Fachada del Ministerio de Agricultura

La agricultura reclama su espacio en la agenda política

Temas como el relevo generacional, el acceso a la tierra o el cambio climático deben entrar en la agenda política nacional.
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Finalizado el largo ciclo electoral, se abre ahora un periodo de negociación entre los partidos políticos para constituir los gobiernos locales en todos los municipios españoles, y los regionales en trece Comunidades Autónomas. Además, Pedro Sánchez tendrá que constituir un nuevo gobierno, que materialice su victoria del 28-A en las elecciones legislativas.

En ese proceso de negociación a varias bandas, es seguro que temas como sanidad, educación, igualdad, empleo, cambio climático… estarán presentes en los programas de gobierno, dada la importancia que por sí mismos tienen.

Es muy probable que incluso el tema del reto demográfico (y su corolario, la despoblación) sea situado también en el centro de la mesa negociadora, dada la relevancia que ha venido adquiriendo y el eco mediático que ha recibido.

Sin embargo, otros temas, como los relativos a la agricultura, corren el riesgo de no ser colocados en la agenda política si no se hace el esfuerzo de darles la importancia que merecen.

La política agraria, más allá de la PAC

Es una realidad que, durante décadas, los temas agrarios han sido tratados como asuntos de la PAC, una política que se percibe como “impuesta” por Bruselas. No se tiene en cuenta que de su contenido son también responsables los representantes de los Estados miembros (EE.MM.) en las instituciones comunitarias.

Sobre estos temas, las autoridades españolas se han esforzado en influir en las instituciones de la UE (sobre todo en el Consejo) para obtener el mejor “sobre nacional” posible. Junto a los gobiernos regionales se han ocupado también de gestionar la aplicación de las ayudas europeas de la PAC en los respectivos territorios.

En ese contexto, era habitual decir que la PAC dejaba poco margen para “hacer política” nacional o regional, ya que todo venía “cerrado” de Bruselas.

Pero, en el nuevo periodo de programación 2021-2027 las cosas cambian. El amplio margen de maniobra que deja la Comisión Europea a los Estados miembros (EE.MM.) de la UE para elaborar sus “planes estratégicos nacionales”, sitúa los temas agrarios en el centro de la agenda política nacional y regional.

Ahora, en el nuevo escenario, se puede, y se debe, “hacer política agraria” tanto a nivel nacional, como regional, ya que la PAC viene “abierta” desde Bruselas; sus dos pilares se nos ofrecen como un menú a la carta.

Ya no les es posible a nuestros poderes públicos limitarse, como antes, a gestionar la aplicación de las ayudas de la PAC, ya que éstas vienen asociadas a los “planes estratégicos” de cada EE.MM. En el nuevo periodo de programación, los gobiernos (nacionales y regionales) tienen que establecer sus preferencias en materia de agricultura y desarrollo rural. Tienen que decidir qué sectores y líneas de actuación deben ser objeto de apoyo prioritario y ser incluidos en el correspondiente “plan estratégico”.

En definitiva, el gobierno nacional y los gobiernos regionales tienen que hacer “política agraria”. Y eso significa realizar previamente un diagnóstico de las debilidades y fortalezas del sector para, en función del mismo y de forma coordinada, fijar las preferencias que han de trasladarse al “plan estratégico nacional”.

Incluir lo agrario en las negociaciones de gobierno

Por esa razón considero que es necesario incluir los temas agrarios (en su componente productiva y territorial) en las negociaciones para la elaboración de los futuros programas de gobierno, tanto nacionales como regionales.

Temas como la renovación generacional, la instalación de jóvenes, la formación profesional agraria, el acceso a la tierra, la igualdad de género, el cambio climático o la transición energética (especialmente, en el regadío); la eficiencia en el uso de insumos (fertilizantes, pesticidas y herbicidas), la digitalización, la agricultura de precisión o la vertebración de la cadena alimentaria; los cambios en los hábitos alimentarios, el bienestar animal o la promoción de modelos agrícolas más sostenibles y mejor integrados en el territorio (circuitos cortos, agricultura ecológica,…). Estos son sólo algunos de los asuntos de interés general que no pueden ser tratados sólo desde una perspectiva sectorial.

Lo agrario requiere visión de Estado

Son temas que exigen una visión de Estado para afrontarlos y que por eso mismo han de formar parte de la agenda política general. Por eso, deben ser parte significativa en el programa de los futuros gobiernos que han de constituirse en las próximas semanas.

En definitiva, es la hora de la “política” (nacional y regional) en asuntos de agricultura y desarrollo rural. Es el momento de abordar la renovación del “pacto social” que ha estado vigente durante los 30 años de aplicación de la PAC en España. Ello exige introducir nuevos elementos para que nuestra agricultura responda mejor a las demandas de la sociedad actual. Que nuestros políticos estén a la altura de tal responsabilidad.

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