Puerto de Luarca (Asturias). Foto: Joaquín Terán.

¿Qué tienen de rurales los territorios pesqueros?

Siempre que viajo a algún pueblo de costa me pregunto si estoy en un territorio rural. La primera reacción es responder que no, que los pueblos pesqueros son diferentes. Pero si lo pienso un poco más, se me ocurren muchas similitudes. Veamos algunas.
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  1. Al igual que la agraria, la pesca es una actividad dedicada a la producción de alimentos, y sometida como aquélla a las inclemencias meteorológicas. Es la pesquera una actividad que se desarrolla explotando un recurso natural, el mar; mediante las más variadas técnicas, se extrae un producto, el pescado, de gran importancia en nuestra alimentación y que se vende en los diversos mercados hasta llegar al consumidor final. Su semejanza con lo que ocurre con los productos agrarios (sobre todo, con los de la ganadería) es evidente, ya que éstos también son producidos con diversas técnicas, y vendidos directamente en el mercado o transformados por las industrias alimentarias. Hay piscifactorías al igual que hay granjas de ganado porcino, vacuno o avícola, o invernaderos bajo plástico. Hay productos pesqueros que se destinan a fines no alimentarios (como las algas) y productos agrícolas destinados al sector de la industria farmacológica (como el aloe-vera). Asimismo, se produce energía eólica aprovechando la fuerza de viento en el medio rural o el movimiento de las olas en el mar.
  2. La actividad pesquera está muy regulada: se controlan las artes de pesca y el tamaño de las redes y se decretan periodos de amarre de la flota cuando se observa que hay peligro de agotamiento en determinados caladeros. También la agricultura es una actividad regulada: se aplican medidas para evitar el deterioro y agotamiento de los recursos naturales; se controla el uso del agua, así como la utilización de pesticidas y fertilizantes; y se establecen condicionalidades para el cobro de determinadas ayudas públicas (como ocurre con la exigencia de rotar los cultivos o como sucede, en el caso de la ganadería, con los controles sanitarios o las medidas que regulan el bienestar de los animales).
  3. Tanto la agraria como la pesquera son políticas comunes de la UE. Ello significa que es en Bruselas donde se definen las medidas destinadas a regular ambos sectores, siendo los gobiernos de los EE.MM. los encargados de aplicarlas en sus respectivos territorios. Existen fondos comunitarios para financiar ambas políticas: el FEMP (fondo europeo marítimo y pesquero), para la política pesquera, y el FEGA (fondo europeo de garantía agrícola) y el FEADER (fondo europeo agrario y de desarrollo rural), para la política agraria.
  4. Existen cofradías de pescadores (similares a las cámaras agrarias) y asociaciones pesqueras (parecidas a las organizaciones profesionales agrarias) para participar en los procesos de representación y defensa del sector pesquero. Y también existen en los territorios pesqueros, los GALP para implementar, al igual que los GAL rurales, las estrategias de desarrollo local participativo basadas en el enfoque Leader.
  5. Desde el punto de vista social, la actividad pesquera en los territorios de litoral es desarrollada mayoritariamente por pequeños barcos de bajura, formados por una población muy masculinizada y envejecida. Junto a esa atomizada flota de barcos pesqueros de pequeña dimensión, hay otra de grandes barcos de pesca de altura; en esta flota de altura se concentra la mayor parte de la producción pesquera y se contrata un gran número de personas de diversa cualificación técnica y profesional. Es algo similar a lo que ocurre en la actividad agraria, donde coexiste una numerosa población de agricultores de pequeñas y medianas explotaciones, también muy masculinizada y envejecida; junto a ella, también hay grandes empresas agrarias, que son gestionadas por personal altamente cualificado y donde trabajan asalariados, fijos o eventuales según las características de su actividad.
  6. En lo que respecta a los aspectos territoriales, las áreas pesqueras son tan diversas como las rurales. Existen territorios de litoral con un alto nivel de urbanización, donde se produce una fuerte concentración poblacional y el paisaje se asemeja más al de una urbe que al de un pequeño pueblo costero. Pero igual sucede en muchos municipios definidos como rurales, pero que son muy urbanos; es el caso de las “agrociudades” típicas de las áreas meridionales, donde la diversificación de actividades es lo habitual.
  7. Junto a esos territorios de costa muy urbanizados, también existen otros que están poco poblados; en éstos la pesca es una actividad cada vez menos significativa, y la fuente principal de renta viene a ser la que procede del sector turístico. Es lo mismo que ocurre en algunas áreas rurales donde la agricultura pierde importancia económica y donde la población se mantiene gracias a otras actividades: el agroturismo, el turismo de naturaleza o el reclamo del patrimonio arquitectónico, cultural y religioso (iglesias, palacetes, casas solariegas, fiestas populares, gastronomía…).
  8. En lo que respecta al paisaje, parece que nada hay más diferente de un pueblo costero, que otro agrario y rural. Sin embargo, observando con una mirada amplia ambos paisajes pueden encontrarse interesantes semejanzas. La primera es la inmensidad de los dos parajes. Ante ella, el observador se siente o bien empequeñecido por la fuerza de la naturaleza o bien se le avivan los pliegues del alma ante la sublime belleza que la tierra y el mar encierran. En ambos parajes se pueden contemplar de noche las estrellas y admirar la inmensidad del universo o dejarse embelesar por un amanecer o una puesta de sol. Las tierras alomadas pueden asemejarse a las suaves olas de la mar en calma; el oleaje de la mar bravía se asemeja a la tierra asolada por una lluvia torrencial o por un viento huracanado. Y qué decir de la expresión “mar de olivos” cuando estamos ante un inmenso campo de olivares.

Estas son algunas cosas que se me han ocurrido contemplando el mar en estos primeros días de junio. Las comparto con mis lectores del blog en El Diario Rural, un diario que no debe olvidar a los pueblos pesqueros.

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