Todos al suelo: gallinas, huevos y hasta las cáscaras, descubre por qué

La investigación científica para la reutilización de derivados y residuos alimentarios tiene todavía mucho camino por recorrer, con toda seguridad. Y en ese camino hay una novedad reciente y sorprendente: la utilización de las cáscaras de huevo para la obtención de bio-carbonato cálcico, que se empleará en la fabricación de suelos cerámicos.
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Gallinas ponedoras criadas en el suelo

Los progresos de este proyecto se han presentado en el marco de la asamblea anual de los representantes del sector comercializador del huevo y los ovoproductos de la Unión Europea, reunidos en Madrid, tras dos años en los que tuvo que aplazarse esta convocatoria debido a la pandemia.

Las organizaciones de este sector son EUWEP (European Union of Wholesale in Eggs and Egg-Products), que agrupa a las organizaciones EEPTA (European Egg Packers and Traders Association) y EEPA (European Egg Processors Association).

Tres entidades en las que España tiene un protagonismo muy relevante, en consonancia con la importancia del sector español en el conjunto de la Unión Europea. Con 47 millones de gallinas ponedoras y más de mil millones de docenas de huevos al año, España representa el 12% del censo y la producción de toda la UE.

En la asamblea anual de estas organizaciones, la doctora Francisca Quereda, del Instituto de Tecnología de la Cerámica, presentó a los asistentes los avances del proyecto Life Eggshellence, cofinanciado con fondos europeos, que desarrolla tecnologías para separar el carbonato cálcico de la cáscara del huevo, y destinarlo a la industria cerámica.

Ya funciona el primer prototipo y está en Navarra

El proyecto Life Eggshellence está apoyado por la Comisión Europea de Medio Ambiente y Acción por el Clima, para estudiar la viabilidad del uso del bio-carbonato cálcico obtenido a partir de la cáscara del huevo en azulejos cerámicos, con la instalación de un prototipo -elaborado por una empresa socia del proyecto y especializada en fabricación de maquinaria para la industria cerámica- que separa la membrana biológica de los residuos de cáscara de huevo.

Una vez obtenido este bio-carbonato, se incorporará cómo materia prima secundaria en sustitución del carbonato cálcico mineral en composiciones de azulejos cerámicos. 

Unos días antes de la asamblea de las organizaciones del sector, se celebró un encuentro de varios socios del proyecto, además del el Instituto de Tecnología Cerámica (ITC-AICE): la empresa ADM del grupo Mota SC (Portugal); la empresa Grupo Euroatomizado de Vilafamés (Castellón), para realizar pruebas con el apoyo del ITC-AICE y de la Universidad de Aveiro, también socia del proyecto o la empresa navarra ovoproductora Agotzaina S.L.; entre otras.

Según se informa en la página web del proyecto Life Eggshellence, “el objetivo principal es estudiar la viabilidad de reutilizar los residuos de cáscaras de huevo, que causan una serie de problemáticas a las empresas ovoproductoras, como materia prima secundaria para la elaboración de la composición cerámica de azulejos de revestimiento”.

En esta composición se utiliza el carbonato cálcico, contenido en más de un 90% en la cáscara del huevo, que actualmente se extrae como materia prima virgen de la tierra.

Para poder utilizar el residuo de la cáscara de huevo en la fabricación de azulejos se ha construido un prototipo que separe la membrana biológica de la cáscara y conseguir que esté limpia y preparada para ser incorporada a la composición cerámica.

Prototipo de la máquina que convierte cáscaras de huevo en material de uso cerámico
Prototipo de la máquina que convierte cáscaras de huevo en material de uso cerámico.

Esta máquina ya está instalada en la empresa navarra Agotzaina, en donde ya se han hecho las primeras pruebas industriales. Se introduce el residuo de cáscara de huevo en el dispositivo, se separa de la membrana, y las cáscaras salen por una cinta transportadora siendo recogidas para su posterior valorización en la fabricación de azulejos cerámicos de revestimiento.

Así se llega, en la práctica, a la cuadratura del círculo. Gallinas ponedoras de la Unión Europea que, en pocos años, vivirán todas ellas fuera de las jaulas, criadas en el suelo, donde pondrán todos sus huevos, cuyas cáscaras terminarán cubriendo los suelos cerámicos de viviendas y todo tipo de edificios.

Gallinas y huevos preocupados por su futuro

Todo ello en un escenario que la asamblea anual de las asociaciones europeas del sector calificó como «de preocupación e incertidumbre» por los cambios que se anuncian en la normativa europea que regula las granjas de gallinas ponedoras.

Por un lado, la Unión Europea está revisando las normas de comercialización del huevo y evaluará si se mantienen las fechas de venta y de consumo preferente del huevo. Por otra parte, preocupa el impacto de la influenza aviar en muchos países, que ha obligado a restringir la salida de las aves a parques exteriores en 2020 y 2021.

Además, la regulación de la Comisión Europea sobre la producción ecológica afecta también al mercado del huevo, así como las previsiones de la Estrategia “De la granja a la mesa”, incluida la preocupación por la apertura del mercado comunitario de huevos y ovoproductos a importaciones de países terceros que no cumplen las exigentes normas de la UE y, por ello, compiten con costes inferiores.

Por ello, en la asamblea celebrada en Madrid, las asociaciones europeas pidieron que “en las negociaciones de libre comercio abiertas por la Comisión, el estatus de productos sensibles para los huevos y los ovoproductos y que se obligue a producir en las mismas condiciones, para una competencia justa”.

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