Agricultores se dirigen a realizar la vendimia, en Pedrosa de Duero (Burgos). Foto: Joaquín Terán.

Vendimia en verde

Estos días sigo con atención las noticias sobre las medidas extraordinarias de ayuda al sector vitivinícola como consecuencia de la merma de las ventas de vino por la Covid-19 y en particular la vendimia en verde. Mi curiosidad no es fruto de mi interés sobre los problemas económicos de los viticultores, obedece a otra razón que explico ahora.
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Hace unos días mi amigo Ricardo me preguntó mi opinión sobre esta cosa de tirar las uvas al suelo en julio o en agosto a cambio de una subvención. Ahí empezó todo. En menos de una semana mantuve un par de docenas de conversaciones sobre este tema con agricultores de diferentes zonas.

Decía que no me interesa el tema desde una perspectiva económica y por ello no sé si diez millones de euros asignados a esta medida son suficientes o no, si habrá poca o mucha demanda, si los cuatro mil euros por hectárea en Rioja, los cinco mil en Ribera de Duero o los dos mil de La Mancha cubren las expectativas de los destinatarios o no… Todo esto que, entiendo, es lo importante para las administraciones y para el sector, a mí no me interesa.

¿Por qué me atrae el tema, entonces? Acabado el plazo de presentación de solicitudes el día 23, empiezan a aflorar algunos datos. Apenas 200 solicitudes en La Rioja, es el titular que leía ayer. En Castilla 341 solicitudes de ayuda para vendimiar en verde 2.630 hectáreas, leo hoy. En los próximos días se sabrá todo. Incluido el prorrateo a aplicar en el reparto si la demanda supera a la oferta. Economía de las subvenciones.

Lo que nos quedaremos sin saber es lo que hay detrás de las cifras. Y eso es lo que me interesa. Alguna pista voy entresacando de lo que cuentan los técnicos de las OPAs a los periodistas, “El problema es que se desconoce qué es más rentable a día de hoy, si tirar la uva y que te la paguen a 68 céntimos el kilo (con un rendimiento en Rioja este año de 5.850 kilos por hectárea) o esperar a ver qué precios fija la bodega”; “Creo que los viticultores van a tener unos precios mejores que los previstos hace unos meses”; “No encaja en la filosofía del agricultor el tirar la uva”.

Algún experto tendría que hacer un estudio o al menos dirigir algún trabajo de fin de grado de algún estudiante de agronomía, sociología o economía para contarnos lo que las cifras no nos cuentan, esto es, cómo son los agricultores que han solicitado las ayudas y ayudarnos a entender su proceso de decisión ante esta cuestión cargada de incertidumbre.

A mí me encantaría leer los resultados de un trabajo de este tipo. Como sé que no se hará y que tendré que seguir disfrutando de la lectura de estudios que responden a preguntas tan interesantes como por ejemplo, ¿Cuál es el factor limitante del cultivo de papaya en tiestos en las terrazas del barrio de Salamanca de Madrid?, me lo he montado por mi cuenta y, sin menospreciar la información que me aportan los técnicos de las organizaciones agrarias a través de la prensa, llevo varios días dedicado casi en exclusiva a hablar de la vendimia en verde con agricultores (una cosa es lo que dicen los técnicos y otra la que cuentan los agricultores. Nunca fue fácil esta relación técnico-agricultor).

Le presento ahora los resultados de mi investigación o trabajo de campo. Como no se trata de un trabajo académico me puedo permitir algo que me encanta, libertad formal, en doble sentido, de formas y de corrección, sin molestar, quiero decir. En aras de esa libertad me permito presentar primero la conclusión: llevo sesenta y tres años conviviendo con agricultores y todavía sigo aprendiendo con ellos. No me atrevo a decir que aún me sorprenden, pero casi. Dicho esto comprenderán que me ría cuando leo o escucho hablar a alguien, con cierta autoridad impostada, sobre los agricultores y su mundo, a partir del conocimiento adquirido en un par de comidas o ratos compartidos con alguno de ellos.

La mayoría de los agricultores con los que he hablado estos días no entienden lo de tirar todas las uvas de la parcela al suelo. Subrayo lo de todas. Tirar una parte puede llegar a entenderlo, tanto por razones de cantidad, como de calidad, pero tirar todas es otra cosa.

Doy un paso más en la conversación y jugamos con los números. Se enfrentan a elegir entre los sesenta y algún céntimo por kilo con el rendimiento autorizado por el Consejo Regulador para este año, de la ayuda sin vendimiar, o vendimiar ante un horizonte que en uva no parece ir más allá de los cincuenta céntimos y un panorama incierto para el vino, que cotiza ahora, el del año 2019 calificado como excelente, a  sesenta céntimos el litro, más el temor añadido a un rebrote del bicho en otoño.

Vistos los números, algunos, los menos, me dicen que van a solicitar la ayuda para la vendimia en verde. Hechas las cuentas, con aquellos que siguen sin querer oír hablar de tirar las uvas, planteo otro tema para la conversación. El pedrisco. Cribada la muestra, que diría el experto investigador, y separados los que tienen seguro de quienes no lo tienen, es curioso el resultado: la gran mayoría de los asegurados verían con agrado una granizada tal que el día de la virgen de agosto, por ejemplo, si acaso incluso algo más tarde mejor que antes, por aquello de que el sarmiento este curado y sea menor el daño en la madera en previsión de la cosecha del 2021. ¡La hostia en verso! ¡Hay que ver el nivel de detalle al que llegan algunos!

¿Entiende ahora lo que le decía antes de mi ignorancia sobre los agricultores y de que casi, casi, me siguen sorprendiendo? Tan acojonado me he quedado con este mini sondeo que si hubiera intuido los resultados, ni me hubiera atrevido a plantearlo. ¡Cuánto mejor estaba en mi ignorancia! ¿Por qué lo digo? Por el miedo que me da el pedrisco. Para los hortelanos de despensa, no hay seguro que pueda cubrir el placer que aborta una granizada ahora.

Y algún agricultor de estos modernos que no ha querido pedir ayudas para vendimiar en verde porque, como dicen los técnicos, “esa filosofía no encaja en su forma de pensar”, es capaz de organizar una rogativa a San Roque o a la Virgen de Aradón, patrón y patrona de mi pueblo, para que apedree y así cobrar el seguro. Porque una cosa es manejar tú el corquete para vendimiar en verde, que da como dolor tirar las uvas después de haberlas criado, y otra cosa es que lo haga el Señor o una mala nube, que eso es de natural y siempre pasó.

Y si se descargan así las cepas de las uvas podemos, a más a más, pedir la declaración de zona catastrófica. ¿O no?

Viva San Roque y la Virgen de Aradón y que no apedree que este año tengo la huerta hecha un primor.

Emilio Barco
El día de San Juan en Alcanadre

Foto destacada: Agricultores se dirigen a realizar la vendimia, en Pedrosa de Duero (Burgos). Foto: Joaquín Terán.

5 comments

  1.  

  2. Avatar
    Carlos 25 junio, 2020 at 23:49 Responder

    Creo que no conozco a ningun agricultor que pueda dormir despues de un pedrisco o una helada, por mucho que cobre del seguro.
    Carlos Martínez
    El Villar de Arnedo.
    Al otro dia de San Juan

  3. Emilio
    Emilio 26 junio, 2020 at 11:17 Responder

    Hola Carlos, un abrazo que no pude darte hace unos días en recuerdo de Gonzalo. Gracias por tu comentario. Yo tampoco conocía a ninguno… Hasta ahora. Por esto he escrito lo que has leído.
    Aúpa y ánimo
    Salud
    Emilio

  4. Avatar
    Carlos 5 agosto, 2020 at 21:00 Responder

    Un abrazo Emilo. A ver si va pasando la pandemia y nos podemos ver a la fresca en la bodega, me gustaria hablar contigo y con Jorge, sobre proyectos de rehabilitación

    Salud

    Carlos

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