Ciudadanos toman el desayuno en un bar en Cantimpalos (Segovia). Autor: Joaquín Terán.

Por qué vivir en un pueblo: sobran los motivos

La salud ambiental en los pueblos es mucho mejor que en las grandes ciudades, por lo que se evitan enfermedades. Además, uno es más dueño de su tiempo porque nadie se lo roba si la localidad donde vives cuenta con los servicios necesarios para el día a día.
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Si pasas en el pueblo al lado de un automóvil con motor diésel recién arrancado, el humo te molesta mucho más que cuando te sucede en una ciudad. La razón es muy sencilla. En la ciudad el aire en general está mucho más contaminado y llegas a acostumbrarte a respirarlo con el consiguiente perjuicio para tu salud. Y lo cierto es que no llegas a darte cuenta. En cambio, el aire de la ciudad se te hace insoportable si vienes del pueblo. ¡Bueno! el aire, las prisas, la agresividad al volante, las largas colas para cualquier cosa… El estrés, en resumen.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la contaminación ambiental y otros riesgos ambientales causan el 24% de las muertes relacionadas, por ejemplo, con cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, intoxicaciones y accidentes de tránsito. Esta cifra podría reducirse sustancialmente e incluso eliminarse mediante una acción preventiva audaz a nivel nacional, regional, local y sectorial.

La Salud Ambiental es un concepto relativamente moderno que está tomando una extraordinaria importancia y peso en nuestra sociedad actual. Y que abarca muchos más campos que el de la contaminación atmosférica, aunque quizás sea este el que más daños produce en las personas.

La OMS y otros organismos de las Naciones Unidas sobre salud y medio ambiente no dejan de presentar acciones y recomendaciones para abordar una amplia gama de factores de riesgo ambiental para la salud, como la contaminación atmosférica, los sistemas insalubres de abastecimiento de agua, saneamiento e higiene, el cambio climático y de los ecosistemas, los productos químicos, la radiación y los riesgos laborales, entre otros.

Un informe de la OMS asegura que “solo la contaminación atmosférica provoca en el mundo 7 millones de muertes al año”, mientras que se espera que el cambio climático contribuya cada vez más a una amplia gama de impactos en la salud, tanto directos como indirectos, a través de los efectos en la biodiversidad.

Para no convertir este artículo en un texto amplísimo y sesudo, tomemos solo como ejemplo lo relacionado a la ventaja de vivir en un pueblo frente a la gran ciudad en cuanto a la contaminación atmosférica y la tranquilidad. Y más si este está situado en la montaña, rodeado de bosques.

Mejor calidad de vida

La vida en el pueblo es más tranquila, se respira aire más puro y, por supuesto, existe un mayor contacto con la naturaleza. Esa paz que a veces no llegamos a valorar te permite llevar unos hábitos de vida más saludables. Desde luego no existe el estrés y las prisas de las grandes urbes. Aspectos fundamentales para las familias con niños.

Son precisamente los niños pequeños menores de cinco años los que al vivir en entornos saludables se crían más sanos y apenas tienen que acudir al médico. De esta manera, según UNICEF, estos entornos funcionan como una atención sanitaria preventiva y ayudan a reducir los costes médicos innecesarios para las familias.

También está mas que probado que la tranquilidad y la relajación que proporcionan los paseos por el campo a los adultos observando o no todos los secretos que poco a poco nos descubre la naturaleza, previenen las enfermedades cardiovasculares.

Por otra parte, la vida en los pueblos es más barata tanto en la vivienda como en transportes y alimentación, etcétera, debido a que todo está más próximo.

Otro aspecto importante, a poco que uno tenga capacidad de observación y cierta sensibilidad por lo natural, es que la vida en el pueblo te convierte sin querer en un “estudioso” del campo. A fuerza de caminar por el monte se aprecia perfectamente si nuestra biodiversidad se mantiene o se destruye por la acción del hombre o por los fenómenos naturales como consecuencia del cambio climático.

Me comenta hace unos días un joven cazador del pueblo de al lado que este año los bandos de perdices rojas habían mermado muchísimo con respecto al año pasado. Esta temporada no veía más de cuatro o cinco ejemplares juntos, mientras en 2020 le volaban entre 14 y 15. Lo raro es que quedara alguna ante la tremenda nevada provocada por Filomena. También me dice que este otoño siempre las ha visto en zonas de sabinares, mientras que el monte bajo se ha quedado huérfano de tan formidable ave. Pues claro, porque la perdiz es muy querenciosa con el terreno y las que se refugiaban en aliagas y otros pequeños arbustos sucumbieron al nevazo. En cambio, las tupidas y robustas sabinas resguardaron en parte a las patirrojas.

Le entiendo perfectamente porque en Aragoncillo ha pasado lo mismo con la admirada perdiz serrana. Así que le recomiendo al joven que este año no las cace y eso parece que va a hacer. Pero no solo ha sido la perdiz; liebres, conejos y numerosos pajarillos del bosque sucumbieron a los días polares que siguieron a la nevada al no poder alimentarse. En mis largos paseos por el bosque he visto y oído menos carboneros, reyezuelos, mirlos comunes, arrendajos, entre otros, que en otoño de 2020. Sin embargo, parece que el robusto buitre leonado ni se enteró por el aumento de su población, como así he observado.

De manera que no hace falta explicar la ventaja -yo diría el privilegio- de habitar en el pueblo al paraguas de la naturaleza, porque esta casi siempre te premia con sorpresas felices y tristes, pero también con sanas emociones que te dan la vida para seguir observando.

Todos no nos adaptamos

En ocasiones vivir en el pueblo, en lo rural, puede ser un inconveniente para ciertas personas al no ser del todo compatible con sus inquietudes o simplemente con el día a día. Depende mucho del tamaño del pueblo y de los servicios que éste ofrezca a los que se aventuran a vivir en una localidad. En general, las que son pequeñas carecen de servicios médicos y escuelas. Además, las únicas oportunidades para el ocio las brinda el campo y los paseos por lugares realmente bellos. Si a lo dicho añadimos que no existen comercios y que faltan infraestructuras como la conectividad a Internet.

Si, por ejemplo, en Aragoncillo hubiese niños en edad escolar tendría que venir un microbús para bajarles al colegio a Molina de Aragón que dista unos 18 kilómetros. Y si el médico de familia que también se encuentra en Molina te deriva al especialista, tienes que recorrer más 100 kilómetros hasta el hospital más cercano en Guadalajara

Sin embargo, algunos ven lo de la falta de conectividad como una ventaja, puesto que así los chavales están menos “enganchados” a las redes sociales y para divertirse tienen que salir de casa a jugar con los vecinos y amigos o bien se “enganchan” a la lectura. De lo que no cabe ninguna duda es que cualquier niño de pueblo conoce bastantes aves y mamíferos y algún secretillo al estar en contacto cada día con ellos. Evidentemente es mucho más montaraz y posiblemente más despierto. Sin olvidar que desde el punto de vista físico es bastante más fuerte que el de la gran urbe.

Ladrones del tiempo

Los habitantes de pueblos con los servicios esenciales para llevar bien el día a día tienen una gran ventaja frente a las localidades pequeñas que carecen de ellos. Los primeros encuentran casi todo lo que necesitan al alcance de la mano, sus desplazamientos son cortos y distribuyen su tiempo a su antojo sin que apenas nadie les robe ni un minuto. Tampoco tienen que soportar largas colas ni tienen que autopagar en los grandes supermercados -otro robo de tiempo- que nos impone el sistema para mayor burla al consumidor. Nada que ver con la atención directa y personalizada de las pequeñas tiendas de los pueblos que desgraciadamente tienden a desaparecer.

Sin embargo, si uno tiene que desplazarse al médico, por ejemplo, a Guadalajara o a Molina de Aragón el tiempo de ida, así como el de vuelta que dura el viaje me lo están robando. Y lo mismo sucede con esos niños que tienen que trasladarse al colegio. Al respecto, los responsables de las Comunidades Autónomas se han arrogado el derecho de robar el tiempo de las personas que viven en el ámbito rural sin los correspondientes servicios esenciales a los que tienen derecho. Y el tiempo es oro porque es lo más preciado que tenemos.

La salud y la enseñanza la tienen más cercana en las grandes ciudades. Eso si no se opta por un colegio privado que hasta llegar a él el alumno(a) se pasa dentro del autobús una hora. Pero tienen otros inconvenientes como los grandes atascos al entrar y salir de la ciudad en automóvil. Otro robo de tiempo con el que no se cuenta siempre, dependiendo de los días y de las condiciones atmosféricas.

Foto destacada: Ciudadanos toman el desayuno en un bar en Cantimpalos (Segovia). Autor: Joaquín Terán.

1 comment

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  2. Eduardo Moyano Estrada trada 19 noviembre, 2021 at 10:04 Responder

    Buena reflexión mostrando la diversidad de situaciones que podemos encontrar en los pueblos. Yo soy de un pueblo muy urbano (una agrociudad, como decimos por aquí), y la vida es muy distinta a la de los que viven en un pequeño pueblo de interior rural. Un abrazo.

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