Heridas producidas por los trabajos y el frio.

Vivir bajo cero

El frío invernal -extremo en algunas zonas de España- agudiza la habitual dureza del oficio de ganaderos y pastores.
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Como todos los días, a las 8:00 de la mañana con -17 grados, comienza la jornada laboral de estos ganaderos. Situados en la localidad de Torralba de los Sisones (Teruel). Municipio con una altitud de 1.041 metros de altitud y englobado dentro del denominado “triángulo del frío”. Una de las zonas más frías de España, que se ubica en los límites de provincia de Zaragoza y Guadalajara.

Los municipios de Calamocha (Teruel), Molina de Aragón (Guadalajara) y la propia ciudad de Teruel, conforman el denominado triángulo del frío.

Uno de los sorprendentes datos de temperaturas recogidos es en Calamocha y viene de 1963 cuando se registraron -30 grados bajo cero. Este fenómeno es debido a su localización, ya que encuentra en una zona con grandes llanuras a elevada altitud.

De manera directa o indirecta las bajas temperaturas afectan al medio en el que se producen, tanto los cultivos como el ganado se ven alterados por estas temperaturas. La mayoría del territorio se caracteriza por tener cultivos principalmente de cereal, el cual puede verse amenazado por las heladas de primavera.

Pueden producirse heladas en un periodo de siete meses, de octubre hasta mayo. La frecuencia de estas temperaturas es algo habitual y poco novedoso en la zona, a lo largo de los inviernos la temperatura mínima va variando. Como ha sido el caso de esta última ola de frío que ha vivido nuestro país, debido al temporal “Filomena”, donde se han alcanzado de nuevo unas temperaturas extremas, llegando en la localidad cercana de Bello a -23 grados. Circunstancias que no impiden que sigan desarrollándose las tareas habituales de cada día.

Desde hace más de 40 años esta generación de ganaderos vive el frío, no solo como una situación extraordinaria sino como parte de su oficio. Ganaderos y rebaño han sabido adaptarse al medio en el que les ha tocado vivir, ya que la presencia de estas temperaturas es habitual y tienen muy claro cómo deben actuar ante cualquier imprevisto.

Una de las primeras faenas mañanera es llegar a las naves donde se encuentran los animales. Mediante la ayuda del tractor, el cual ha pasado una noche muy fresca junto al todoterreno. Previamente para evitar que el motor de la maquinaria se congele es necesario administrar una cantidad proporcional de gasóleo a los depósitos.

Al llegar a las instalaciones, los primeros estragos de la helada se observan en la falta de agua potable, las tuberías se han quedado completamente congeladas. En esta época del año es imprescindible ir acompañado de unas buenas herramientas, una de ellas el butano. Permite, con mucha precaución, descongelar la zona exacta donde ha quedado congelado.

No hay que olvidar que aun utilizando aislantes o soterrando las tuberías, las temperaturas tan bajas registradas de -17 grados, consiguen que queden totalmente obstruidas.

El pastor es bien conocedor del territorio y del clima, por ello deben estar provistos de los materiales necesarios antes de que puedan llegar las heladas; cubos, plásticos, cuerdas, butano… Complemento indispensable es la pala, para poder resquebrajar el hielo de canales y eliminar carámbanos que podrían ser peligrosos.

Una de las primeras señales de trabajar bajo cero, es la pérdida de sensibilidad en las manos, llegando a dificultar su movimiento. Imposible no caerse o mojarse al arreglar el problema del agua y echar alimento, donde toda ropa es insuficiente para combatir el frío.

Al llegar a la paridera, observamos que sobre el rebaño emana algo similar a la “niebla”, incluso de nuestro propio cuerpo, el contraste del calor corporal con el exterior produce este curioso fenómeno. Haciendo que el interior de la nave se mantenga caliente durante la noche.

Las ovejas también sufren junto al pastor este frío infernal, pero al estar provistas de lana y bajo cubierto, les permite afrontar fácilmente este temporal.

No es el caso de los pequeños miembros, los corderos, ya que todavía no tienen suficiente lana para protegerse de estas bajas temperaturas, resguardándose en el interior de la paridera junto con una buena cama de paja.

Desde que nacen prácticamente, estos pequeños están aclimatados a las temperaturas invernales de la zona. Es importante localizarlos para llevarlos a un lugar más cálido y evitar que sean aplastados por el rebaño. Si bien en el periodo de cría, que corresponde con estas épocas del año, se registra un mayor incremento de mortalidad.

Una vez solucionados los problemas de abastecimiento de agua y comida, la labor del pastor es únicamente observar su rebaño en este gélido día, donde el termómetro marca a las 12:00 de la mañana -4 grados, acompañado de un sol radiante.

Las temperaturas no solo afectan a los animales y personas, sino también a los materiales, muchos de ellos, pueden resquebrajarse o incluso romper; como son vallas, picaportes, canales…

Respecto a la alimentación de estos animales, se basa fundamentalmente en pastos, muchos de ellos quedan helados o en el caso de nieve, anegados. Es necesario mantenerlas estabuladas, administrándoles pienso, lo que conlleva un gasto adicional.

Finalizada la jornada es necesario regresar a casa y acogerse al fuego de la estufa, para conseguir templar el cuerpo y proseguir con el trabajo. Sabiendo que tendrán que compartir trabajo con el frío, desconociendo cuántos días lo harán. Un invierno más.

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