Una pastora fallece al caerse por un barranco mientras guardaba su rebaño

Un día tienes planes para el día siguiente y antes de que llegue un nuevo día se da de baja una pieza que no te habías dado cuenta lo importante que era en el tablero de ajedrez y hace que te replantees el sentido de la vida. Podría haber sido yo, o mi madre que estuvo toda la tarde buscando, o mi sobrina, que también sale a pastorear por la sierra.
Pincorto de Arriba, donde ocurrió el trágico accidente.

Fuimos las últimas familias que tuvieron luz eléctrica en Castilla-La Mancha, unas pocas familias viviendo en una sierra lejana y poco accesible, no eran votos que justificasen tamaña inversión en infraestructuras. De carretera, ni hablamos, y el agua corriente la condujeron los vecinos desde las fuentes cuando reunieron unas pesetas para tuberías y depósitos. Estamos hablando de principios de los años 90.

Fuimos al colegio, porque nuestras abuelas ya mayores vivían en un pueblo y nos cuidaban. Y allí estábamos, con la esperanza de nuestras familias acechando para que tuviésemos una vida distinta. Si no estudiábamos ¿Qué sería de nosotras? Como si hiciésemos poco. Cuidábamos de la casa, de las ropas, de la comida y de los animales que se quedaban en el cortijo. A veces guardábamos los atajos de ganado mientras los hombres hacían leña o sembraban y araban los campos. Éramos las encargadas de cuidar la hortaliza, de hacer conservas, de guisar y aliñar la matanza y de administrar la comida para todo el año.  

Familias casi autárquicas con pocas pesetas para gastar. Sólo los hombres podían permitirse pagarse la Seguridad Social para cobrar jubilación. Pero nos teníamos los unos a los otros. Éramos capaces de hacer la matanza, de segar y de guardar el trigo y la parva porque acudíamos a ayudarnos. Nuestros planes de fin de semana en invierno era acudir al cortijo donde tocaba hacer la matanza y nos programábamos para que no se solaparan. 

Ir a lavar las tripas de los cerdos a una fuente o sacar las patatas con un arado tirado por una burra era lo corriente. Mari Carmen fue la primera mujer que se hizo arriera, y de las primeras en tener carnet de conducir, e iba por los cortijos con su furgoneta a abastecer a los vecinos.  

Ana Belén se casó joven, a los 20 años, y se dedicó con su marido a ser ganadera de oveja segureña. Además de a todas las labores que le corresponden a una mujer y que tan bien nos habían enseñado. 

Ayer por la tarde, Ana Belén no volvió a casa como tenía por costumbre después de guardar el ganado. Ella era la única mujer pastora y titular de una explotación ganadera en la Sierra de Huebras. Concretamente en Pincorto, una aldea compuesta por cortijos dispersos acompañados de nogales centenarios, cerezos, chopos… y otras plantas que nos daban alimento, material para construcción, sombra en verano… Conducía un todo terreno porque el camino para llegar al cortijo donde aún viven sus padres ya ancianos y a sus pastos en Pincorto se tornaba casi intransitable después da cada aguacero, de cada nevada. Nuevamente, Ana Belén y su marido Pedro, con medios propios volvían a arreglar el camino, aunque fuese público. Rara vez el Ayuntamiento o la Diputación pertinente se hacían cargo. 

Pronto se dio la voz de alarma y acudieron los vecinos desde los pueblos donde ahora viven después de abandonar los cortijos por una vida mejor a buscarla. Acudieron más de 40 coches. Pasaron horas hasta que ya de madrugada encontraron su cuerpo. Ana Belén se había resbalado y caído por un barranco. El día 9 de noviembre tenía previsto ir a Granada con Pedro para celebrar sus 25 años de casados. Planes y 3 hijos a los que hoy todos abrazaríamos con todas nuestras fuerzas. Desde la lejanía hoy sigo echando de menos el frío, los cencerros y los silbidos de los pastores. Las plantas que nos curaban y el manto blanco de nieve. La solidaridad entre las mujeres y el cariño. La feria de la nuez tampoco volverá a ser la misma. No sabemos lo que nos tocará vivir, pero hoy la sierra está triste, como si una nube se hubiese desplomado dejando almas desoladas. Adiós Ana Belén Gómez Gómez D.E.P.

Desde Pincorto-Huebras, Nerpio (Albacete).

Consuelo Carmen Brígido García es ingeniera de montes, actualmente trabaja en el Grupo de Investigación ersaf-RNM360 «Restauración y Evaluación de Sistemas Agroforestales» de la Universidad de Córdoba (España).

2 comments

  1.  

  2. Avatar
    Chelo 5 noviembre, 2019 at 22:38 Responder

    Era la única mujer menor de 65 años que visitaba esa zona a menudo. Habían denegado la solicitud de nueva incorporación a la Empresa Agraria a su hija hace unos días. Sigue siendo muy difícil vivir en el medio rural de los oficios tradicionales. No hay conciencia del valor de estas personas y del conocimiento que se pierde con ellas. Debemos apoyar más a los productos locales y a los agricultores y ganaderos de nuestro país.

  3. Avatar
    julio 9 noviembre, 2019 at 01:42 Responder

    naci y me crié en ese ambiente.por suerte nadie de mi familia ni vecinos sufrió ninguna desgracia tan terrible pero si que viviamos de manera muy parecida.lo cierto es que eramos felices todos nos ayudabamos cuando lo necesitabamos.a veces entre los jovenes abia pequeños enfados por la chica mas guapa pero todo quedaba en nada.ahora tenemos de todo pero no tenemos amigos.que pena

Deja aquí tu comentario