Parcelas en la comarca de Cariñena (Zaragoza)

¿Tiene sentido hablar de extensión agraria en pleno siglo XXI?

La extensión agraria ya no la desempeñan los agentes públicos que en los años 60 ayudaron a modernizar la agricultura española. Hoy existe un nuevo –y no menos importante- extensionismo agrario.
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Se cumplen sesenta años de la creación en España del Servicio de Extensión Agraria (SEA). Desde sus oficinas locales expandidas por todo el territorio, este servicio público desempeñó una importante función en el proceso de modernización de la agricultura española en las décadas de los años 1960 y 1970.

Gracias a la encomiable labor de los agentes de extensión agraria, muchas explotaciones familiares pudieron incorporarse al proceso modernizador asimilando los métodos y técnicas de la “revolución verde”. Fueron estos agentes los que hicieron posible que la modernización fuera incluyente y no dejara fuera a los pequeños agricultores.

Actualmente, bien entrado ya el siglo XXI, existe un nuevo extensionismo agrario. No es un sistema público como el anterior, sino un sistema mixto, formado por la pluralidad de entidades diversas que prestan una amplia gama de servicios a los productores para responder al desafío de la agricultura de hoy.

Un nuevo escenario

El escenario de la agricultura y el medio rural es hoy muy diferente del de hace seis décadas, y bastante más complejo. Es verdad que la tradicional función productiva sigue siendo la misión más importante del sector agrario. También lo es que los modelos convencionales, basados en el complejo agroquímico, coexisten con modelos alternativos, basados en la agroecología y en línea con las nuevas demandas sociales (agricultura ecológica, slow food, mercados de proximidad…).

Pero también es cierto que, junto a esa función productiva, la agricultura desempeña funciones cada vez más diversas en el ámbito educativo, sanitario, turístico, paisajístico…, ofreciendo a los agricultores nuevas oportunidades aún por explorar. En todo ello, la agricultura desempeña un nuevo y más complejo papel en las dinámicas de interacción rural/urbana.

Y esto se refleja en las nuevas orientaciones de las políticas rurales y agrarias. Por ejemplo, la actual PAC, y la que entrará en vigor después de 2020, impulsan una mayor interacción rural-urbana. Se afronta el desarrollo de los territorios con una visión más integrada y de mayor cooperación entre los diversos fondos estructurales (FEADER, FEDER y FSE) y los de cohesión.

Asimismo, la PAC apuesta por apoyar acciones que mitiguen los efectos del cambio climático y por un modelo agrario más en sintonía con temas como la sostenibilidad ecológica, la biodiversidad, la economía circular, el bienestar animal o la salud en el consumo de alimentos.

Nuevas orientaciones de la extensión agraria

Las nuevas orientaciones de la PAC van en la dirección de potenciar fórmulas de cooperación público-privada para responder a las necesidades de los agricultores en el campo de la formación y la transmisión del conocimiento. Es en ese escenario donde se desarrolla un nuevo extensionismo agrario (plural y diverso) en el que convergen acciones procedentes tanto del propio sector privado, como de la administración pública. Valgan algunas reflexiones sobre ello:

  • Los agricultores tienen hoy un amplio abanico de vías de información para acceder a las fuentes de conocimiento que precisan. Sin embargo, los agricultores con explotaciones de tipo familiar están en peores condiciones que los empresarios agrícolas para acceder a esos canales de información, lo que genera una importante brecha social, económica y cultural entre ellos. Por eso, los servicios técnicos de los sindicatos y cooperativas desempeñan una importante función para cubrir esa brecha, al igual que los de las empresas fitosanitarias y las consultorías agrícolas.
  • Los agricultores precisan, además, espacios de encuentro para compartir experiencias ante la complejidad de los cambios que les afectan, tanto en lo que se refiere a la adopción de innovaciones, como a la gestión de sus explotaciones y a la digitalización. Los “grupos operativos” de la Estrategia Europea de la Innovación (AEI) son hoy el espacio donde convergen los agricultores, los servicios técnicos de las cooperativas y las OPAs, así como los investigadores de los centros públicos de investigación y transferencia (universidades, CSIC…). Tales espacios de encuentro pueden verse como un pilar de la nueva extensión agraria.
  • Además de las demandas en materia de innovación, los agricultores tienen que responder también a las exigencias cada vez más crecientes en preservación del medio ambiente, cambio climático, sanidad y bienestar animal… Para atender tales demandas, los “servicios de asesoramiento de explotaciones” de la nueva PAC son otro pilar del nuevo extensionismo agrario.
  • Es un hecho evidente que, en el contexto político actual, los sistemas de extensión agraria no pueden ser públicos. Lo dificulta las limitaciones que tienen las Administraciones en materia de gasto y que les impiden crear nuevos cuerpos especializados en materia de extensión y transferencia. También lo dificulta el control que se ejerce desde la UE en el tema de la libre competencia en el ámbito de la prestación de servicios. Por ello, tales sistemas tienen que ser fruto de una buena y eficaz cooperación público-privada, correspondiéndole a la Administración una labor de impulso y supervisión, más que de ejecución y puesta en marcha.

Al igual que la misión del SEA como servicio público fue facilitar en los años 1960 y 1970 que la agricultura familiar se incorporara al proceso de modernización, el actual sistema de extensión agraria tiene una misión similar. Mediante fórmulas innovadoras de gobernanza, debe contribuir a que las explotaciones de tipo familiar no sean excluidas de los grandes desafíos de la digitalización, la sostenibilidad, la sanidad animal y vegetal y la lucha contra el cambio climático.

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