Gamos corriendo en La Siberia extremeña. Foto: EDR.

Unas cuantas verdades sobre la biodiversidad en los pueblos

Ecologistas, cazadores, expertos en flora, fauna, cambio climático, políticos, agricultores y demás entendidos deberían ponerse de acuerdo para mantener con buena salud y sin que desaparezca ninguna especie de nuestra extraordinaria biodiversidad.
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. Hace más de 50 años, un ciervo seguía de cerca en las eras a una mula “colorá” en Peñalén (Guadalajara). Los vecinos fueron llevando la mula al corral de Paco para atrapar el enorme venado que seguía encelado detrás de la mula. Pero cuando se vio atrapado, de un enorme salto superó la pared y se perdió por la cuerda de la ceja de piedras del cerro del Montero. La visita del ungulado al pueblo fue noticia porque hacía años que no se veía ninguno por allí, y ya hacía bastante tiempo que habían desaparecido los lobos.

En la actualidad bajan o suben en manadas al pueblo y se comen los jardines. Muchos días, se les puede ver sesteando a menos de 300 metros del casco urbano. Por cierto, quién dice que los animales no distinguen los colores. El venado escogió una mula castaña clara, supongo que como si fuese una cierva. Por otra parte, la abundancia de jabalíes y corzos también es importante. Tal es su densidad que en este pueblo no se siembra ningún tipo de cereal porque lo arrasan.

¿Qué ha ocurrido para que hayan aumentado de forma tan considerable si ahora, además, hay muchos más cazadores de estos animales que antes?

2ª. Antaño andar por estos pinares del Alto Tajo era una delicia porque estaba el monte limpio. Todos los otoños e inviernos los vecinos de los pueblos de la zona, dirigidos por guardas forestales, se dedicaban a despejar los pinares y dehesas de robles.

Ahora ya no se hace esa tarea. Se prefiere tener retenes de “bomberos del campo” para apagar los incendios forestales. De hecho, he leído en este mismo periódico cómo se va a construir un edificio para un nuevo retén en Alcoroches, cuando en Orea, un pueblo cercano existe uno en buenas condiciones. Está licitado en 300.000 euros. Y también una base para el control de incendios que ya existe en un barranco de Corduente se va a potenciar con un presupuesto de 3.000.000 de euros.

Si antes éramos más pobres, ¿por qué había dinero para los jornales de limpiar el monte y ahora no?

3ª. En los años 70, hasta los 2000 más o menos, Aragoncillo (Guadalajara) era considerado como un paraíso para la codorniz. En el pueblo al principio no había muchos cazadores y venían a por ellas de distintas partes de España, sobre todo valencianos. Más tarde se hizo coto solo para los del pueblo y seguían emigrando desde África en grandes cantidades.

En los últimos 15 años han disminuido de forma alarmante y existen en el pueblo un 90 por 100 menos de cazadores que van tras esta avecilla nidífuga. Pero no solo la codorniz, también abundaban las perdices, liebres, conejos… Tan estupendo era este término municipal que unos cazadores vascos se querían quedar con toda la caza a cambio de costear e instalar una buena red eléctrica para que llegara la luz a todos los hogares. El pueblo no aceptó.

Aragoncillo nunca fue un pueblo sometido a una fuerte presión cinegética, pero la presencia de algunas especies en la actualidad es casi simbólica. ¿Qué ha pasado o pasa, entonces?

4ª. En Peñalén, recuerdo que murió la mula del tío Antonio, clavándose una estaca en la panza al intentar saltar el cercado que tenía al lado del Portillejo. Dejaron la mula en el monte para festín de buitres, cuervos, zorras y otros carroñeros como algunas águilas que no hacen asco. Acudieron como mucho 30 ó 40 buitres leonados y algún alimoche procedentes de los cantiles del Tajo, del peñón de Cagarratones y de la Molatilla.

Hace unos días, conté más de 100 buitres en Aragoncillo, sobrevolando el esqueleto de una cabra recién muerta que la habían dejado sin un gramo de carne. Me quedé pasmado ante tanta abundancia de este carroñero que aumenta considerablemente en los últimos años en perjuicio del alimoche al que no le deja ni probar bocado cuando devoran un cadáver.

Me pregunto si es bueno que haya tantos ejemplares de buitre leonado. Pues en época de escasez es cierto que atacan a algunas ovejas cuando están pariendo. Menos mal que tienen las uñas romas y no prensiles como sus primas las águilas.

5ª. Este año que ha llovido bastante en primavera por estas zonas de montaña, se ha notado la abundancia de pastizales en verano y otoño. La perdiz en Aragoncillo ha criado muy bien con abundantes polladas que en los primeros días de su vida se alimentan de todo tipo de insectos. Los yerbazales han servido también para camuflarse de los predadores. Alondras y otras aves que nidifican en el suelo también han salido beneficiadas de las aguas primaverales.

Siempre que la primavera viene lluviosa se ven más número de ejemplares de diferentes especies de mamíferos, aves, reptiles e invertebrados. Pocas veces había observado tantos cernícalos y gavilanes. Viene una gata por casa que trae un ratón por la mañana y otro por la tarde, como nunca había hecho. Los hortelanos del pueblo de al lado saben muy bien lo de los ratones llenando la barriga con las patatas más gordas.

¿Es solo por la lluvia o existen otros factores para que los animales críen más y mejor?

6ª. Hacía bastante tiempo que no veía tantos tejones, garduñas, zorras y gatos monteses, entre otros mamíferos, como este año en Aragoncillo. Los corzos son casi una plaga, al igual que los jabalíes. Pero si por estas zonas no sorprende la abundancia de estos ungulados, me comenta mi primo que Almonacid del Marquesado, pueblo de La Mancha, empiezan a colonizarlo los corzos y jabalíes, cuando los primeros nunca que yo sepa se habían visto por estos lugares. Las grandes acequias que separan los sembrados son lugares de refugio y cría para el grácil y ágil corzo que deja el bosque cerrado y la montaña para asentarse en otros territorios.

Por esta zona de montaña de Aragoncillo son más los atropellos de los coches a los corzos que a los también abundantes jabalíes. Y los siniestros en carretera van a más. Todavía recuerdo el esfuerzo que le costó al secretario del coto de Aragoncillo para convencer a Fomento de que era necesario señalizar la N-211 del posible cruce de animales. Ahora los accidentes ocurren en cualquier época del año.

¿Cómo afectará el aumento de tantas especies sobre el ecosistema de Aragoncillo y si será capaz de aguantarlo?

7ª. En Peñalén queda solo un pastor y, de momento, no ha abandonado como el de La Rioja que salía recientemente en estas páginas, harto de que los lobos le mataran las ovejas. En principio, solo se ha visto por la zona algún ejemplar de forma ocasional, pero que se sepa no se ha establecido ninguna manada.

En Aragoncillo hay un ganado de cabras y en el pueblo de al lado, Canales, otro más grande. Pues bien, me comentan los cabreros del ganado que pasta y ramonea en este último pueblo, que nadie quiere la leche y que no la venden. Años atrás las ordeñaban de forma manual y un camión recogía las cántaras en la N-211, pero si no estaban justo a la hora, nevara o no, el camión no esperaba. Es como si les estuviera haciendo un favor. Así que desistieron.

Como está comprobado, la ganadería extensiva viene muy bien para limpiar el campo de mucha maleza y así evitar la propagación de los incendios. En algunos lugares, los menos, les pagan a los ganaderos para que pasten su ganado con frecuencia en los cortafuegos. Hasta principios de los 60 del pasado siglo eran numerosos los rebaños que pastaban por los montes y, por supuesto, había menos incendios. Era una época en la que el turismo rural apenas existía y el campo estaba “vigilado” por los pastores.

¿Cómo es posible que no potenciemos la ganadería extensiva porque limpia el monte y, además, su carne está más rica que la estabulada? Por qué los huevos de gallinas mantenidas en libertad con alimentos naturales se pagan más que los de las cerradas en jaulas y la carne de cordero y oveja criados con pastos naturales de montaña cuesta lo mismo que la del ganado estabulado.

8ª. En las comunidades autónomas de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha existen numerosas fincas cerradas de caza mayor, abundantes, sobre todo, en ciervo y jabalí. Los animales son alimentados con piensos y todo tipo de alimento que los lleve a formar unas cornamentas grandes y unos colmillos y amoladeras de infarto. Viven en libertad, pero dentro de un cercón de muchas hectáreas. Conocía a un compañero de profesión al que se le encargó gestionar una finca de caza. Pues bien, en tres años ya corrían y sesteaban venados enormes. Al preguntarle cómo lo había conseguido me dijo: “Es que yo tiro con pólvora de rey”. Es decir, que los cuidaba con los mejores productos para el desarrollo de la cornamenta. El dueño de la finca era millonario y no le ponía coto.

El que escribe no es partidario de las fincas cerradas, pero como los presidentes autonómicos de la España del centro para abajo dicen que la caza ni tocarla porque genera muchos puestos de trabajo, pues ya tienen argumento los que mantienen las reses como si fuera un ganado a expensas del gatillo de ese señor de posibles.

Al final y año tras año estos animales pierden la bravura y las entrañas montaraces que caracterizan a la fauna salvaje en plena libertad.

9ª. En Peñalén ya hace unos años que se ven bastantes cabras salvajes que fueron introducidas en el Parque natural del Alto Tajo. En agosto de este año, viniendo por la noche hacia Aragoncillo me topé con varias en la carretera que bajaban a beber agua al Tajo y a su afluente el río Cabrillas. A comienzos del otoño, recorría una pequeña manada de montesas los sabinares de Aragoncillo ¡lo nunca visto! Pero también se vienen observando con mayor frecuencia muflones y gamos. ¿Acaso en algún momento, estos dos últimos se llegaron a escapar de dos fincas de caza relativamente cerca de este término municipal?

Creo que merecería la pena un estudio de cómo afecta a la biodiversidad vegetal la “invasión” de las citadas especies que nunca se vieron por estos parajes.

10ª. Son solo dos ejemplos de dos pueblos de montaña con paisajes distintos y algunas diferencias entre las especies que colonizan sus suelos. En especial las aves del soto y de los pinares

Peñalén en el Alto Tajo, bañado por este río, con enormes pinares y terreno calizo y Aragoncillo con un sabinar excelente, melojos y estepas, y bastante zona de piedra arenisca rojiza. Dos espacios todavía privilegiados por su abundante flora y fauna, nada complicados de observar, pero que puede dar al traste si los invasores dejan el campo como un solar.

De manera que desde este estupendo periódico rural doy, sin ningún reparo, la voz de alarma para que estemos vigilantes de que no lleguen los “invasores” a dejarnos sin nuestra naturaleza de siempre. Aunque ahora están restaurando las minas a cielo abierto de Peñalén, ya me rompieron el corazón cuando aquellos lugares que había correteado de pequeño buscando nidos habían desaparecido por completo.

En Aragoncillo tuvimos hace pocos años más suerte, puesto que grandes empresas mineras habían puesto sus ojos y sus enormes excavadoras en la sierra en busca de uranio a cielo abierto. Menos mal que al final no se consumó el desastre.

Foto destacada: Gamos corriendo en La Siberia extremeña. Foto: EDR.

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    Juan A. 18 noviembre, 2020 at 21:28 Responder

    Buenas tardes,

    ¡Qué relato…! ¡Cuánta nostalgia en tus palabras.! Creo que ambos hemos experimentado la naturaleza de forma muy distinta.

    Yo con diez añitos recuerdo a mi tío Esteban cuando llegaba a casa con un conejo que soltaba en el comedor para emocionarnos a mí y a mis hermanos . También recuerdo, a mi tío Antonio en la víspera de San Bartolo porque siempre llevaba un cabrito. Para ambos, el desenlace era siempre el mismo, te hablo de los años 80-90. Mi otro tío Teo era buen cazador y lucía en la pared de la entrada a casa unos colmillos. A todos ellos los he querido y admirado muchísimo aunque nuestras percepciones no fuesen similares.
    A los doce recorría con un tirachinas colgado al cuello los parajes de Aragoncillo y buscaba los nidos con otros niños. Así nos divertíamos y entreteníamos. Pero a los trece, poco antes del verano en el que quería comprarme una escopeta de perdigones conocí a Paco, un profesor que tuve en extraescolares de inglés y que apasionado por el campo y las gentes creó en el cole un grupo de niños para salir y descubrir la naturaleza. Cambié la escopeta por unos prismáticos, después llegó la guía de aves. Más tarde, la de rastros, setas y plantas.

    Leyendo tu artículo pones el acento en algunas especies “invasoras” pero… ¿Quién invade a quien? En la naturaleza siempre a existido un equilibrio, donde unas especies controlan a otras especies y estas a su vez son controladas por otras. El hombre lejos de estar integrado, campa por ella con bastante desprecio, alterando y destruyendo en post de su “bienestar” ¿Qué herencia estamos dejando a nuestros hijos y nietos? ¿Qué se está echando en nuestros campos que los envenenan y empobrecen? De los años que tú hablas, se respetaban las lindes de los cultivos que eran refugios para muchas especies y donde la biodiversidad era sinónimo de equilibrio.

    El poder de destrucción del hombre es impresionante y no tendremos un futuro brillante hasta que no nos demos cuenta que tenemos que integrarnos en ella. Somos los últimos que hemos llegado y los primeros que nos vamos a marchar como no cambiemos. Pero… ¿Quién invade a quien?

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