Autillo europeo (Otus scops) - Foto: Imran Shah. CC BY-SA 2.0.

La turista, el sapo y el autillo

No es cuento protagonizado por estos personajes, pero casi.
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Cuando regentaba la casa rural en el pueblo, tenía por costumbre diseñar una ruta a la medida de los turistas que me lo pedían. Lo hacía con mucho cariño porque eran muy agradecidos y también porque los gustos de muchos urbanitas varían bastante: desde los que les encantan las caminatas a los que les gusta contemplar el paisaje sin andar apenas, o bien los que prefieren recorrer los pueblos y sus monumentos.

En un fin de semana cualquiera de primavera, con sus días tan largos, se presentaron en el alojamiento tres chicas muy simpáticas y divertidas. Así que después del desayuno me puse a explicarles el recorrido de todo el día -poca carretera y mucho andar por impresionantes bosques del Alto tajo-

A una de ellas la noté con mucha menos energía que la tarde de su llegada y con ojos de haber dormido poco y mal. Tan agradables y cercanas eran las jóvenes que me atreví a preguntarle si le pasaba algo. “Gracias por decírmelo, contesta la perjudicada, porque se me olvidaba que al frigorífico del apartamento se le sale el agua, pero el caso es que me he levantado varias veces esta noche y no he visto nada en el suelo”. Y continuó: “algunas veces oía un sonido algo así como un “tuiic” y otras veces escuchaba un sonido parecido pero más fuerte. Me he concentrado en esos ruidos del frigorífico y no he podido dormir”.

“Tranquila hija”, le contesté. “Lo que oías no eran ni más ni menos que un sapo y un autillo”. La chica se quedó un poco sorprendida y hasta desconcertada. El sapo o los sapos los tenía localizados en un arroyo fresco en donde tenían su guarida para el día, pues salen por la noche a cazar y a buscar hembras y se caracterizan entre otros muchos aspectos por emitir un sonido metálico que algunos inexpertos confunden con el autillo.

Este último es la rapaz nocturna más pequeña de las que habitan en España y en Europa. Y lo cierto es que su reclamo es más profundo que el del sapo e inconfundible. A mi me relaja mucho las noches de primavera y verano pues es muy activa a la hora de moverse por sus posaderos habituales, por lo que da la impresión de que hay muchos más. Escuchar al autillo es como declarar que por las afueras del pueblo todo funciona con normalidad.

El autillo anidaba en el hueco de unos bloques de hormigón que dejaron abandonados unos albañiles cerca de la casa rural, situada a las afueras del casco urbano. Y si alguien quiere ver de cerca a nuestra avecilla nocturna que no intente seguirla, porque nunca se enterará de cuándo va o viene al posadero. Lo mejor es localizar uno de sus lugares favoritos, quedarse quieto como una estatua, esconderse y no hacer el menor ruido. Como es sabido, las aves nocturnas destacan por tener unas plumas que al rozarse no emiten ningún ruido; por su finísimo oído y por su vista prodigiosa.

Esa misma tarde a última hora llegaron las chicas y les enseñé en unas guías de campo a sus vecinos “molestos”. A la mañana siguiente, nuestra protagonista confesó que había dormido a pierna suelta… Por el cansancio de la caminata, supongo.

Foto destacada: Autillo europeo (Otus scops) – Foto: Imran Shah. CC BY-SA 2.0.

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