Campos en Ciudad Real

PAC, ecoesquemas y asesoramiento agrario

Una de las grandes novedades de la PAC post 2020 son los “ecoesquemas”. Con ellos se incentiva a los agricultores a introducir cambios en sus explotaciones para hacerlas más sostenibles desde un punto de vista energético y medioambiental.
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Se pretende además con los “ecoesquemas” promover modelos más favorables a la protección de la biodiversidad y más eficientes en cuanto a la gestión de los recursos naturales y la conservación de los ecosistemas.

La financiación de los “ecoesquemas” se hará con recursos del primer pilar de la PAC y en un porcentaje que, si bien está aún por determinar (pendiente de lo que se acuerde en los trílogos), puede oscilar en torno al 20-30% de los fondos previstos para la “ayuda básica a la renta” (lo que equivaldría a unos 1.000 millones de euros anuales para el programa de ecoesquemas).

Los “ecoesquemas” son obligatorios para los Estados miembros, aunque voluntarios para los agricultores. Esto significa que cada gobierno está obligado a incluir en su Plan Estratégico una lista de acciones asociadas a los objetivos ambientales y climáticos, y a las que podrán acogerse los agricultores que lo deseen. Aquellos agricultores que decidan acogerse a un “ecoesquema” verán complementada la “ayuda básica a la renta” con otra ayuda cuya cuantía dependerá de las características del ecoesquema que adopten.

Al ser voluntarios los “ecoesquemas” es obvio que, si se quiere que un número creciente de agricultores se acoja a ellos, los incentivos económicos deberán ser lo suficientemente atractivos como para que les merezca la pena.

Necesidad de servicios de asesoramiento

Pero el éxito de los “ecoesquemas” no va a depender sólo de lo atractivo que resulte la cuantía de la ayuda asociada a ellos, sino de otros factores, que son los que quiero comentar en este artículo.

La experiencia de otras medidas voluntarias similares a los “ecoesquemas” en cuanto a su complejidad (como el programa agroambiental), nos dice que no basta con los incentivos económicos para que tengan éxito ese tipo de programas de carácter voluntario.

Se necesita, además, realizar una intensa labor de pedagogía y persuasión entre los agricultores para eliminar los obstáculos que dificultan la adopción de las nuevas prácticas. El miedo al cambio, el recelo hacia nuevas prácticas que alteran sus rutinas o la desconfianza respecto a los objetivos perseguidos, son factores de tipo psicológico que suelen actuar como resistencias a la adopción de innovaciones por parte de los agricultores.

Aún no se conoce la lista definitiva de “ecoesquemas” que el MAPA ofrecerá a los agricultores, ya que las Comunidades Autónomas aún tienen que proponer acciones asociadas a la especificidad de sus sistemas agrícolas y ganaderos.

En todo caso, se prevé que los “ecoesquemas” incluyan medidas tales como las siguientes: fomentar la ganadería extensiva; implantar y mantener coberturas vegetales; incorporar al suelo restos de poda en cultivos leñosos; promover las rotaciones con cultivos mejorantes; impulsar planes individuales de fertilización y uso sostenible de productos fitosanitarios (agricultura integrada); promover la implantación y conservación de márgenes, islas de vegetación y corredores multifuncionales; fomentar la agricultura ecológica; impulsar el laboreo mínimo (agricultura de conservación); fomentar los pastos mediterráneos y las dehesas; impulsar la participación de los agricultores en programas de valorización energética de los estiércoles de rumiantes y equino y de la biomasa de origen vegetal.

A la vista de esa relación, puede afirmarse que, para muchos agricultores, acogerse a los “ecoesquemas” les supondría cambios de una cierta complejidad. De ahí que sea necesario algún sistema de asesoramiento agrario para acompañarles en este proceso de adaptación al nuevo escenario de sostenibilidad y lucha contra el cambio climático.

Un nuevo extensionismo agrario

En las décadas de los años 1960 y 1970, el Servicio de Extensión Agraria (SEA) desempeñó una labor fundamental para facilitar la incorporación de los agricultores al tren de la modernización productiva que entonces se concretaba en la adopción del paquete de innovaciones asociadas a la Revolución Verde (semillas mejoradas, mecanización, insumos químicos, regadío…). Sin la labor de los agentes del SEA, muchos pequeños agricultores habrían quedado excluidos del proceso de modernización de nuestra agricultura.

Estamos en un momento de cambio de similar envergadura, y, al igual que entonces, se hace muy necesario disponer de buenos servicios de asesoramiento a los agricultores.

Es verdad que el contexto político-administrativo es diferente al de hace sesenta años, y que los antiguos servicios de extensión agraria se han disuelto o reconvertidos en otros servicios al transferirse a las Comunidades Autónomas. También es verdad que hoy los agricultores se informan y asesoran a través de muy diversos canales (empresas de suministro de insumos, gabinetes de ingeniería, cooperativas, organizaciones profesionales, redes sociales e internet…)

Por todo ello, no tiene sentido plantear una refundación de un servicio público como el SEA que, en aquellos años, canalizaba de forma exclusiva la información al sector agrario.

El asesoramiento que se precisa para esta nueva etapa hay que plantearlo teniendo en cuenta la realidad actual de la agricultura y la administración agraria española (descentralizada, diversa, plural y ampliamente informada).

También debe considerarse el escenario de la nueva PAC, además del marco fijado por el Pacto Verde Europeo y sus dos estrategias (Biodiversidad 2030 y “De la granja a la mesa”).

En lo que se refiere a la PAC, ofrece diversas vías para implementar este tipo de apoyo y asesoramiento a los agricultores. Una de ellas son los “servicios de asesoramiento agrícola” que se incluyen en el segundo pilar de la PAC y que contempla la posibilidad de ayudas por valor de hasta 200.000 euros para su constitución.

Además, los “grupos operativos” de la AEI (asociación europea para la innovación agraria) y que mantiene la nueva PAC, pueden ser también utilizados como plataformas para asesorar a los agricultores en la adopción de algunas de las acciones contempladas en los “ecoesquemas”.

Por su parte, el Pacto Verde, aún pendiente de desarrollar, es una buena oportunidad para impulsar estos servicios de asesoramiento sin los cuales difícilmente los agricultores podrán responder con eficiencia a los grandes retos que propone en sus dos estrategias antes citadas.

En definitiva, sin unos eficientes servicios de asesoramiento, bien anclados en el terreno, bien articulados entre el sector público y el sector privado, y bien conectados con los agricultores, será difícil dar el salto cualitativo que la nueva PAC pretende con los “ecoesquemas”.

3 comments

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    Donino 15 noviembre, 2020 at 18:50 Responder

    Que dejen de marear tanto la perdiz que estamos hasta las narizes de tanto cuento solo para quitarnos lo que nos pertenece y darselo a los que no pegan golpe.

  3. Avatar
    Rafael Trujillo Navas 29 noviembre, 2020 at 13:02 Responder

    A ver si con la implantación de los ecoesquemas mejoramos la producción, competitividad, rentabilidad,y, lo más importante, bajamos la cifra de desempleo agrario.
    Saludos

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