Roberto Sancho Hazak

Roberto Sancho Hazak, in memoriam

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El martes cinco de octubre falleció, a los 81 años de edad, Roberto Sancho Hazak. Roberto era licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense y uno de los pioneros de la moderna sociología rural. Fue profesor de esta materia en la Facultad de Sociología de la misma Universidad hasta mediados de los años ochenta, pero su actividad profesional principal la desarrolló en el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA), como sociólogo (perteneció a la primera promoción de sociólogos del IRYDA) y en la posterior Secretaría General de Estructuras Agrarias y en la Dirección General de Desarrollo Rural.

Roberto fue un digno representante de una especie en extinción de funcionarios de alto nivel, en la que a la fuerte vocación profesional añadía un compromiso con el mundo agrario y rural y una muy alta competencia y capacitación profesional, un compromiso también en el ámbito político, desde su militancia inicial en el Partido Comunista de España, formando parte del grupo agrario de dicho partido. Un origen político que le cerró las puertas de mayores responsabilidades en la administración pública en el franquismo y en la democracia.

Roberto perteneció a la primera generación de sociólogos profesionales de alta formación que desde mediados de los años sesenta se ocuparon de la agricultura y de la sociología rural, como Víctor Pérez Díaz, Mario Gaviria, Alfonso Ortí, Juan Maestre, Manuel García Ferrando, Miguel Siguán o los algo más jóvenes Eduardo Sevilla Guzmán y Manuel Pérez Yruela. Todos ellos renovaron la sociología rural con estándares internacionales. De todos los citados, fue el único en ser funcionario del Ministerio de Agricultura. Como sociólogo, fue de los primeros españoles en participar en los congresos internacionales de Sociología Rural y de Economía Agraria y difundiendo en España autores y nuevas corrientes de la sociología rural europea y americana.

Roberto ha dejado un amplio y rico legado de artículos y de colaboraciones en libros y ha sido autor de muchos documentos e informes (“materia gris”) internos, la mayoría no publicados, que han sido importantes en el desarrollo de diversos temas de la política agraria. En este sentido, su trabajo fue fundamental en la elaboración de la documentación técnica de base a diversos planes, como el de regadíos, comarcalización agraria, agricultura de montaña o de desarrollo rural. Sus escritos nos muestran su solvencia profesional, su perspicacia sociológica y su amplio conocimiento de la historia y la estructura agraria y rural. Yo compartí con él la pertenencia al mismo cuerpo de sociólogos rurales del IRYDA y después muchos proyectos y trabajos, él desde el IRYDA y yo desde la Secretaría General Técnica del MAPA. Y seguimos colaborando cuando yo me marché a la UNED. Además de magnífico, leal y generoso compañero, fue un gran amigo durante casi cincuenta años, hasta ayer mismo.

En los últimos años ambos participábamos en una tertulia junto con Javier Piernavieja y Alfredo Cadenas, ambos economistas y también funcionarios del MAPA y viejos agraristas (al grupo de whatsapp la llamé con humor “vieja guardia roja”). Las últimas reuniones las hacíamos en su casa, pues ya tenía problemas de movilidad. La pandemia nos interrumpió las reuniones y precisamente las íbamos a retomar en este mes de octubre. No ha podido ser. Roberto hasta unos tres días antes de su fallecimiento ha mantenido su lucidez, leía y escribía mucho. En los últimos años ha escrito dos interesantes ensayos sobre la vejez y sobre la esclavitud, que merecerían publicarse, y estaba ocupado en la escritura de unas memorias para sus hijos. Siempre hizo gala de un gran sentido del humor, de una enorme curiosidad y de un gran entusiasmo vital. Fue un gran amigo mío y una excelente persona. Su pérdida ha frustrado también varios proyectos compartidos que teníamos entre manos. Como decían los antiguos romanos: Roberto, colega, compañero y amigo, “que la tierra te sea leve”.

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