Cielos en Aranjuez (Madrid)

Observadores del tiempo | Microrrelato

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A la memoria de mi abuelo

Gerardo recordaba a su abuelo Eladio levantarse muy temprano para medir la lluvia caída el día anterior. También medía la temperatura, la presión, la humedad y la fuerza y dirección del viento. Todo ello de forma artesanal en unos aparatos que tenía instalados en una esquina del ancho jardín de la casa. Un termómetro, la veleta, un barómetro, el ancho cubilete metálico para recoger el agua que luego vertía con parsimonia en una larga probeta marcada con rayas de medición, eran sus utensilios. Luego, entraba en su despacho y anotaba la información en unos grandes libros que tenía en la mesa, comunicándola al instante por teléfono al Servicio Nacional de Meteorología. Durante la mañana, venía la gente a preguntar por el agua caída. Eran, por lo general, agricultores el pueblo ansiosos por conocer esos datos y de paso preguntar a don Eladio sobre su previsión del tiempo. El parte meteorológico del abuelo se colocaba siempre en la puerta del ayuntamiento o en la entrada del casino, y Gerardo se lo mostraba orgulloso a sus amigos. El abuelo le había enseñado el método de las cabañuelas para predecir las lluvias, pero siempre le insistía en que sólo era útil para realizar predicciones muy localizadas. Era una época previa a los satélites espaciales y a los modelos de predicción del tiempo que tan sofisticados se volvieron con los años. Miles de observaciones como las que hacía el abuelo Eladio, y que luego continuara su padre, permitieron darle a la gente un poco de certidumbre sobre algo tan aleatorio como el tiempo meteorológico. Eran los observadores del tiempo, a los que siempre recuerda Gerardo cuando ve alguno de los programas actuales de televisión. Piensa que quizá le venga de esas vivencias infantiles su pasión por lo que ocurre en los cielos, su interés por los movimientos del sol, las estrellas y los planetas. El día que murió el abuelo Eladio llovía de modo torrencial. Parecía que Tlaloc, el dios azteca de la lluvia, le llamaba a la gran pirámide para que continuara prediciendo el transcurso del tiempo.

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