Codorniz. Autor: Ján Svetlík. Creative commons

La codorniz ya no viene por Castilla

Algunos entendidos dicen que la escasez actual de codorniz por zonas altas de las dos Castillas se debe a que frenan su emigración a estas zonas por los regadíos del sur de España y Marruecos. Es necesario realizar estudios más completos sobre el comportamiento de esta ave.
1
675


Desde hace 20 años, la codorniz ha venido subiendo cada vez menos por las dos Castillas. Antaño, una vez que se desvedaba su caza, que era siempre el 15 de agosto en Castilla-La Mancha, pocos cazadores llegaban el primer día a casa sin sus 15 ó 20 piezas colgadas en el morral. Y así se repetía año tras año. Ahora, sin embargo, el que se cuelga una percha de tres o cuatro ejemplares se considera un afortunado.

Y si he empezado por los cazadores es porque son los mejores testigos de la escasa presencia de esta avecilla por rastrojos, acequias y regatos en estas tierras frescas, consideradas antes como un paraíso para esta ave que emigra todos los años de sur a norte y de norte a sur.

Tengo un amigo en Soria que desde el día 15 que se abrió la veda en esta provincia solo ha cazado 6 codornices y ya ha salido cuatro jornadas. Y eso que cuenta como aliada con una preciosa pointer de cinco años que caza de maravilla. Cuenta que en los arroyos grandes y profundos con mucho pastizal y alguna zarza salían más corzos que codornices.

Otro chaval conocido de Guadalajara, que era el primer año que se echaba a las siembras con la escopeta al hombro, estaba desolado esta mañana del 22 de agosto, fecha de desveda en la provincia, porque había criado a su perro pachón navarro con toda la ilusión y solo había visto dos codornices, que, además, al ser novato falló los disparos. No obstante, me ha dicho que lo que más le preocupaba es que su cachorrón de nueve meses solo había hecho una muestra, una parada, y que así es difícil que aprenda algún día.

De manera que el panorama que se le presenta al cazador de menor es bastante sombrío por estas sierras porque también los conejos, perdices y liebres escasean cada vez más. Y es que los animales están cambiando sus costumbres y también se ven más perjudicados por las enfermedades y los predadores.

Y si no incluyo en este grupo a los cazadores es porque ahora hay muchos menos que antes y su presión a la caza de estas especies es mucho menor. En algunos pueblos casi simbólica, porque lo que se lleva ahora es la caza mayor: ciervos, corzos, jabalíes… Además, el cazador está a expensas de la orden que decreta ese burócrata de despacho que más le valiera patear los campos antes de poner fechas de veda y desveda y no se acostumbre a dar los permisos al coto que le vienen en gana sin hacer caso a los planes técnicos de caza que se presentan y a los requerimientos de los agricultores por daños en las cosechas.

¿Por qué no hay codornices?

Dicen los entendidos que si ahora apenas se ve esta rechoncha avecilla por estos lugares es porque en Marruecos, Andalucía y Extremadura han aumentado los regadíos y prefiere quedarse en estos lugares más cómodos para ella que tener que emigrar hacia el norte. No sé. Pero puedo asegurar que antes de segar los trigos en los sembrados del pueblo se oían cantar al amanecer, atardecer y por la noche. Lo que hacía presagiar un buen año.

Quizás la sequía extrema de este verano; el hecho de que las cosechadoras muelan la paja y no dejen las clásicas hileras donde protegerse y un par de días de frío que acaban de llegar hayan sido determinantes para que hayan emigrado. El caso es que todos los últimos años pasa lo mismo: cuando llega la apertura de su caza se ven cuatro.

Hace aproximadamente una semana, ya me sorprendió que me saliera de los pies una codorniz entre la hierba alta de un arroyo sin agua y diera un vuelo de no más de 10 metros. Me quedé parado porque me imaginé que tan corto vuelo era para que la siguiera y me alejase de sus crías. Pues bien, casi llego a pisar 6 ó 7 pollitos amarillos recién salidos del huevo y más listos que el hambre. Ya no me acordaba de cómo eran, pero tenían unos ojos de espabilados que daba gusto. No es normal que a estas alturas todavía haya codornices tan tardías criando, aunque sean incluso de una segunda puesta.

Creo que haría falta estudiar con más profundidad los hábitos de la codorniz para saber por qué ya no sube como antes por Castilla. Pero no vayamos a lo fácil que es echar solo la culpa a los cazadores, como se escucha de vez en cuando en algunos informativos de radio y de televisión.

Supongo que la concentración parcelaria con la que se eliminaron muchos lindazos y ribazos, y quizás el uso de herbicidas no autorizados por parte de algunos desaprensivos habrá tenido algo que ver en su escasez por estos parajes. Y, por supuesto, el cambio climático.

El cazador de codorniz

Para las personas anticaza dialogantes -libero con mucho gusto de esta lectura a los radicales al igual que a esos cazadores que tienen la “piel muy fina” y no aguantan ni una crítica- conviene hacer un retrato lo más fiel posible del cazador de codornices y quizás también del de menor en general que patea el campo horas y horas andando en busca de las piezas. Y que muchas jornadas llega a casa con el morral vacío.

Se trata en general del habitante o persona que ha nacido en un pueblo y que no ha pisado moqueta de pequeño. Más bien es un destripaterrones -no tomemos este calificativo como peyorativo- que espera con ilusión que se desvede la caza en agosto. Es decir, la media veda, para recorrer con sus perros los rastrojos y arroyos en busca de la codorniz. Al que no le importa empaparse los pies con el rocío de la mañana ni aguantar un sol de justicia más tarde porque es lo que le gusta.

En algunos casos, a los más jóvenes les cuesta pagar el coto, la licencia de caza, el seguro del cazador, la licencia de armas, el examen psicotécnico para la obtención del permiso de armas y, por supuesto, la escopeta si no han heredado ninguna de algún familiar. Todos estos son los requisitos necesarios para echarte la escopeta al hombro. Y no son nada baratos.

Este cazador suele ser paciente y disfruta sobre todo viendo trabajar al perro y que no le gusta presumir del número de piezas abatidas. Aunque también los hay algunos que cuelgan las codornices en las agarraderas de encima de las puertas de los coches para presumir no sé de que, pero suelen ser los menos y también los más horteras. Hay de todo. También se preocupa de su can y por si acaso no hay agua en el campo lleva una botella para refrescar a su aliado de fatigas.

Además, en general no viste con ropa de camuflaje, de esa que parece que vas a la guerra. Prefiere vestimenta más discreta de colores verdes y marrones uniformes para mimetizar con el paisaje. Le gusta cazar solo o a lo sumo con uno o dos compañeros o familiares. Apenas vocea por los rastrojos, aunque sí se cabrea cuando le sale una codorniz de los morros, se precipita en el disparo y se le va a criar.

Ni que decir tiene que jamás abandonará a su perro y si se le pierde no dejará de buscarlo. Aunque yo siempre he pensado que al que se le pierde un perro que no sea de rastro, como son los perros especialistas en cazar la pluma, es porque no ha sabido adiestrarlo o porque conoce poco la raza.

Por cierto, en la media veda también se incluye como pieza de caza la paloma torcaz. Pues jamás he visto en el pueblo tantos bandos y tan nutridos de esta especie como este verano. Es la misma paloma que en la ciudad la ves comer sin inmutarse a un metro de uno y que por estos pagos sale volando endemoniada lejos del alcance de los tiros de escopeta.

Foto destacada: Codorniz. Autor: Ján Svetlík. Creative commons

1 comment

  1.  

Deja aquí tu comentario