Protesta rural del 23 de enero de 2022 en Madrid. Autor: Joaquín Terán.

Los riesgos de la sobreactuación

Las protestas agrarias y rurales afrontan el riesgo de la irrelevancia ante la indefinición de sus reivindicaciones.
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La visibilidad es necesaria para llamar la atención sobre un determinado tema, pero si se expone demasiado puede llevarlo a la irrelevancia. Esto es lo que, en mi opinión, está ocurriendo con los temas agrarios y rurales.

Tras estar excluidos durante mucho tiempo de la agenda social y mediática, los problemas de la agricultura y el mundo rural comenzaron a hacerse visibles hace unos tres años. Gracias a las protestas de 2019 (“agricultores al límite”, “por unos precios justos”) y a la gran manifestación de la España rural celebrada en Madrid el 31 de marzo de ese mismo año, fueron ocupando el centro de la agenda política.

En los momentos más graves de la pandemia COVID-19, el interés por los temas agrarios y rurales alcanzaron su punto álgido. Se logró que la sociedad reconociera el carácter esencial de la actividad agrícola y ganadera en el abastecimiento de alimentos, reactivándose el aprecio de lo rural por el conjunto de la población urbana.

El coste de la sobreactuación

Sin embargo, ahora estamos ante lo que puede ser calificado de sobreactuación por parte de los protagonistas de aquellas acciones de protesta. Una semana sí y otra también los temas agrarios y rurales aparecen en los medios de comunicación, siendo objeto de movilizaciones convocadas por grupos diversos (algunos de ellos arrogándose la representatividad de los territorios rurales y del sector agrario con la única base de apoyo de una simple página web).

Sin embargo, la realidad nos dice que todo esto corre el riesgo  de producir un cierto hartazgo en la opinión pública, que, además, ve en esa permanente movilización agraria y rural la estrategia interesada de grupos políticos de diverso signo.

Primero fue el anuncio de la presentación de candidaturas de la España vacía (o vaciada) a las próximas elecciones de Castilla y León, que no ha tenido el eco esperado por sus convocantes al haber logrado presentarse sólo en cuatro de las nueve provincias castellanas y leonesas. Su propósito es emular a la plataforma “Teruel Existe”, aspirando a hacer valer sus escaños, si los consiguieran, y negociar con los gobiernos de turno en favor de sus propios territorios y al margen de los partidos políticos mayoritarios. Es el caso de Soria Ya, León Ruge, Coordinadora Rural Zamora, Palencia Existe… Parece que la intención de los promotores de las movilizaciones de la España rural es continuarlas hasta conseguir plataformas similares en las próximas elecciones (autonómicas e incluso nacionales). Y para eso necesitan movilizarse de forma permanente.

Luego, ha sido la manifestación del pasado domingo 23 de enero en Madrid, convocada por la plataforma “Alma Rural”. Era una manifestación cuyos convocantes esperaban que fuera la “madre de todas las manifestaciones”, pero que al final ha tenido una respuesta muy limitada, reuniendo a varios miles de personas La presencia tan diversa en ella de grupos de diferente índole (agricultores de diversos tipos y condiciones sociales, técnicos de desarrollo rural, cazadores, productores de ganado selecto, criadores de toros de lidia, propietarios forestales…) ha hecho que acabara siendo una movilización difusa y sin una clara seña de identidad, tras la bandera de la unidad y con la defensa genérica del mundo rural como lema.

Quien estuviera observando ese domingo la manifestación de Madrid no sabría muy bien qué mundo rural estaban realmente defendiendo los participantes: si el de la pequeña agricultura familiar o el de la gran empresa agrícola y ganadera; si el de los residentes en los pequeños municipios del interior rural o el de los habitantes de las ciudades que perciben el medio rural como un espacio recreativo y de ocio. Lo que se veía era un totum revolutum de reivindicaciones de difícil gestión, salpicado, además, con las caras de señalados líderes políticos del centro y la derecha.

Ahora estamos inmersos en otra manifestación en defensa del mundo rural, convocada para el 20 de marzo (20-M), en este caso por una “Alianza Rural” surgida de la unión (coyuntural) de diversas asociaciones agrarias y rurales. Y a este paso, seguro que habrá otras manifestaciones más en los próximos meses. Sólo se precisa que haya un grupo con capacidad de movilización suficiente para convocarlas, y eso en estos tiempos de redes sociales es fácil de conseguir.

Manifestantes en el Paseo del Prado de Madrid, el 23 de enero de 2022. Autor: Joaquín Terán

Dudo, sin embargo, que la opinión pública vaya a continuar prestando la misma atención que hasta ahora a tanta sobreactuación. Puede que se esté produciendo ya un cierto hartazgo, hasta el punto que pronto no habrá medio de comunicación que le dé cobertura a las siempre legítimas movilizaciones de los agricultores y la población rural en defensa de sus intereses. Toda sobreactuación corre el riesgo de que los temas acaben siendo banalizados, perdiendo relevancia por un excesivo afán de notoriedad.

Las OPAs y el efecto “arrastre”

Y eso está sucediendo con los temas agrarios y rurales. Además, en el caso del sector agrario, se arriesga a perder su identidad como sector productivo mezclando sus demandas (tangibles y concretas) con las demandas (difusas) de un mundo rural muy heterogéneo en cuanto a intereses, actitudes y formas diversas de entender la relación con la naturaleza. El “alma rural” a la que apelan los convocantes de las últimas movilizaciones rurales es una ficción, y por ello no es real. Como irreal es la pretendida “alianza rural” entre grupos de culturas tan diferentes y de tan distintos intereses económicos.

Por eso, las organizaciones profesionales agrarias (OPAs), en tanto representantes de los intereses concretos y tangibles de los productores (agricultores y ganaderos), harían mal en dejarse arrastrar por esas apelaciones a sentimientos de nostalgia por un mundo rural que ha dejado de existir en la forma como lo presentan los convocantes de las últimas movilizaciones (“El mundo rural se muere», decía la pancarta que abría la manifestación del 23-E).

El mundo rural existe, sin duda, pero no es un mundo uniforme y cerrado en torno a valores esenciales e intocables como los que preconiza la plataforma “Alma Rural», sino plural y diverso, abierto al resto de la sociedad y dispuesto a responder con acciones innovadoras a los nuevos retos que tiene por delante.

En ese contexto, la misión de las OPAs debe ser poner en valor la importancia de la agricultura y la ganadería en el nuevo desarrollo del mundo rural, aprovechando las oportunidades que surgen en el horizonte social, económico y político, y que no son pocas.

Por ejemplo, las OPAs tienen la oportunidad de implicarse en una correcta aplicación del Plan Estratégico Nacional de la PAC, en el que, por cierto, han desempeñado un papel fundamental. También tienen la posibilidad de impulsar el desarrollo de la recién aprobada Ley de la Cadena Alimentaria y de movilizar al sector agrario para una mejor vertebración del mismo. Asimismo, tienen el reto de impulsar los grandes desafíos de la digitalización, el relevo generacional y la transición energética…

En definitiva, tienen ante sí el compromiso de trasladar al conjunto de la sociedad un mensaje en positivo del papel que juega la agricultura en la producción de alimentos, la protección del medio ambiente y la cohesión de los territorios rurales.

Es ahí donde las OPAs deben concentrar sus esfuerzos organizativos en vez de dispersarse en movilizaciones rurales de objetivos difusos, que sólo contribuyen a diluir sus señas de identidad como representantes de la producción agraria.

Demasiado esfuerzo les ha costado a las OPAs definir unas señas claras de identidad como representantes del sector agrario y como actores clave de la concertación con el MAPA, como para dilapidarlo ahora dejándose arrastrar por este tipo de movilizaciones, que no controlan y que despierta no pocos recelos en buena parte de sus afiliados. La innegable respetabilidad que las OPAs han ganado en las instancias de negociación (europea, nacional y regional) pueden perderla en la calle al albur de esta frenética ola de movilizaciones.

Foto destacada: Manifestación organizada por ‘Alma Rural’ en Madrid, el 23 de enero de 2022. Autor: Joaquín Terán

2 comments

  1.  

  2. Amalia Almagro 31 enero, 2022 at 15:26 Responder

    Yo veo que es necesario dar una solución a la economía ganadera y agrícola para evitar el abandonó del mundo rural y así evitar la decadencia total de éste. En este sentido yo gesto de protesta dentro de cauces legales me parece bueno.

  3. Rafael 6 febrero, 2022 at 19:57 Responder

    Pienso que son síntomas de un cuadro que refleja un malestar general de la política agraria y ganadera, propiciado por el desequilibrio actual de costes de producción/beneficios.

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