoy copan las redes sociales y los programas audiovisuales. Es un hecho evidente que sin consumidores que se interesen por los alimentos producidos a partir de los NUS, difícilmente podrán desarrollarse estos cultivos de alto valor nutritivo, pero que tienen escasa presencia en nuestra dieta.

Una olla con tagarnina (Scolymus hispanicus), planta herbácea mediterránea.

Conclusiones

La importancia de los cultivos NUS va más allá de su potencial económico o nutritivo. Su contribución a la diversidad genética y la biodiversidad vegetal es un valor por sí mismo que debe ser reconocido por los poderes públicos, sobre todo en un momento como el actual en el que el desafío del cambio climático exige disponer de bancos de germoplasma capaces de responder a ello con nuevas y más resilientes variedades de cultivo. En ese sentido, los NUS deben ser tratados como un “bien público”, y por ello merecedores de ser protegidos.

Es verdad que existe capacidad técnica y científica suficiente a escala de la UE y también en muchos otros países para avanzar en el desarrollo de los cultivos NUS. Pero también es cierto que la promoción de estas especies y variedades requiere un periodo de tiempo relativamente largo para lograr su plena domesticación, y eso implica elevados costes económicos.

Asimismo, hay que tener en cuenta que el motor principal que mueve la actividad de las empresas es el beneficio económico y la rentabilidad de las posibles inversiones, y que la implicación empresarial es un factor muy importante en un sistema de economía de mercado como el que rige todo lo relativo a la producción de alimentos. Sin perspectiva de beneficio económico el sector empresarial no se mostrará interesado en invertir en proyectos de investigación relacionados con los NUS.

Por todo ello, es importante para el futuro de los NUS que los poderes públicos se interesen por estos cultivos, dado su valor intrínseco para la biodiversidad vegetal. Y ese interés debe plasmarse en la aprobación de marcos normativos y financieros lo suficientemente claros y atractivos para la comunidad científica y el sector empresarial, abordando, además, programas de cooperación público-privada.

Sólo así los cultivos NUS podrán salir de su actual esfera de olvido e infrautilización, trascendiendo el ámbito local en que habitualmente se desarrollan.

Foto destacada: Cultivo de quinoa en Ecuador. Autor: Rene Leubert. Flickr

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