Una batida de caza, en febrero de 2022, en Guadalajara. Foto: Diego Juste.

Los vaivenes políticos tienen en vilo a los cazadores

Los puntos de vista distintos sobre la caza dentro del Gobierno están dañando esta actividad y confundiendo a los cazadores.
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A pesar de que las competencias sobre la actividad cinegética las tiene el Ministerio de Agricultura, mucho más cerca del mundo rural que el de Transición Ecológica, este último viene tomando decisiones controvertidas oyendo los argumentos de agricultores, ganaderos, cazadores y algunos expertos medioambientales, pero no escuchándolos.

Más bien pone la oreja en asociaciones animalistas, Podemos, y los ecologistas más radicales. La todopoderosa Teresa Ribera, que a poco de llegar al cargo se declaró en contra de la caza sin argumentar por qué, ha conseguido la inclusión del lobo ibérico dentro del listado de especies silvestres en régimen de protección especial. Dicho de otra manera: queda prohibido en todo el territorio español abatir al lobo a pesar de que haya algún ejemplar “picado” con cierta ganadería en determinado lugar, matando ovejas, cabras, becerros y potros.

Antes, al menos al norte del río Duero, se podía cazar limitando el número de ejemplares por temporada. En algunas zonas de mayor densidad de población los pueblos afectados realizaban subastas y se eliminaban un número pequeño de ejemplares que redundaba en beneficio económico para estas zonas tan deprimidas sin que por ello se alterara el ecosistema.

De poco han servido las protestas de los directamente perjudicados ni de los políticos de Galicia, Cantabria, Asturias y Castilla y León, que es donde más abunda este precioso y extraordinario depredador. Y donde más ataques al ganado se producen.

Otro de los “éxitos” de este ministerio es la prohibición de la caza sostenible de la tórtola común europea, argumentando un declive mucho mayor que el real. Consiguiendo que esta pieza de la media veda no reciba ningún disparo. Veremos el éxito de esta prohibición.

La codorniz y la perdiz, también

Pero las intenciones de la ministra Ribera, asesorada , sobre todo por la Sociedad Española de Ornitología (SEO), son las de prohibir también la caza de la codorniz y la de nuestra extraordinaria perdiz roja.

Resumiendo: los datos ofrecidos por la SEO sobre el número de ejemplares con el fin de prohibir su caza son mucho menores que los que considera José Domingo Rodríguez Teijeiro, catedrático de zoología de la Universidad de Barcelona y mayor experto español sobre esta especie, pues la lleva estudiando nada más y nada menos que 40 años. Lo curioso es que desde esta misma organización pajarera consideran a Rodríguez Teijeiro como el mejor conocedor de esta emigrante en España. Para este profesor la caza de la codorniz en la media veda no afecta a la disminución de la población, consiguiendo remontar su impacto.

Y si el ministerio de Ribera ha parado de momento la prohibición de la caza de la codorniz ha sido por un informe de la Fundación Artemisan, defensora de la actividad cinegética, enviado por Agricultura a Transición Ecológica.

No cesan en poner zancadillas, porque con la perdiz andan erre que erre, menos mal que también se están desmontando sus argumentos con estudios rigurosos sobre la salud de la población perdicera. No hace falta ningún estudio para confirmar que su población se ha mermado en los últimos años. Los cazadores han sido los primeros en dar la alarma, pero eso dista bastante de considerarla una especie vulnerable.

El realismo de agricultura

Por fortuna, Luis Planas, el templado ministro de Agricultura, parece pisar tierra firme y resulta ser mucho más realista con la caza. Y como he comentado al principio, bastante más cercano al mundo rural y a sus problemas.

Según la Estrategia Nacional de Gestión Cinegética, los cazadores ahorran dinero público al ser artífices del control de numerosas especies que producen enormes daños a la agricultura. Al respecto recuerdo el enfado de algunas asociaciones ecologistas porque no se les había invitado a participar en la mesa de trabajo de la Gestión Cinegética. ¿Para qué? Si en la mayoría de las ocasiones en lugar de acercar posturas no dejan de poner trabas y además se creen ungidos por la razón.

La caza es vista como lo que es en numerosas pequeñas poblaciones: una actividad de ocio a la que se deberían apuntar los jóvenes, hombres y mujeres, debido a la avanzada edad media actual de los cazadores sin que se vislumbre un relevo generacional. Para muchos aficionados afincados en los pueblos la apertura de la temporada de caza se convierte en un acontecimiento para dar rienda suelta a su pasión ¿Qué otro ocio tiene? Pues ninguno, a no ser que se desplace más de 130 kilómetros si quiere ver alguna película en el cine.

Resulta curioso y además valiente que sea Agricultura el que mantenga que los cazadores son importantes en cuanto la conservación ambiental y de fijación de la población en los pueblos. Se ha escrito tanto en contra de los cazadores sobre su papel en la conservación de cientos de especies que hasta parece extraño que se reconozca esta labor.

Sobre el ahorro del dinero del bolsillo de todos los españoles a Ribera no parece importarle tras su fracaso de gestionar las poblaciones de algunos animales en los Parques Nacionales, prohibiendo su caza. Este intento ha sido desastroso, pues se han publicado imágenes de animales dentro de jaulas y de cercones en los citados parques sufriendo infinitamente más que si fueran abatidos por cazadores sin que, además, por ello hubiera que pagar un euro. Y mira que el mundo de la caza ya avisó de este problema y del error de prohibir la caza en los Parques de una manera selectiva abatiendo el número de ejemplares adecuado para no alterar el ecosistema.

Otros aspectos no menos importantes tratados por Agricultura son el fomento de la caza salvaje en detrimento de las especies procedentes de granjas y la de potenciar y proteger nuestras razas autóctonas de perros.

A fecha de hoy no puedo opinar si la futura Ley de Protección Animal, pergeñada por los políticos de Podemos, tiene algún apartado sobre protección canina autóctona. Lo que sí puede ser otro palo para los cazadores y pastores es el tratamiento que se pretende dar a sus canes. A mi parecer es conveniente regular a toda la cabaña de perros, sean caseros, de ciudad, de exhibición, rehalas, pastores y cazadores, pero no todos son lo mismo y convendría darle una vuelta al texto. En otro artículo trataremos en detalle este tema.

Me pregunto si dentro de Bienestar Animal también se van a incluir a esos magníficos perros de diferentes razas que utilizan la Guardia Civil, Policía, ejército y bomberos que son especialistas en rescatar personas, buscar drogas o billetes falsos y seguir los rastros de asesinos y delincuentes.

A la umbría

Exhibición de la muerte en la caza

Nunca he entendido a esos cazadores y organizadores de enormes cacerías cuando publican la foto de una “alfombra”—así lo llaman ellos— de cientos de reses muertas bien colocados para la fotografía con el fin de divulgar tal hazaña. Qué merito tiene abatir unos cuantos ciervos o jabalíes estando colocado en un puesto donde los perros de las rehalas y sus dueños trabajan sin cesar para “meterles las reses”.

Creo que deberían entender que estas escenas pueden herir la sensibilidad de muchas personas que no son partidarios de que se mate ningún animal. Y menos en grandes cantidades como sucede todos los años en alguna montería. Desde luego, hacen un flaco favor a la caza.

Este artículo forma parte de un especial sobre caza de Jenaro Iritia. Lee aquí los otros artículos de esta serie:

La Ley de Bienestar Animal maltrata a los perros de trabajo
Los motivos por los que muchos cazadores están dejando de hacerlo

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