Viñedos de antaño

Vinos de antaño

Leo en una revista especializada en temas vitivinícolas: “Confusión sexual en los viñedos de Martín Codax” y me pregunto si será una oferta nueva en enoturismo.
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Leo en una revista digital especializada en temas vitivinícolas este titular: «Confusión sexual en los viñedos de Martín Codax» y me pregunto si será una oferta nueva en enoturismo, ahora que desde las áreas de marketing de las empresas, de las Universidades y de las agencias de viajes y publicidad se trabaja en conseguir para sus clientes “experiencias y sensaciones” en los viajes que organizan para ver bodegas y viñas y beber y comprar vinos.

En el mismo boletín leo también que Rioja permite desde ahora siete nuevos términos para identificar sus vinos en etiqueta: madurados en bodega, de altura, elaborados en hormigón o tinajas de barro, viñas viejas, centenarias o prefiloxéricas, entre otros.

Las dos noticias revolotean toda la mañana entre mis pensamientos mientras pongo, para sujetar las matas de tomate, unos palos de avellano que el viernes me dio Rufino, hortelano de 95 años en Ojacastro, al pie de la sierra de la Demanda.

¡A ver si resulta que después de un siglo estamos volviendo a lo mismo, esto es, a antes de la filoxera (aquí a mi tierra, La Rioja, llegó el día 5 de agosto de 1899)! Pienso. Eso sí, ahora con drones sobrevolando los viñedos como en las películas futuristas.

La lectura completa (el titular por si solo me generó mucha confusión) de la primera noticia, me aclaró que en los viñedos quienes están confundidas sexualmente son las polillas del racimo y no los enoturistas y que tal confusión deriva en ahorro de tóxicos utilizados hasta ahora para combatirlas. Vuelta a prácticas menos agresivas. Esta es, para mí, la asignatura a superar por la moderna vitivinicultura postfiloxérica. Y ahí, hay mucho tajo.

Si los viticultores bodegueros del siglo XXI consiguen hacernos disfrutar con sus vinos naturales como disfrutaban mi padre y mis abuelos con sus cuadrillas metidos en el caño de la bodega ojeando el vino de todas las cubas, sin dejar una, hasta decidir cuál alcanzó la categoría “gloria bendita”, podrán decirles a los expertos qué es eso que pretenden con ahínco cuando revuelven la parra y los toneles buscando experiencias y sensaciones.

Y resultó ser algo tan sencillo (segunda acepción RAE), aunque muy complejo (primera acepción), como volver atrás y tener a nuestra disposición, como antaño, vinos naturales, obtenidos en viñedos de altura, con cepas viejas, prefiloxéricas algunas, elaborados en tinajas de barro o en depósitos de hormigón descubierto y madurados en viejos caños como aquel del que salió tocando la dulzaina el gaitero de Albelda el día que creía de la fiesta, después de haber bajado con su cuadrilla a catar las cubas dos días antes.

Lo que seguro ya no resulta tan sencillo a estas alturas de modernidad es que nos lo vendan barato, como antaño. ¡Que la confusión no nos confunda! Como a las polillas.

Emilio Barco
5 de junio de 2019, día mundial del medio ambiente y de San Bonifacio

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